El discurso de Bolsonaro señala una guerra permanente contra los opositores al régimen.
El columnista Jeferson Miola señala que Bolsonaro "optó por una retórica de guerra" en sus discursos en el Congreso y en el Palacio Presidencial. "Es improbable que haya sido una decisión accidental o imprudente. Lo más probable, en cambio, es que detrás de esta decisión haya cálculo político y proyección estratégica", evalúa. Para él, "solo con una represión brutal y el aniquilamiento de la oposición el régimen podrá apaciguar la resistencia popular ante los retrocesos y el desmantelamiento ya observados en los decretos del primer día de gobierno".
En sus discursos inaugurales en el Congreso y en el Parlatório del Palacio do Planalto, Bolsonaro optó por una retórica de guerra.
Es improbable que haya sido una elección accidental o imprudente. Lo más probable, en cambio, es que el cálculo político y la planificación estratégica estuvieran detrás de esta decisión.
En teoría, Bolsonaro perdería más de lo que ganaría con esta prédica odiosa y agresiva en su primer acto como presidente. Por regla general, todo gobierno que asume el poder cuenta con una tregua y una relativa moderación inicial por parte de la prensa, la sociedad e incluso la oposición.
Desestimar esta premisa, y en la forma tan descarada que se muestra en el discurso y en el desprecio hacia la prensa, teóricamente beneficia a la oposición y perjudica al gobierno.
El bolsonarismo, sin embargo, calcula que reiterar la retórica bélica de la campaña actúa como un imán que atrae a sus seguidores, muchos de los cuales son fanáticos y dispuestos a participar en prácticas milicianas, a la lucha contra el enemigo encarnado en movimientos sociales, símbolos, políticas y partidos progresistas, socialistas y de izquierda.
Ante los fanáticos que seguían el discurso en el Palacio de Planalto al grito de "Mito, Mito" [en la década de 1920 en Italia, las masas vitoreaban a Mussolini como "Duce, Duce"], Bolsonaro prometió, para deleite y trance general de sus seguidores: "¡Nuestra bandera nunca será roja! Solo será roja si nuestra sangre es necesaria para mantenerla verde y amarilla".
Una guerra permanente contra los opositores al régimen será la estrategia de este gobierno de extrema derecha con tendencias claramente fascistas.
El escenario que se desarrolla exige mucha lucha, mucha unidad política y social para resistir al macartismo y a la persecución, a la restricción de la libertad de prensa y de expresión, y especialmente a la instauración de la violencia, la represión y el terror de Estado contra la ciudadanía y las organizaciones populares.
Sólo mediante la represión brutal y el aniquilamiento de la oposición, el régimen podrá sofocar la resistencia del pueblo a los retrocesos y al desmantelamiento ya vistos en los decretos del primer día de gobierno.
La implementación del programa ultraliberal no es viable en contextos democráticos; requiere un ambiente dictatorial y un fuerte déficit de democracia, como ocurrió en el Chile de Pinochet.
Para el establishment, la superación del conflicto distributivo exacerbado por la crisis del capitalismo en 2008 presupone
[1] la ruptura del pacto social de 1988 –de ahí el golpe y la instauración del estado de excepción con la Lava Jato–;
[2] un nuevo pacto de dominación burguesa, que se materializa en un programa ejecutado por cualquier gobierno en el que no caben políticas distributivas y de igualdad social – de ahí el imperativo de la farsa legal contra Lula, y
[3] el consenso, dentro de las clases dominantes, de que el salvajismo ultraliberal es el remedio prescrito para la etapa actual del capitalismo periférico en Brasil.
No es un asunto trivial. Este nuevo pacto de dominación burguesa devasta la economía nacional, transfiere riqueza, reservas y activos públicos al capital extranjero, profundiza el desempleo y la recesión, y convierte a Brasil en un consulado sudamericano de Estados Unidos. En resumen, es un programa que rima con autoritarismo, servilismo y neocolonialismo.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
