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José Marcus de Castro Mattos

Poeta, psicoanalista

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Hay que escupir a Bolsonaro.

Nótese que escribí 'es necesario escupir' y no 'es necesario escupir sobre', aunque otro escupitajo al estilo Wyllys no estaría de más con el testarudo militar...

Nótese que escribí 'hay que escupir' y no 'hay que escupir sobre', aunque otro escupitajo al estilo Wyllys no le caería nada mal al testarudo militar... (Foto: José Marcus de Castro Mattos)

Necesitamos echar a Bolsonaro de las elecciones presidenciales de 2018.

(Nótese que escribí 'es necesario escupir' y no 'es necesario escupir sobre', aunque otro escupitajo al estilo Wyllys no estaría de más con el testarudo militar...)

Pero ¿por qué es necesario expulsar a Bolsonaro de la escena política?

Ahora bien, el 'Führer' del ejército de Brancaleone ES UN CRIMINAL, en la medida en que aboga públicamente por la tortura y la violación, además de propagar el racismo y la homofobia (delitos consagrados en la ley federal).

A estos absurdos se suma la notoria cobardía de Jeca Fardado, que en verdad es el telón de fondo de los crímenes enumerados anteriormente, es decir, el soldadito de plomo acrobático siente un miedo crónico a los revolucionarios, a las mujeres, a los negros y a los homosexuales.

(Una consulta con Freud le aliviaría de esos terrores nocturnos, he dicho.)

Criminal cobarde, Bolsonaro debe entonces ser escupido del escenario político brasileño porque encarna y expresa en la baba purulenta que gotea de su boca LO PEOR DE NUESTRA HISTORIA (violencia brutal, racismo, etc.), amenazando así, si alcanzara prominencia más allá de los analfabetos que lo siguen, con empujar al país al siglo XI...

(Nota: escribí siglo XI, no XXI.)

Sin embargo, lamentablemente debemos responsabilizar a la patética Rousseff por permitir que Bolsonaro diera rienda suelta al crimen y al oscurantismo: en su posición institucional de Presidenta de la República (por lo tanto, con los poderes que tal cargo le otorgaba), se vio obligada a ordenar su arresto después de que el sinvergüenza dedicara su voto por el 'impeachment' al torturador Ustra, en uno de los episodios más infames, indignos y repulsivos jamás ocurridos en la Cámara de Diputados (Brasilia, 17 de abril de 2016).

De hecho, en aquella bárbara ocasión, la entonces presidenta Rousseff careció de correcta conciencia política y de mano firme, porque si hubiera interrumpido inmediatamente la sesión de la Cámara y ordenado la prisión de Bolsonaro por apología pública de la tortura y por una gravísima ofensa contra la máxima autoridad del país (recordemos que Ustra torturó personalmente a Rousseff), sin duda los ciudadanos brasileños no habrían convergido desde entonces hacia la deconstrucción, el ridículo, la desgracia y el desastre.

En este sentido, el grave error político cometido por Rousseff frente a la burla de Bolsonaro NECESITA SER URGENTEMENTE CORREGIDO, es decir, es absolutamente imperativo que creemos una OBSTRUCCIÓN JURÍDICA a la expansión de las posiciones antidemocráticas y de Estado de Derecho adoptadas por Bolsonaro, para que su ideología anticivilizatoria pierda audibilidad y su imagen de Gusano de las Tinieblas pierda visibilidad, regresando ambos a las cavernas paleolíticas de las que nunca debieron haber salido.

Entonces, si Rousseff no mató a la serpiente en el huevo, ¡ahora debemos cazarla, inmovilizarla, quitarle todo su veneno y estrangularla!

Seamos coherentes: a nadie le importó el torpe Adolf hasta que empezó a convencer a los alemanes devastados y hambrientos de la posguerra (1914-1918) de que sus payasadas podían "elevar la moral de las tropas", y eso fue lo que pasó, es decir, las tropas vieron caer en picado la poca moral que les quedaba, y Alemania sufrió otra gigantesca humillación frente al mundo; mutatis mutandis, por supuesto, ni siquiera las personas mínimamente inteligentes darían un centavo a las tonterías supremacistas de Jairzinho, pero es necesario señalar que soportamos cuatro siglos de esclavitud, gobernados con puño de hierro por una élite blanca perpetuamente amoral, y que, para mantener la Casa Grande en orden y en progreso, muy bien podrían hacer que los brasileños desempleados y humillados depositaran su fe en Nuestra Señora de Aparecida a los pies de las botas embarradas de Bolsonaro...

Con las elecciones presidenciales de 2018 acercándose, no tenemos otra alternativa que el necesario y beneficioso encarcelamiento del delincuente JB, acusándolo de los delitos enumerados anteriormente, juzgándolo dentro de los límites constitucionales del Estado Democrático de Derecho (¡somos civilizados!), y finalmente escupiéndolo en una celda durante muchos largos años, con la esperanza de hacerle entender que un buen bandido es un bandido al que se escupe, se condena y se encarcela.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.