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Aldo Fornazieri

Profesor de la Fundación Escuela de Sociología y Política y autor de "Liderazgo y Poder"

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Economía: el triunfo de la responsabilidad

“En este momento, lo más importante es que la economía brasileña se base en bases sólidas y confiables”

De izquierda a derecha: Geraldo Alckmin, Lula y Fernando Haddad (Foto: RICARDO STUCKERT / PR)

La semana pasada, analistas de mercado, economistas y líderes políticos se sorprendieron con el anuncio de que el PIB creció un 1,4% en el segundo bimestre, superando las proyecciones que estimaban un crecimiento del 1%. Este desempeño se debió principalmente al aumento del consumo de los hogares y la inversión en servicios e industria. El resultado es aún más positivo considerando la importante caída del desempleo, el control de la inflación y el aumento del consumo.

Esta combinación de factores positivos no habría sido posible sin el liderazgo persistente del Ministerio de Hacienda, encabezado por Fernando Haddad, en la búsqueda del equilibrio fiscal sin sacrificar los programas sociales del gobierno. Al mismo tiempo, el Banco Central acertó al evitar el aumento de la inflación, protegiendo así el poder adquisitivo de los trabajadores.

Haddad enfrentó desafíos desde el inicio del gobierno de Lula, siendo blanco de críticas tanto de la derecha como de la izquierda, incluyendo figuras del Partido de los Trabajadores (PT). Ahora, con los sorprendentes resultados, sus críticos han desaparecido. Sus teorías económicas, que asociaban la responsabilidad fiscal y monetaria con un bajo crecimiento y un alto desempleo, han sido refutadas por la realidad.

Si bien es posible establecer correlaciones entre casi todos los indicadores económicos, no todos son causales. El crecimiento del PIB de Brasil se produce en un contexto de ajuste fiscal y endurecimiento monetario, lo que ha reforzado la credibilidad de la política económica. Este factor fue esencial para atraer inversión del sector privado y de inversionistas extranjeros. Aunque aún dista mucho de ser ideal, la continuación de esta política responsable podría aumentar los niveles de inversión productiva en el futuro.

El Ministerio de Hacienda logró sortear dos obstáculos: por un lado, resistió la presión del mercado financiero para recortar los programas sociales, realizando ajustes en los registros que moralizaron y optimizaron los recursos; por otro, enfrentó la presión de quienes abogaban por un aumento irresponsable del gasto en nombre de un crecimiento ilusorio. Desde la crisis financiera de 2008, la evidencia ha demostrado que los grandes déficits fiscales conducen al estancamiento económico y otros problemas.

El crecimiento económico no proviene de un gasto público descontrolado, sino de una responsabilidad fiscal equilibrada con la responsabilidad social. La política económica actual busca este equilibrio incluyendo en el sistema tributario a sectores privilegiados que históricamente no pagaban impuestos. Estas élites, que en gran medida aún mantienen exenciones, perpetúan privilegios y desigualdades.

Las acciones coordinadas con el Supremo Tribunal Federal (STF) para bloquear los intentos de desestabilización fiscal, además de reformas microeconómicas como la mejora de las condiciones crediticias, también contribuyeron al crecimiento industrial en sectores estratégicos. Es evidente que las políticas de austeridad fiscal de Haddad y Lula contrastan con la irresponsabilidad económica practicada durante los gobiernos de Paulo Guedes y Jair Bolsonaro, quienes expandieron el déficit público con maniobras populistas.

La hipocresía de los sectores que apoyan al bolsonarismo es evidente: si bien exigen austeridad al gobierno de Lula, fueron cómplices del desastre fiscal promovido por Bolsonaro. Al mismo tiempo, parte de la izquierda, que debería defender la igualdad, critica las políticas de Haddad como "austericidio", abogando por medidas que generarían desconfianza y falta de control, perjudicando en última instancia a los trabajadores.

Si el Tesoro y Lula hubieran cedido a estas presiones, el escenario económico actual sería de bajo crecimiento, alta inflación y alto desempleo, similar a lo ocurrido en 2015-2016, lo que llevaría al gobierno a una posible derrota en las elecciones de 2026. Argentina es un ejemplo de un país sumido en una crisis causada por políticos irresponsables, que ha generado pobreza y miseria para la población.

Aún quedan muchos desafíos para asegurar que la economía continúe en una senda de crecimiento sostenible, como aumentar la productividad, incrementar la inversión, mejorar la cualificación de la fuerza laboral, combatir los privilegios en el sector público, ajustar el sistema de Seguridad Social, mejorar la calidad del gasto público y modernizar tecnológicamente la industria.

En este punto, lo más importante es que la economía brasileña se asienta sobre bases sólidas y fiables. Esto sienta las bases para la carrera presidencial de 2026. Sin embargo, es importante reconocer que un buen desempeño económico no se traduce automáticamente en dividendos políticos. El mayor desafío del gobierno es comunicar eficazmente estos avances, transformando las perspectivas positivas en beneficios electorales. Abordar las elecciones de 2026 en buenas condiciones económicas y políticas será crucial para evitar reveses indeseables.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.

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