DF: mil días sin gobernabilidad
A pesar de autodenominarse representante de la “nueva política”, Rollemberg pronunció el viejo discurso de que gobernar es como gestionar una empresa, como si el poder público no tuviera objetivos sociales y económicos que alcanzar.
La semana pasada, el Gobierno del Distrito Federal (GDF) celebró mil días de gobierno. ¿Celebrar qué?
Rodrigo Rollemberg fue elegido con el discurso de que en el Distrito Federal no faltaban recursos, sino mala gestión.
A pesar de autoproclamarse representante de la “nueva política”, pronunció el viejo discurso de que gobernar es como dirigir una empresa, como si el poder público no tuviera objetivos sociales y económicos que alcanzar, como si las urnas no tomaran decisiones programáticas y como si el Estado no tuviera responsabilidades claras en cuestiones como las desigualdades sociales, el acceso y la calidad de los servicios públicos, la lucha contra la pobreza, la marginación y el desarrollo económico.
Más aún en el Distrito Federal, donde la alta calidad de vida en el Plano Piloto contrasta, durante años, con alarmantes injusticias y violaciones en las demás regiones administrativas.
Lo que necesitamos es un plan concreto y realista para abordar estos desafíos, no técnicas mágicas sin una dirección clara.
Aun así, es posible destacar la falacia del discurso de Rollemberg.
En primer lugar, mantuvo el antiguo sistema de quid pro quo, organizando una base marcada por el clientelismo político, en lugar de aprovecharse de los votantes esperanzados del Distrito Federal para mejorar la relación entre el GDF (Gobierno del Distrito Federal) y la CLDF (Cámara Legislativa del Distrito Federal). Esto habría sido posible si el gobierno hubiera priorizado la política sobre las maniobras políticas.
Ya nadie soporta ver un "reality show" de acuerdos secretos mientras la seguridad se deteriora, los funcionarios públicos pierden derechos y los servicios de educación y salud se deterioran.
Es imposible que el enemigo, antes la supuesta mala gestión del exgobernador Agnelo, ahora sea el servidor público, la población más necesitada y el pase libre de los estudiantes.
Por cierto, Rollemberg promovió dos aumentos de tarifas que, en algunos casos, sumaron hasta el 96 %. El gobernador pretende impedir que los trabajadores busquen empleo, en el cruel escenario de la "Era Temer", y también impedir que sus hijos estudien, en la lamentable realidad de que las escuelas del Distrito Federal están perdiendo calidad.
A través de acciones legales, logramos obtener una sentencia en primera instancia que declarara ilegal el último incremento en las tarifas del transporte público.
El gobierno realizó dos retiros del fondo de pensiones de los empleados públicos (IPREV): uno de 1,2 millones y otro de 500 millones. Recientemente, asestó el golpe más duro a estos trabajadores: la unificación de los Fondos, que permitirá al gobierno actual y al próximo retirar todos los recursos del IPREV en cuotas, por un total de más de 4 millones.
Debido a su gestión ineficiente, el gobernador busca recursos que, según su demagogia electoral, no eran un problema. Pero toma decisiones equivocadas precisamente por su falta de sensibilidad política.
Recortar el gasto y privatizar no es sinónimo de buena gobernanza. Esta es la gran lección que Rollemberg le ha estado enseñando a la sociedad.
Pero aún en esto, el gobernador no logra ser eficiente, como lo demuestra la situación del Hospital de Base, transformado en Instituto, pero sin ninguna implementación hasta el día de hoy.
Abordamos este inusual asunto en el IPC de Salud (2016-2017), como subponente de la parte presupuestaria, cuando demostramos que el actual gobierno redujo el gasto y la inversión en salud, así como el número de empleados. En otras palabras, deterioró aún más el servicio prestado a la población con el fin de liquidar el sistema de salud.
Una de sus principales propuestas fue la elección directa de administradores regionales, con la afirmación de que acercaría el estado a la ciudadanía. Al igual que su administración, esto tampoco se materializó ni se materializará.
Por eso, soy un firme opositor de este gobierno, que separa la técnica y la política y hace el peor uso de ambas, con daños incalculables para el Distrito Federal.
Un ejemplo es el discurso de "ley y orden" en torno a las cuestiones territoriales, que promueve una serie de demoliciones sin ofrecer una solución definitiva para la población más pobre. Tampoco garantiza una protección ambiental y urbanística adecuada.
Durante mil días, nuestro Patrimonio Cultural Mundial ha sido saqueado por la incompetencia.
Pero hay esperanza, y está en la voluntad de nuestra sociedad de hacer que el Distrito Federal sea reconocido como un campeón del bienestar social en Brasil.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
