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Roberto Policarpo

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Necesitamos recuperar el verde y el amarillo.

Se acerca un nuevo Mundial y queremos animar a nuestra selección nacional con los colores de Brasil. Pero, lamentablemente, los colores de nuestra bandera han sido usurpados, junto con nuestra soberanía, nuestros derechos, nuestra dignidad y nuestro orgullo.

"El Mundial es nuestro, con los brasileños nadie puede competir". Con este estribillo celebramos el primer campeonato mundial en 1958.

"Noventa millones en acción, adelante Brasil, en mi corazón". Fue con estos versos que nos inspiramos a animar y ganar el tricampeonato en 1970. Luego nos convertimos en tetracampeones en 1994 y pentacampeones en 2002.

Ya sea que ganemos o perdamos los distintos Mundiales en los que competimos, aplaudimos, sufrimos, nos alegramos y celebramos juntos, unidos como hermanos, siempre con el verde y el amarillo en nuestros cuerpos y mucho amor en nuestros corazones.

Otro Mundial está a punto de comenzar, y queremos animar a nuestra selección nacional con los colores de Brasil. Pero, lamentablemente, los colores de nuestra bandera han sido secuestrados junto con nuestra soberanía, derechos, dignidad y orgullo. Hoy estamos secuestrados por una banda de golpistas que ocupan escaños en el parlamento, la presidencia y el poder judicial, todos vendidos al mercado y cuyas ganancias se multiplican por el engaño y el sufrimiento del pueblo brasileño.

Quieren quitarnos hasta la alegría de animar, violando y corrompiendo nuestro amor por el fútbol brasileño. Para colmo de males, dicen tener un puente hacia el futuro, pero la verdad es que Brasil ha vuelto a su peor pasado.

Pero Brasil es multicolor, y el verde y el amarillo son nuestros, como son todos los colores que representan la lucha de un pueblo que, a pesar de las dificultades, no pierde la alegría de vivir.

En este momento, mientras la selección brasileña de fútbol inicia otra campaña rumbo a un campeonato mundial en Rusia, necesitaremos unir todos los colores, recuperar y liberar el verde y el amarillo.

Apoyar a Brasil es decir no al pato amarillo, es decir sí a la democracia y a las elecciones con Lula libre y candidato, y un país unido con la esperanza de recuperar el verdadero espíritu de la brasilería.

En el camino hacia el sexto título, salgamos a las calles a celebrar sin miedo a la felicidad, a liberar a las almas ingenuas que se han convertido en patos y zombis manipulados. Nuestra lucha y nuestro ejemplo devolverán la bandera nacional al pueblo brasileño. No permitiremos que los colores de Brasil sean secuestrados y capturados por los intereses de los poderosos.
Brasil volverá a vestir de verde y amarillo con orgullo y esperanza de días mejores.

Pero no lo lograremos solo animando a la selección nacional en el Mundial. Lo lograremos cuando liberemos a Lula, a nuestro país y a nuestro pueblo de las garras de los golpistas y oportunistas.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.