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Guillermo Coutinho

Periodista, publicista y especialista en derecho público. Autora del blog Nitroglicerina Política.

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Esquivar: el estafador lleva una bata y tiene los ojos azules.

Contrariamente a la tradición de 14 años de nombrar al candidato principal de la lista de tres personas elaborada por la Asociación Nacional de Fiscales Federales (ANPR), el presidente Michel Temer, impuesto por el golpe de Estado, la eligió a ella, aunque no encabezaba la lista. De tal palo, tal astilla. Dodge asumió el control del golpe orquestado por quien la nombró.

Dodge: la golpista lleva un vestido y tiene ojos azules (Foto: José Cruz - ABR)

Dicen que de tal palo, tal astilla. Este dicho le ha venido de perlas a la Fiscal General de la República, Raquel Dodge, al menos en tres momentos de su vida. Hija de José Rodrigo Ferreira, miembro del Ministerio Público, fue en esta institución, con estatus de poder en la República, donde Raquel forjó su carrera, hasta llegar a la cima de forma controvertida. La controversia, como bien recordamos, se produjo precisamente en el momento de su nombramiento. Contrariamente a una tradición de catorce años de designar al candidato más votado de la lista de tres, elaborada por la Asociación Nacional de Fiscales (ANPR), el presidente Michel Temer, impuesto por el golpe de Estado, la eligió a ella, aunque no ocupaba el primer lugar. De tal palo, tal astilla. Dodge asumió el control del golpe perpetrado por quien la nombró.

Si bien desestima las quejas de aliados del gobierno como José Serra, Eliseu Padilha y Aluysio Nunes, Raquel no oculta que utiliza deliberadamente su cargo para perseguir la candidatura de Lula. Numerosas acciones, siempre en la misma dirección, evidencian su motivación ideológica. Si la Fiscalía, actuando en el marco del operativo Lava Jato junto a Dallagnol y sus asociados, ya era el brazo ejecutor del golpe, hasta el momento del encarcelamiento de Lula, las acciones de su titular han sido aún más perjudiciales para la democracia en el país, socavando el derecho del electorado a elegir.

En su calidad de titular de la Fiscalía Electoral, Raquel Dodge, ya sea por ignorancia o con mala intención, profirió una falsedad durante el juicio sobre la inscripción de la candidatura de Lula ante el Tribunal Superior Electoral. En su alegato, la fiscal afirmó que el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos no cumplía con el procedimiento necesario para su validez en territorio nacional (cuando sí lo hizo con la promulgación del Decreto Legislativo n.° 266/91). Posteriormente, alegó que la propia decisión del comité de la ONU debía someterse nuevamente al escrutinio de las cámaras y a la promulgación por el Poder Ejecutivo, sin mencionar, sin embargo, el Decreto Legislativo 311/2009, que, habiendo ya cumplido con los procedimientos, prescinde de un nuevo proceso legislativo.  

Además, un nuevo procedimiento impediría la participación de Lula, debido a la demora en el proceso y la proximidad de las elecciones, anulando por completo la decisión del comité de la ONU, que se emitió preliminarmente precisamente para garantizar la participación del candidato del Partido de los Trabajadores. Pero la todopoderosa Raquel Dodge no se detuvo ahí. La Fiscalía General solicitó al Tribunal Electoral que ordenara al Partido de los Trabajadores devolver la parte del fondo del partido a la que tiene derecho. La tercera fase del golpe busca impedir que un proyecto popular regrese al poder.

La toga es la vestimenta oficial que usan los miembros de la Fiscalía, al igual que la toga lo es para los jueces. La toga de Raquel le sentó de maravilla al golpe, al igual que sus ojos azules le conferían un aire sofisticado, casi internacional. La golpista ahora habla inglés, estudió en Harvard, está casada con un estadounidense y tiene hijos que viven en Estados Unidos. Por tercera vez, la manzana cae del mismo árbol. El golpe que ella representa también tiene sus raíces allí, en tierra de Estados Unidos.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.