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Vivaldo Barbosa

Coordinador del Movimiento Obrero, fue Diputado Federal, Constituyente, Secretario de Justicia por Brizola.

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Es grave, muy grave, acusar a un magistrado de la Corte Suprema de actos inmorales.

Los periodistas le deben a Brasil evidencia más contundente.

Brasilia (DF) - 09/03/2025 - Ministro de la Corte Suprema Alexandre de Moraes (Foto: Fabio Rodrigues-Pozzebom/Agência Brasil)

Las acusaciones que los periódicos El Globo e El Estado de São Paulo Las acusaciones contra el ministro Alexandre de Moraes son graves, gravísimas. Acusar al ministro de solicitar favores y actuar a favor de un banco con el presidente de la máxima autoridad monetaria del país, el presidente del Banco Central, viola uno de los principios fundamentales de la República: la actuación imparcial e imparcial del Tribunal Supremo.

Imaginar que un juez de la Corte Suprema de Justicia sería capaz de buscar favorecer a un banco en el ejercicio de sus altas responsabilidades, e imaginar que el presidente del Banco Central sería capaz de escuchar tales cosas, sólo nos lleva a perder la fe en el buen funcionamiento de esas instituciones.

Tanto el ministro como el presidente del Banco Central negaron categóricamente que tal conversación hubiera tenido lugar. Es un alivio. Nos tranquiliza. Porque creemos que un magistrado de la Corte Suprema jamás mentiría en una declaración oficial ante la nación, y que el presidente del Banco Central jamás mentiría a sus conciudadanos, dada su grave responsabilidad como máxima autoridad monetaria del país.

Por otro lado, sabemos que el Ministro Moraes ha enfrentado duras batallas con diversos sectores de la nación. Imaginar que sería capaz de cometer el acto casi infantil de exponerse ante las partes a las que se ha enfrentado, al participar en actos de favoritismo hacia un banco, es verlo absolutamente incapaz de cumplir con los deberes mínimos de su cargo.

Los periodistas han aportado pocos datos que nos convenzan de la verosimilitud de las acusaciones, a pesar de su gravedad. Consideremos a las grandes figuras del Supremo Tribunal Federal, como Pedro Lessa, Orozimbo Nonato, Nelson Hungria, Vítor Nunes Leal, Evandro Lins e Silva y tantos otros, para ver que un ministro puede equivocarse, pues es humano, pero aceptar que son capaces de actos tan indignos de la vida de la República requiere pruebas muy convincentes y veraces.

La prensa es libre de informar, pero ya es de conocimiento público que es necesario respetar el honor ajeno, más aún cuando se trata del honor de la propia República.

Otro problema son los graves errores que se cometen ampliamente hoy en día, con esposas, hijos y familiares atrincherados en despachos de abogados que operan en los tribunales, lo cual atenta gravemente contra la esencia moral del poder judicial. La vida de los jueces de alto rango ya está rodeada de altos estándares, y nada justifica la codicia por ingresos aún mayores. Hablando de cifras del pasado, esto nunca ocurrió antes, cuando la República se practicaba con mayor dignidad.

El ejercicio de un alto cargo público exige la práctica de normas igualmente elevadas de conducta y compostura.

Los periodistas le deben a Brasil evidencia más contundente.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.

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