Dolores de cabeza y robo de activos
Cuando se trata de dolores de cabeza, la historia, con el tiempo, ha dado sus frutos.
En las democracias, para que la administración pública funcione satisfactoriamente, se requieren líderes bien elegidos. Se asumía que el pueblo, como la voz de Dios, era la persona indicada en las elecciones, consciente de lo que le convenía y de lo que debía rechazar. El desarrollo de los sistemas de comunicación electrónica cambió esta teoría. No siempre se ven resultados prometedores, en gran medida debido a ellos, lo que genera sorpresas e inquietudes. Alexis de Tocqueville, en su época, ya había observado la falta de consistencia entre los nombres consagrados en las elecciones norteamericanas, minimizando el dramatismo de la situación porque la población "sabía" y resolvía sus impases por sí sola. Sin embargo, en el complejo entorno en el que vivimos, con dolores de cabeza a la vuelta de la esquina, las reflexiones del maestro francés ya no parecen tranquilizarnos.
Líderes de baja calidad han estado surgiendo aquí y allá desde el siglo pasado, con consecuencias drásticas. Afortunadas son las naciones que cuentan con políticos verdaderamente calificados para gobernarlas. Brasil, según el uruguayo José Mujica, tiene la buena fortuna y la tragedia de tener a Lula. Mientras él esté al mando de nuestros asuntos, podemos calmar nuestras preocupaciones. Sin él, las preguntas se multiplican. En Estados Unidos, con Trump, la fortuna parece estar amarga. El tipo arruinó su desastre durante su mandato anterior, y nadie puede decir con certeza que no irá más allá en este. Todo en él suena a un duplicado de Bolsonaro, lo cual no es poca cosa desde el punto de vista del pronóstico. ¿Podrá la población contener sus arrebatos? Está por verse. Pero la invasión del Capitolio, liderada por la Casa Blanca, no augura un éxito positivo. Es, presumiblemente, un dolor de cabeza.
Para personas como nosotros, los brasileños, que hemos lidiado con plagas similares en el pasado, podemos afirmar que no dormiremos el sueño de los justos. Pesadillas se ciernen sobre el mundo, listas para estrellarse como tormentas de arena, cubriendo y asfixiando vidas. Europa no sale mejor parada en esta comparación. A pesar de costumbres más reservadas, figuras de extrema derecha ansiosas por asumir desafíos están emergiendo del submundo político (aún en gestación, o ya maduras). Y algunas de las actuales, despojadas de su pompa, con circunspección y descaro, toman decisiones que socavan las normas. En su tira y afloja con Putin por Ucrania, no dudaron en confiscar los activos de Moscú y, literalmente, robarlos para, por supuesto, invertir en el casi quebrado Zelenski. Ni siquiera el consejo de que esto socavaría la credibilidad de sus sistemas financieros pudo detenerlos.
Al parecer, en materia ética, no parecen encontrar un buen equilibrio. Y no temen la condena popular ante la posibilidad de nuevas elecciones. El apoyo movilizado en redes sociales está dispuesto a jugar a su favor. Sin embargo, en cuanto a dolores de cabeza, la historia, con el tiempo, da sus frutos. Esperemos y veamos. Nunca hay mejor día que mañana para culpar a los errores del presente.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
