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Pedro Maciel

Abogado, socio de Maciel Neto Advocacia, autor de “Reflexiones sobre el Estudio del Derecho”, Ed. Komedi, 2007

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Es hora de denunciar el golpe de Estado ante el país y el mundo.

El golpe de Estado en curso tiene una metodología curiosa: (a) la judicialización de la política; (b) la politización del poder judicial; (c) la sensacionalización (mediatización) de lo que ha sido judicializado; y finalmente, (d) la criminalización de la política, los políticos y los partidos políticos, todo ello para justificar el golpe.

Ya no es posible discutir con calma; es hora de denunciar al país y al mundo que estamos al borde de un GOLPE DE ESTADO.
Sí, se está produciendo un golpe de Estado, con el apoyo de algunos parlamentarios y sectores conservadores del propio Poder Judicial, así como de parte de la prensa, que desempeña un papel importante en la creación y amplificación del estado de tensión entre la población, fomentando el odio y la intolerancia.

Ya he escrito aquí anteriormente que, a lo largo de la historia de la humanidad, las civilizaciones siempre se ven inmersas en un proceso dialéctico de transformaciones, pero a veces este proceso histórico dialéctico sufre reveses. Cuando hablo de una ruptura en la línea evolutiva natural, me refiero al GOLPE DE ESTADO.
Sí, un GOLPE DE ESTADO, porque vivimos en una época en que las instituciones han sido secuestradas por el miedo y porque el PODER está siendo usurpado ilegítimamente, con la vergonzosa y criminal colaboración de parte de los medios de comunicación y sectores del Poder Judicial, esos corruptores de la Constitución Federal.

Un GOLPE DE ESTADO, a diferencia de las revoluciones, sobre las que podemos escribir en otro momento, tiene un carácter personal y egoísta, y busca tomar el poder para servir a los intereses de un pequeño grupo que representa intereses contrarios o no contemplados por la clase política establecida.

El golpe de Estado se produce porque los individuos derrotados, descontentos y golpistas, incapaces de alcanzar el poder mediante el voto popular, buscan asumir la jefatura del Gobierno a través de maniobras políticas y legales, y lo hacen de forma astuta: pretenden legalizar y legitimar la ruptura institucional instrumentalizando los poderes legislativo y judicial.

Y, en mi opinión, lamentablemente, se está gestando un golpe de Estado en el país, y este hecho es indiscutible. Hay innumerables ejemplos. Basta con recordar las reuniones entre el Presidente de la Cámara de Diputados, el Magistrado del Tribunal Supremo Gilmar Mendes y figuras de la oposición. El tema central fue el proceso de destitución del Presidente de la República, el proceso en curso ante el Tribunal Superior Electoral, etc.; además de observar el contenido de la cobertura televisiva y los titulares de los principales periódicos, todo ello para magnificar artificialmente la crisis y mantener las manifestaciones contra el gobierno y la democracia. Para los golpistas, una fachada de democracia, una democracia relativa, es suficiente.

En nuestra sociedad, la apariencia de civilidad y civilización se desmorona fácilmente cuando se frustran los intereses; basta con observar lo que sucede hoy en el país, donde se promueve el moralismo en pos de intereses inescrutables.

Lo que ocurrió en 1964, por ejemplo, fue un golpe de Estado, porque un grupo que había perdido las elecciones presidenciales ante Getúlio Vargas, Juscelino Kubitschek y Jânio Quadros/João Goulart, junto con oficiales militares corruptos, se hizo con el poder e intentó presentar el desastroso suceso como una "revolución" y darle una apariencia de legalidad y legitimidad controlando el Congreso y el Poder Judicial, siempre con la presencia servil de los "mariscales de los medios".

Los golpes de Estado son frecuentes en lugares con instituciones políticas débiles, donde no existe certeza de que se cumplan todas las normas constitucionales relativas a la sucesión de cargos políticos o la garantía de los derechos individuales. Los golpes de Estado fueron muy comunes en América Latina, África y Oriente Medio a lo largo del siglo XX.

Lo curioso es que los principales agentes del golpe casi siempre aparecen como los nuevos salvadores de la nación, dado que siempre se produce algún disturbio o crisis cuando tiene lugar un golpe de Estado.

Lo cierto es que vivimos tiempos oscuros, tiempos en los que los golpistas vuelven a utilizar, como ya hicieron en 1954 y 1964, la bandera de la lucha contra la corrupción, pero paradójicamente abogan por reducir la edad de responsabilidad penal, la destitución, la ruptura institucional, etc.

Vivimos en una época en la que "bolsonaros" e imbéciles de toda índole ofenden a la presidencia de la república, piden la muerte de Jô Soares y profieren insultos racistas contra un joven periodista.

Llevo tiempo escribiendo que todo esto forma parte de una cadena de acontecimientos que, en mi opinión, son responsables del giro conservador, incluso sombrío, que estamos presenciando en el país. Es la gestación del golpe de Estado.

El golpe de Estado en curso tiene una metodología curiosa: (a) la judicialización de la política; (b) la politización del poder judicial; (c) la espectacularización (mediatización) de lo que ha sido judicializado; y finalmente, (d) la criminalización de la política, los políticos y los partidos políticos, todo ello para justificar el golpe.

La sociedad debe reaccionar ante cualquier intento de golpe de Estado, porque estamos en el siglo XXI, nuestras instituciones son fuertes y un colapso institucional sería trágico para la nación.

Creo que corresponde a Lula y Dilma, así como a todos los líderes democráticos, denunciar el GOLPE DE ESTADO ante el país y el mundo, y además, corresponde a la presidenta Dilma buscar la preservación del orden público o la paz social, ya que indudablemente existen abusos y amenazas al sistema legal.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.