Entre la nacionalización y la internalización: enmiendas, territorio y las elecciones de Río de Janeiro de 2026.
Ampliar la presencia política más allá de la capital no se limita simplemente a ampliar la presencia del partido fuera de la capital; implica forjar alianzas con los líderes que estructuran la política local.
* Con Víctor Escobar David
1- La nueva era de las relaciones institucionales: enmiendas parlamentarias y formación de redes locales
El sistema político brasileño atraviesa un proceso de redistribución interna del poder que altera la lógica establecida durante la Nueva República. La pérdida de protagonismo del Poder Ejecutivo —consecuencia de la expansión de las enmiendas obligatorias, las transferencias especiales y el control progresivo del presupuesto por parte del Parlamento— desplaza el eje de la gobernanza hacia el Poder Legislativo y hacia ámbitos territoriales con un alto grado de autonomía.
Este cambio produce efectos ambiguos. Por un lado, debilita la capacidad de coordinación nacional del Ejecutivo, que depende entonces de negociaciones constantes con actores locales y regionales. Por otro, reduce la vulnerabilidad del sistema ante intentos de centralización autoritaria, ya que el presupuesto y la capacidad de ejecución ahora son compartidos por redes parlamentarias y élites territoriales que no responden automáticamente a las órdenes de un líder nacional.
En este contexto, la extrema derecha se enfrenta a un campo de disputa más complejo que en 2018. Su desempeño ya no depende exclusivamente de la retórica nacional, sino que se ve condicionado por el acceso a pactos territoriales que controlan posiciones, estructuras y recursos. Si bien muchos de estos actores locales pueden expresar afinidad personal con elementos centrales de la agenda de la extrema derecha, su actuación pública se guía por una racionalidad pragmática: maximizar recursos, mantener el control sobre sus bastiones y preservar su influencia en las redes administrativas que controlan la vida política municipal.
Las enmiendas parlamentarias se han convertido en el principal instrumento de maniobra política a nivel municipal. En este ámbito, la prioridad de las élites oportunistas no es la adhesión programática a un proyecto nacional, sino el fortalecimiento de las maquinarias políticas locales. La tasa récord de reelección de alcaldes en 2024 —alrededor del 82% entre quienes aspiraban a un nuevo mandato— pone de relieve el poder de estas maquinarias y muestra cómo la circulación territorializada de recursos tiende a anular las disputas ideológicas nacionales.
Este entorno favorece a los líderes que estructuran sus carreras mediante la mediación diaria de los servicios públicos, la distribución de beneficios y la gestión de redes locales. Es un campo donde la extrema derecha no tiene acceso directo y a menudo necesita negociar con élites que, si bien conservadoras, priorizan la estabilidad local y el control administrativo sobre alineamientos ideológicos rígidos.
2. Los caminos de la internalización: la contienda electoral por el interior de Río de Janeiro
En Río de Janeiro, esta reorganización nacional está vinculada a un proceso específico. Eduardo Paes, fortalecido por su reelección en la capital y la posición estratégica del partido PSD, busca construir una alianza estatal capaz de reducir la influencia de la extrema derecha en uno de sus territorios históricos. El componente central de esta estrategia es la expansión de la coalición al interior del estado.
La migración al interior del país no se limita a expandir la presencia de un partido fuera de la capital; implica forjar alianzas con los líderes que estructuran el funcionamiento de la política local. En este movimiento, Paes opera dentro del ámbito de las élites clientelares: redes que controlan municipios, distribuyen recursos y organizan la vida política de regiones enteras, incluyendo un componente histórico. Es en este terreno donde se definen las condiciones para la viabilidad electoral en 2026.
La constante necesidad de Eduardo Paes, como candidato con mayor visibilidad y popularidad en aquel momento, de expandir el alcance de la coalición al interior del estado se debe, en primer lugar, a la sólida red de apoyo desarrollada por Cláudio Castro durante su campaña de reelección de 2022, en la que ganó en 91 de los 92 municipios del estado, contando con el apoyo de los alcaldes. En segundo lugar, considerando la división histórica del territorio, existe una posible división entre la capital y el interior que se remonta a los antiguos estados de Río de Janeiro y Guanabara.
Se observa que el liderazgo de los partidos con relevancia nacional y estatal no se encuentra necesariamente entre los miembros del partido en la capital, sino más bien en los municipios de la región metropolitana. Por ejemplo, el MDB tiene como presidente estatal a Washington Reis, cuyo bastión electoral es Duque de Caxias. También del mismo municipio es el presidente del partido Solidaridade en Río de Janeiro, el diputado federal Áureo Ribeiro. El propio Partido Liberal (PL) está actualmente liderado por el diputado federal Altineu Côrtes, cuyo domicilio electoral se encuentra en el municipio de São Gonçalo.
Más allá del control partidario, el Estado tiene figuras cuyas acciones ilustran este patrón de internalización, en el que al menos tres figuras políticas locales, en algún momento de esta trayectoria preelectoral, se posicionaron como activos electorales en el intento de Eduardo Paes de ampliar el espectro político-geográfico de sus redes de apoyo.
