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César Fonseca

Reportero político y económico, editor del sitio web Independência Sul Americana

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El desastre ambiental socava el modelo neoliberal de déficit cero.

¿Lula tendría la obligación de suprimir la irracionalidad de una apuesta audaz como el déficit cero?

Fernando Haddad y Luiz Inácio Lula da Silva (Foto: Reuters | ABr)

Las imágenes impactantes del desastre ambiental en Rio Grande do Sul, producto de El Niño, que ya causó 21 muertos –y probablemente habrá más, como siempre ocurre en estas ocasiones–, son una repetición de las persistentes advertencias de que el Estado nacional se verá obligado a aumentar el gasto público, cuyas consecuencias son una ampliación de los desequilibrios presupuestarios, rompiendo necesariamente las barreras del déficit cero neoliberal.

Semejante actuación financiera de emergencia, dado que la cuestión ambiental emerge de repente durante semanas y meses como la nueva normalidad de los últimos tiempos, gracias a los incontrolables desequilibrios naturales en respuesta a la agresión acumulada de un capitalismo bárbaro e inhumano, obliga al tesoro nacional a permanecer permanentemente en stand by para cubrir pérdidas inoportunas.

Lo que ocurre hoy en el sur del país requerirá miles y miles de millones de reales para la tarea de reconstrucción, lo que se reflejará en el desequilibrio de las finanzas que enfrenta el gobierno neoliberal cuya prioridad es el recorte del gasto para evitar presiones inflacionarias, etc.

Si en las mentes de los economistas neoliberales dentro de la burocracia federal prevaleciera un espíritu flexible de aceleración del aumento del gasto en respuesta a los desastres de la reconstrucción, ocurriría lo contrario.

Siempre existiría la expectativa de que tales gastos se triplicarían en forma de crecimiento económico, como en el caso de la recuperación de los daños de la guerra.

En otras palabras, habría un entendimiento claro y lógico de que la expansión del déficit público es una consecuencia natural de que la administración pública enfrente sus desafíos, especialmente aquellos relacionados con el clima.

Ortodoxia monetarista 

Sin embargo, cuando, como siempre ocurre, la filosofía monetarista del déficit cero prevalece como supuesta solución a los problemas centrales de la economía –y la cuestión climática se convierte en un epicentro global–, se dibuja un panorama de defensa radical de la ortodoxia monetarista.

Ante una emergencia como la que vivimos, lo que viene a la mente de las autoridades neoliberales es profundizar los recortes presupuestarios, especialmente para ahorrar en gastos no financieros, precisamente aquellos que generan ingreso disponible para el consumo de bienes y servicios que impulsan las actividades productivas.

A los monetaristas nunca se les ocurre reducir el gasto en gastos financieros, como los desembolsos por pago de intereses y amortización de deuda, que no generan ningún crecimiento correspondiente.

Es simplemente dinero que se va por el desagüe sin generar empleos, ingresos, ingresos fiscales, inversiones, etc.

El problema del déficit cero, con las políticas neoliberales autoimpuestas por el ministro de Hacienda, Fernando Haddad, surge como un verdadero impasse a la hora de enfrentar los desastres ambientales.

En lugar de dejar margen para la negociación de un déficit mínimo, por ejemplo, del 0,5% para 2024, la opción elegida por los ministros de Hacienda neoliberales es sellar prematuramente el cero del equilibrio entre ingresos y gastos, sin siquiera tomar precauciones ante imprevistos, como el desastre ambiental en Rio Grande do Sul.

Imaginemos lo peor, mucho peor de lo que acaba de ocurrir, es decir, que se extienda en los próximos días por todo el sur del país, como algo catastrófico, como una guerra sin cuartel librada por la naturaleza como reacción a los abusos de un sistema económico que daña sistemáticamente el medio ambiente.  

TRAMPA DE DÉFICIT CERO 

¿Lula tendría la obligación de suprimir la irracionalidad de una apuesta audaz como el déficit cero, como advierten expertos económicos tanto de izquierda como de derecha?

En esencia, por tanto, la planificación económica y financiera en este sentido debe dejarse de lado, para que el buen juicio pase a ser la base de decisiones basadas en un razonamiento lógico que tenga en cuenta la necesidad de garantizar ingresos para cubrir desastres.

De lo contrario, el Ministro de Finanzas, frente a un Congreso conservador que rechaza sus propuestas de gravar a los ricos para aliviar la carga de los pobres mediante una reforma tributaria social y económicamente justa, tendrá que pronunciar discursos impopulares.

Esto es lo que empezó a hacer al amenazar con sanciones no a los poderosos bancos que especulan intermitentemente con la deuda pública, sino, a través de una reforma administrativa neoliberal, recortando los salarios de los funcionarios mejor pagados para crear una economía empobrecida, sin alcanzar el verdadero objetivo de una administración eficaz, justa y competente.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.