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Gilvandro Filho

Periodista y compositor/letrista, con experiencia trabajando para publicaciones como Jornal do Commercio, O Globo y Jornal do Brasil, así como para la revista Veja y TV Globo, donde trabajó como comentarista político. Ha ganado tres premios Esso. Ha publicado dos libros: Bodas de Frevo y "Onde Está Meu Filho?"

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¿Y pensabas que no podía haber peor Ministro de Salud que Pazuello?

"Queiroga, sin embargo, no es un Pazuello. Es un riesgo mayor", dice el periodista Gilvandro Filho.

¿Y creías que no podía haber peor ministro de Salud que Pazuello? (Foto: Agência Brasil)

Por Gilvandro Filho, de Periodistas por la democracia

Sería inimaginable, dirían algunos, que alguien hubiera predicho que algún día tendríamos un ministro de Salud peor que ese coronel del Ejército. Torpe, tramposo, irresponsable, sin la menor idea de qué hacer al frente del ministerio (incluso obedeciendo las nefastas órdenes del "mito" al que sirvió y aún sirve), Eduardo Pazuello parecía encarnar la traducción más perfecta de las desastrosas políticas de Bolsonaro. Esa figura de la burocracia militar, elegida a dedo como figura decorativa del presidente Jair en su política antisanitaria, la misma que condujo a Brasil al caos y a tanta muerte. 

Qué error. Aún no conocíamos al Dr. Marcelo Antônio Cartaxo Queiroga Lopes. Médico, a diferencia de su predecesor burocrático en logística, el ostentoso nombre llegó al puesto con el mismo requisito básico: aceptar firmar "todo lo que el amo ordene". Para asegurar su puesto, no pudo hacer como otros ministros médicos anteriores, como Luiz Henrique Mandetta y Nelson Teich, que se atrevieron a dudar de las verdaderas intenciones de Bolsonaro para el sector. Marcelo Queiroga mostró su verdadera cara. Y se convirtió en el único en participar en la farsa del "Todos lo haremos", haciéndose eco de las tonterías de su superior. 

Aunque también inadecuado para el cargo, debido a su incompetencia y absoluta insensibilidad, Queiroga, sin embargo, no es un Pazuello. Representa un riesgo mayor. Incluso porque proviene del ámbito médico y, en teoría, sabe de lo que habla mejor que su predecesor. A diferencia de este último, avala con mayor autoridad los discursos y acciones del Presidente de la República en su frenética carrera hacia la cima de la ignorancia, la negación de la ciencia y el desprecio por el sentido común. 

El caso de la vacunación contra la COVID-19 en niños a partir de los 5 años es ejemplar, una medida defendida no solo por Anvisa, la agencia que regula la producción y distribución de medicamentos en el país, sino también por Fiocruz y por todas las entidades médicas importantes, no solo aquí. A nivel mundial, este tipo de medida se considera fundamental para intentar contener la propagación del virus. Contrariamente a lo que proclama Bolsonaro y a lo que se hace eco Queiroga, la vacunación de niños pequeños no es experimental; ya ha sido probada y aprobada, y es todo lo contrario del mal que los negacionistas le atribuyen. 

Al acudir a los medios de comunicación para proponer una audiencia pública sobre la vacunación infantil, el Ministro de Salud recurre a una táctica ideológicamente despreciable, aunque bien conocida. Las audiencias públicas son un mecanismo legítimo en los regímenes democráticos, pero no se justifican en este caso, pues ya se han realizado todas las pruebas y estudios; en este caso, se trata más bien de una táctica dilatoria y de distracción. 

"La prisa es desperdicio" fue otra joya cínica que el supuesto astuto asesor de Bolsonaro sacó a relucir. Para empezar, sirve a un gobierno que manipula la prisa a su favor, nunca en aras de la perfección. Puede actuar sin prisa, tardando meses en recibir una farmacéutica como Pfizer, retrasando excesivamente el inicio de una lucha real y efectiva contra la COVID-19. Igualmente, puede apresurarse a comprar las vacunas Covaxim, sobrevaloradas, con sobornos del 1.000%, un acuerdo que solo fracasó debido al IPC pandémico que acabó con el tren de la fortuna. 

En el país de Bolsonaro, un ministro de Salud como Queiroga encaja a la perfección. ¿Podría haber uno peor? Como recomendación, no lo duden.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.