Wladimir Garotinho (PP/União Progressista), alcalde reelegido de Campos dos Goytacazes, combina vínculos políticos históricos con la capacidad de gestionar una compleja maquinaria municipal y articular influyentes redes evangélicas. Washington Reis (MDB), figura clave en la región de la Baixada Fluminense, con experiencia como alcalde de Duque de Caxias y vínculos directos con diputados de su familia, articula el poder territorial mediante el control de las estructuras administrativas y la mediación de las demandas locales. Ambos pueden expresar agendas conservadoras, pero sus acciones se basan en la gestión diaria de las redes que garantizan la estabilidad municipal.
Figura clave en el panorama político estatal, el diputado federal Dr. Luizinho (PP/União Progressista) es otro ejemplo de esta dinámica. Diputado federal con una sólida base en Nova Iguaçu y una influencia significativa en sectores estratégicos como la salud, vio reducido su alcance político tras el escándalo de las graves fallas de bioseguridad en el estado. Este episodio demuestra que los escándalos pueden alterar el equilibrio de poder entre los líderes locales, lo que pone de relieve la sensibilidad de estas redes a las condiciones prácticas de la gobernanza, más que a la alineación ideológica nacional.
La estrategia de Paes busca operar en este campo: ampliar los vínculos con estos líderes, estabilizar las alianzas regionales y reducir la posibilidad de que la extrema derecha tenga una plataforma sólida en el estado en 2026. Vale la pena señalar que esta expansión hacia el interior no es meramente un movimiento geográfico, sino un intento de reorganizar el panorama político del estado en torno a pactos territoriales que limitan el espacio de la oposición, lo que tiene consecuencias ideológicas.
Esto se debe a que, en este movimiento, Paes adopta un discurso pendular, alternando entre posturas de derecha e izquierda según la audiencia, la agenda y el territorio. Esta oscilación no refleja una indecisión programática, sino una estrategia para ampliar su margen de negociación en un estado donde diferentes segmentos del electorado se estructuran por demandas territoriales, redes locales y profundas divisiones en materia de seguridad pública. Este discurso pendular funciona como un mecanismo para acercarse simultáneamente a los sectores conservadores —especialmente en la región de la Baixada Fluminense y el interior— y a las redes progresistas que conforman su base en la capital.
La oscilación estratégica de Paes se hace aún más evidente al observar sus maniobras en torno a la agenda de seguridad pública. Su visita a Nayib Bukele, presidente de El Salvador, en abril de este año, encaja precisamente en este esfuerzo por adaptar su discurso al entorno político local. El gesto se dirigió principalmente a los votantes de la región de la Baixada Fluminense y a zonas fuertemente afectadas por milicias y grupos armados, donde las propuestas de sanciones más severas tienen un atractivo inmediato. Al mismo tiempo, al abordar públicamente el tema, evita declaraciones que indiquen explícitamente su adhesión al modelo salvadoreño, preservando su conexión con los sectores progresistas de la capital y con el ámbito democrático. Esta ambigüedad se mantuvo en el evento político más importante de 2025 para los votantes de Río de Janeiro, cuya magnitud tuvo un impacto significativo a nivel nacional, ofreciendo al entonces desconocido gobernador Cláudio Castro (PP) sus momentos de gloria, a costa de más de cien vidas y una ciudad paralizada durante al menos un día.
Con la seguridad pública cobrando cada vez mayor importancia en las próximas elecciones, parece surgir un nuevo candidato de la derecha carioca: el actual alcalde de Belford Roxo, Marcio Canella (União Brasil). Canella, diputado estatal con mayor número de votos en las elecciones de 2022, asumió la alcaldía en 2024 de una ciudad con un historial de violencia en Río de Janeiro. Inmediatamente adoptó la campaña "Cero Barricadas" y actuó directamente sobre el tema. Esta estrategia política fue reconocida, lo que incrementó su popularidad y fue replicada por el gobernador del estado, consolidándolo como un candidato probable, dado el debilitamiento de la candidatura del presidente de la Asamblea Legislativa del Estado de Río de Janeiro (ALERJ), Rodrigo Bacellar (União Brasil).
3. La Plataforma de Río de Janeiro: La relevancia de Río de Janeiro en el escenario nacional
La seguridad pública sigue siendo el eje determinante de la orientación política en el estado de Río de Janeiro, pero su peso hoy trasciende el ámbito estatal. Si bien la seguridad siempre ha tenido implicaciones nacionales, el tema ha adquirido una centralidad sin precedentes a medida que el crimen organizado ha comenzado a operar de manera integrada en redes que cruzan las fronteras municipales y estatales. Facciones, milicias y grupos armados han estructurado cadenas de acción cada vez más interconectadas, capaces de producir efectos simultáneos en diferentes regiones del país. Este proceso ha redefinido la seguridad como una división nacional, capaz de organizar identidades políticas, estructurar expectativas electorales y dar forma a coaliciones institucionales en múltiples niveles. El alcance territorial de la violencia —distribuida entre milicias, facciones y redes de protección armada interestatales— crea un entorno en el que la demanda de respuestas rápidas tiende a desviar el debate hacia soluciones a corto plazo y acciones de impacto inmediato.
