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Leandro Fortes

Jornalista

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Ecos del fascismo

No hay rencor ni odio de clase en la narrativa del teniente coronel Ricardo Augusto Nascimento de Mello Araújo, nuevo comandante de la ROTA (Unidad de Operaciones Especiales de la Policía), sino una fría sinceridad, típica de burócratas – uniformados o no – que reciben misiones para ser ejecutadas sin ningún filtro crítico, humanístico o racional.

No hay rencor ni odio de clase en la narrativa del teniente coronel Ricardo Augusto Nascimento de Mello Araújo, nuevo comandante de la ROTA, sino una fría sinceridad, propia de burócratas - uniformados o no - que reciben misiones para ser ejecutadas sin ningún filtro crítico, humanístico o racional (Foto: Leandro Fortes)

Es necesario leer toda esta entrevista comprender la terrible magnitud de la declaración del teniente coronel Ricardo Augusto Nascimento de Mello Araújo.

El nuevo comandante de ROTA no es un monstruo que apoya a Bolsonaro y escupe veneno, sino un hombre aparentemente sensato, miembro de tercera generación de una familia de oficiales de la policía militar, un padre que quiere que sus hijos preadolescentes sigan la profesión que quieran, siempre y cuando sean felices.

Recordé inmediatamente el concepto de “banalidad del mal” acuñado por Hannah Arendt durante la escritura de su obra fundamental, “Eichmann en Jerusalén”.

Hannah enfrentó ataques violentos de los medios de comunicación y de la comunidad judía de la posguerra (y del Holocausto) por negarse a definir a Adolf Eichmann como una bestia nazi sedienta de sangre impulsada por sangre judía.

Tras asistir al juicio del oficial alemán en Jerusalén, el filósofo judío lo describió como un burócrata común y corriente, un funcionario que no se negaba a obedecer las órdenes de sus superiores, en este caso, enviando a miles de judíos a la muerte en campos de concentración.

El mal, por tanto, era algo meramente común.

El teniente coronel Ricardo Augusto comenta con naturalidad la existencia de ciudadanos de segunda clase y el trato que se les debe dar, aunque él, policía militar, también recibe el pago de los impuestos de esa clase inferior de contribuyentes.

No hay rencor ni odio de clase en el relato del policía, sino una fría sinceridad, propia de burócratas – uniformados o no – que reciben misiones para ser llevadas a cabo sin ningún filtro crítico, humanístico o racional.

Al igual que en el caso de Eichmann, no es la violencia del acto, sino la terrible banalidad con que es tratado, lo que revela el terror oculto en la declaración del teniente coronel.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.