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Luis Felipe Chateaubriand

Es profesor de Gestión Estratégica y autor del libro “Fútbol Brasileño: Un Proyecto de Nuevo Calendario”.

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Diga no a Bolsonaro.

Este país tiene graves problemas, pero la democracia no es uno de ellos; al contrario, es una solución, no un problema. No permitamos que un charlatán malintencionado tenga el poder de decidir el destino de la nación. La lógica, la justicia y la dignidad deben prevalecer: ¡ÉL NO!

Diga no a Bolsonaro (Foto: MARCELLO_CASALJR)

Una victoria de Jair Bolsonaro en estas elecciones presidenciales sería una tragedia para el país.

Bolsonaro es un misógino y tiene un discurso hostil hacia las mujeres. Son bien conocidas sus declaraciones de que "las mujeres deberían ganar menos que los hombres porque se quedan embarazadas". Semejantes disparates denotan inequívocamente el desprecio que siente por el sexo opuesto.

Bolsonaro es racista; sus declaraciones demuestran prejuicios contra las personas negras, en particular. En una ocasión, cuando le preguntaron cómo reaccionaría si uno de sus hijos saliera con una mujer negra, respondió: «Mis hijos se portan bien, jamás harían eso». Muestra desprecio por las personas que tienen un color de piel diferente al suyo.

Bolsonaro es un simpatizante de las personas gordas; tiene prejuicios contra ellas. En una ocasión, afirmó que "los quilombolas pesaban más que siete arrobas, eran perezosos y no hacían nada". ¡Prejuicios contra las personas negras y gordas al mismo tiempo, qué horror!

Bolsonaro es xenófobo y muestra desdén por las personas de otros orígenes, por los extranjeros. En una ocasión afirmó que los inmigrantes son una amenaza y que los refugiados son la escoria de la tierra. No respeta a quienes no son nacionales.

Bolsonaro es homófobo y demuestra un odio excesivo hacia los homosexuales. Incluso llegó a decir que la homosexualidad era producto del consumo de drogas. ¡Qué triste que no respete la orientación sexual de los demás!

Bolsonaro no tiene ningún respeto por la democracia. Constantemente elogia a figuras prominentes de la dictadura, como el repugnante general Carlos Alberto Brilhante Ustra, quizá el personaje más inescrupuloso que este país haya conocido. Defiende regímenes de excepción, tanto aquí, como la dictadura instaurada en 1964, como en todo el mundo.

Bolsonaro no tiene ningún respeto por la vida. Soluciones como la pena de muerte, el suicidio, la tortura y el asesinato, que nunca han sido ni serán una solución a la violencia, pasan por su mente cruda y desquiciada.

Bolsonaro miente descaradamente. Afirma contar con el apoyo de las Fuerzas Armadas, pero no existe consenso dentro del ejército respecto a su candidatura. La mayoría de los militares tienen sentido común y comprenden el riesgo de elegir a alguien que estuvo a punto de ser expulsado por insubordinación y alta traición.

Bolsonaro es intolerante; no acepta ninguna opinión diferente a la suya. Cuando se cuestionan sus argumentos, reacciona no dialogando ni ofreciendo contraargumentos, sino con un lenguaje ácido, duro, agresivo y grosero.

Bolsonaro es una farsa política. Lleva más de 30 años en el sistema como diputado, nunca ha hecho nada destacable y tiene la osadía de presentarse como un ajeno al sistema, alguien que no tiene nada que ver con él.

Finalmente, Bolsonaro es un fascista, es decir, un defensor de soluciones autoritarias, crudas y deshumanizantes; un embaucador, un mistificador, un manipulador.

Este país tiene graves problemas, pero la democracia no es uno de ellos; al contrario, es una solución, no un problema. No permitamos que un charlatán malintencionado tenga el poder de decidir el destino de la nación. La lógica, la justicia y la dignidad deben prevalecer: ¡ÉL NO!

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.