En este contexto, el campo progresista enfrenta limitaciones evidentes. Su repertorio tradicional —basado en políticas sociales, urbanización, prevención y presencia estatal— no encuentra una traducción inmediata en contextos donde el miedo, la sensación de abandono y el control territorial de los grupos armados condicionan la experiencia cotidiana de los votantes. En regiones como la Baixada Fluminense, partes de la Zona Oeste y municipios del interior, la promesa de "restaurar el orden" funciona legítimamente como un elemento determinante en la movilización de sentimientos y ansiedades que precipitan las identidades políticas, ya que vincula la seguridad con la dignidad, la vida cotidiana y el acceso a los servicios.
Este escenario favorece a los candidatos de derecha, incluyendo a aquellos que carecen de una coherencia programática consistente en el área, pero que recurren a una narrativa punitiva unificada: aumento de las penas, ampliación de los recursos para las fuerzas de seguridad, autorización del uso más intensivo de la fuerza policial y restablecimiento de la autoridad estatal ante la percepción de desorden. La efectividad electoral de este discurso no depende de la viabilidad técnica de las propuestas, sino de su capacidad para sintetizar estos sentimientos y ansiedades, especialmente en regiones marcadas por una presencia estatal limitada y la demanda de respuestas inmediatas a la violencia.
Por otro lado, la fragmentación del sistema de seguridad —entre policías, guardias municipales, grupos armados y estructuras locales informales (las milicias)— incentiva la actuación de las élites territoriales, que se posicionan como mediadoras entre el Estado y los residentes. Este sistema impulsa la política local y sustenta un liderazgo que combina la influencia comunitaria, las relaciones con las corporaciones de seguridad y las milicias, y el acceso a recursos federales mediante enmiendas parlamentarias.
El argumento presentado por Antonio Lavareda en un artículo publicado en Folha de S. Paulo el 22 de noviembre de 2025, según el cual «la seguridad no decide las elecciones presidenciales en Brasil», debe relativizarse ante la transformación que está experimentando el sistema político. Paradigmas considerados estables, como la centralidad de la economía en las decisiones electorales y la expectativa de moderación discursiva por parte de los gobernantes, se ven amenazados por el auge de una extrema derecha que ha nacionalizado el punitivismo y adoptado un discurso de radicalización contra enemigos internos y externos. Lo que antes era un repertorio restringido a la derecha subnacional se ha convertido en una bandera de alcance nacional, movilizada por líderes que explotan abiertamente el miedo, se presentan como barreras contra amenazas difusas y abogan por una mayor brutalidad estatal ante la percepción de desorden. En este contexto, la seguridad pública ya no opera como un asunto periférico, sino como una división capaz de estructurar identidades políticas, reorganizar coaliciones y moldear las decisiones electorales, incluso en la contienda presidencial.
Así, la seguridad pública, la internalización de alianzas y la redistribución del poder mediante enmiendas convergen para reposicionar a algunas fuerzas políticas de Río de Janeiro como actores centrales en el tablero de ajedrez de las elecciones nacionales de 2026. En este contexto, creo que el resultado electoral no se definirá exclusivamente por la circulación de narrativas nacionales, ya sean favorables a la derecha, como la seguridad pública y las cuestiones morales, o a la izquierda, como la economía, las políticas sociales y el medio ambiente. Dependerá, sobre todo, de la capacidad de los candidatos presidenciales y estatales para operar en los ámbitos territoriales donde actualmente se concentran el poder político, los recursos públicos y los mecanismos de movilización eficaces.
La fuerza electoral de la extrema derecha se sustenta en el acceso a estos pactos locales, mientras que las maniobras de Eduardo Paes —al interactuar con élites oportunistas, ajustar el discurso de seguridad y reducir el espacio para una plataforma opositora— alteran el panorama político del estado, con impactos inmediatos en la contienda presidencial. La conexión entre territorio, enmiendas y seguridad pública hace que Río de Janeiro sea crucial para definir las estrategias del campo progresista para 2026. La contienda requerirá atraer a los sectores no extremistas de la derecha y forjar acuerdos pragmáticos para este propósito. El país aún intenta recuperar las instituciones, las políticas públicas y la protección socioambiental; no sobrevivirá a otro ciclo de degradación como el experimentado bajo el gobierno de Bolsonaro.
La detención de Jair Bolsonaro —en un episodio marcado por el uso de un hierro candente para burlar el grillete electrónico y la convocatoria de una vigilia frente a su casa— puede ofrecer un impulso al gobierno al desplazar, aunque sea temporalmente, el foco del debate público de la seguridad a la polarización con el bolsonarismo, precisamente la dinámica que permitió la formación del frente amplio victorioso en 2022 y que sigue siendo la apuesta más consistente para repetir ese resultado en 2026.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
