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Gustavo Tapioca

Periodista graduado de la Universidad Federal de Bahía y con maestría de la Universidad de Wisconsin-Madison. Exdirector editorial del Jornal da Bahia, fue asesor de comunicación social en Telebrás y consultor de comunicación para el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y el Instituto Internacional de Asuntos Internacionales (IICA/OEA). Es autor de "Meninos do Rio Vermelho", publicado por la Fundación Casa de Jorge Amado.

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¡Es política, estúpido!

El bando progresista no se deja engañar. Reconocer la importancia de la política es fundamental, pero debemos preguntarnos: ¿a quién sirve?

Avenida Brigadeiro Faria Lima (Foto: Rovena Rosa/Agência Brasil)

La Carta de agosto de Mar Asset, publicada bajo el título "¡Es política, estúpido!", no es un ejercicio neutral de reflexión sobre la democracia. En vísperas de las elecciones de 2026, el texto suena como una advertencia del mercado financiero y de Faria Lima: sin estabilidad política, no hay negocio seguro ni rentabilidad garantizada.

El mensaje de Faria Lima

Mar Asset es una gestora de activos independiente, fundada y dirigida por ejecutivos forjados en el corazón del sistema financiero: BTG Pactual, 3G Capital y Opportunity. En otras palabras, no se trata de un think tank político, sino de un portavoz sofisticado de Faria Lima. 

Cuando publica una Carta con este título, el mensaje es claro: el mercado necesita políticas, pero no cualquier política: necesita estabilidad institucional que garantice la continuidad de sus ganancias y la previsibilidad del capital.

Bajo la apariencia de análisis democrático, el texto de Mar Asset sirve como una advertencia de los banqueros al gobierno y a la sociedad: el sistema financiero quiere orden, no en nombre del pueblo, sino en nombre de los de arriba.

La crisis de legitimidad

El diagnóstico de la Carta se basa en una premisa correcta: la política atraviesa una crisis de legitimidad. En las redes sociales, en el discurso populista e incluso en sectores de la prensa, proliferan narrativas que reducen la política a corrupción, privilegios e ineficiencia. 

La Carta nos recuerda que la política es indispensable, comparándola con el agua: «La política no es el problema: es la víctima. Como el agua, puede estar contaminada, pero es indispensable para la vida colectiva. Sin política, solo queda un conflicto abierto, sin mediación, sin horizonte».

El problema es que, cuando este discurso proviene de Faria Lima, suena irónico. Después de todo, fueron las agendas impulsadas por el mercado —recortes sociales, ajustes fiscales permanentes y la captura de los gobiernos por intereses privados— las que contribuyeron decisivamente a la erosión de la confianza en la política.

El cliente ciudadano

Uno de los puntos más fuertes de la carta es su crítica a la transformación de los ciudadanos en "clientes". La lógica consumista, importada a la política, lleva a los votantes a exigir soluciones inmediatas y personalizadas, como si el Estado fuera una empresa de reparto rápido. La consecuencia es la inevitable frustración y el fortalecimiento del populismo.

Pero he aquí la paradoja: fue precisamente el mercado financiero el que impulsó esta lógica. Al tratar al país como una hoja de cálculo y a la ciudadanía como un costo, Faria Lima contribuyó a erosionar la noción de la política como espacio de construcción colectiva. El resultado fue allanar el camino para el bolsonarismo, el más agresivo de los populismos de mercado.

La farsa de la participación

La carta también denuncia la superficialidad de la participación democrática. Votar no basta; las consultas y audiencias públicas son meros rituales; la sociedad no se reconoce en el proceso. Esto es cierto. Pero, de nuevo, cuando esta crítica proviene de un administrador de recursos, suena contradictoria.

No fueron los banqueros de Faria Lima quienes abogaron por una democracia más participativa. Al contrario: siempre que la sociedad se organiza para debatir presupuestos, planes maestros, regulaciones bancarias o regalías petroleras, es Faria Lima quien los denuncia. La crítica del mercado a la "participación limitada" es una confesión involuntaria: saben que la democracia formal no basta, pero quieren que baste para mantener sus privilegios.

Recuperar la política: ¿para quién?

La Carta de agosto de Mar Asset habla de restaurar la política mediante la "gestión deliberativa", con información clara, transparencia, escucha activa e inteligencia colectiva. Es un discurso seductor, pero carece de sinceridad cuando no va acompañado de la voluntad de afrontar la brutal desigualdad que estructura a Brasil.

¿Qué tipo de resolución le interesa al mercado? Una que garantice disciplina fiscal, tasas de interés altas, la autonomía del Banco Central y protección contra cualquier política redistributiva. La solución propuesta es, en definitiva, lo que ya conocemos: una política domesticada por el capital.

La política de los banqueros 

El título de la carta evoca la máxima de campaña de Bill Clinton: "¡Es la economía, estúpido!". Pero aquí, cuando Faria Lima dice "¡Es la política, estúpido!", no aboga por una mayor democracia para la gente. Nos recuerda que sin una política funcional, el mercado se derrumba.

El bando progresista no se deja engañar. Reconocer la importancia de la política es fundamental, pero debemos preguntarnos: ¿a servicio de quién? Si la política se utiliza como herramienta para que la gente reduzca las desigualdades y amplíe los derechos, vamos por buen camino. Si se utiliza como herramienta para proteger las ganancias del mercado financiero, es otra forma de barbarie.

El escándalo del momento

En el Brasil de 2026, la elección es simple y urgente: o la política vuelve a ser un espacio de emancipación popular o seguirá siendo sólo la voz de Faria Lima disfrazada de reflexión democrática.  

Como recordó el periodista Tiago Barbosa este sábado 30, en el programa X, refiriéndose al actual escándalo de corrupción que involucra al PCC y a Faria Lima. Un fraude multimillonario en el sector de combustibles generó aproximadamente R$52 mil millones:

El dólar no explotó. La bolsa no se desplomó. Faria Lima tolera bien la delincuencia. Lo que asusta a esta gente es que Brasil gaste en los pobres, alivie el hambre e invierta en servicios sociales.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.

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