Entre ciclos, cuerpos y sentidos: Día Internacional de las Personas con Discapacidad
"¡Feliz cumpleaños para mí y feliz día de reflexión sobre nuestras (dis)capacidades!"
Hace unos 50 años, en este día, nací… pero no fue hasta 1992 que las Naciones Unidas establecieron una fecha para promover la comprensión de las cuestiones de discapacidad y garantizar los derechos y la dignidad de las personas con discapacidad.
Celebrar un cumpleaños es un gesto simbólico que trasciende la cuenta de los días. No se trata solo de completar otro ciclo, sino de reconocer que el tiempo no pasa sobre nosotros, sino dentro de nosotros. Cada año vivido marca el cuerpo, transforma el alma, reorganiza los deseos y reinscribe, en la trama del inconsciente, las huellas de lo que pudimos haber sido y de lo que aún intentamos significar. ¡Soy una persona con discapacidad y hoy celebro mi cumpleaños!
Celebrar un cumpleaños el 3 de diciembre, Día Internacional de las Personas con Discapacidad, significa abrazar una convergencia poco común: el encuentro entre la temporalidad íntima del individuo y la temporalidad política de los cuerpos que cuestionan la norma. Hay algo profundamente psicoanalítico en este encuentro, porque ambos movimientos —el de renacer y el de reclamar la humanidad en un mundo capacitista— exigen una operación similar: dar sentido a lo que siempre ha sido significado por los Otros.
En la lógica del inconsciente, el nacimiento no es un acontecimiento pasado; es un proceso continuo. Nacemos cada vez que logramos simbolizar el dolor, transformar una limitación en una forma de vida o crear una narrativa capaz de sustentar nuestra existencia frente a la realidad. En este sentido, un cumpleaños no celebra la cronología, sino el poder de transmitirse, de reactualizar la propia historia y de reinscribirse en el mundo.
Cuando pensamos en la discapacidad, esta relación con el nacimiento adquiere un nuevo cariz. El capacitismo opera precisamente al privar a la persona con discapacidad de la autoridad sobre su propia autosignificación. El cuerpo siempre es interpretado por los demás: como inferior, como defectuoso, como insuficiente. El viaje subjetivo —y político— consiste en recuperar el derecho a significarse, a nombrarse, a existir sin pedir permiso. En este sentido, la discapacidad no es ausencia; es diferencia. No es carencia; es forma. Y, sobre todo, no es un límite; es lenguaje. Un lenguaje que he habitado desde que perdí mi ojo izquierdo, aún en la infancia, a causa de sífilis congénita.
Al igual que quien celebra un cumpleaños, un cuerpo con discapacidad también afirma: Soy una historia en desarrollo. Soy lo que me sucedió, pero también lo que hago con lo que me sucedió. Soy lo que el mundo intentó bloquear, pero también lo que reinvento a pesar de ello y desde ello. Soy una marca, pero también un gesto. Soy un límite, pero también una apertura.
Si para Freud la vida psíquica es la labor de conectar lo que se nos escapa, y si para Lacan el sujeto es ese agujero que insiste en significarse, celebrar un cumpleaños hoy, este 03 de diciembre, es aceptar que cada cuerpo es un texto inacabado que exige una lectura atenta. La discapacidad, entendida más allá del estigma, nos enseña lo esencial: que no hay cuerpo que no necesite apoyo, que no hay sujeto que no dependa de redes, que la independencia es un mito y que la interdependencia es la verdad más profunda de la humanidad.
Tal vez ésta sea, después de todo, la lección que une mi cumpleaños y el Día Internacional de las Personas con Discapacidad: somos seres que sólo podemos sostenernos porque el otro existe, y porque existimos unos para otros.
Hoy, por tanto, la invitación es doble: celebro mi trayectoria única con todos los desafíos que me han moldeado, y reconozco la dignidad radical de los cuerpos que insisten en vivir en un mundo que aún no ha aprendido a nombrarlos sin violencia. Porque nacer —y renacer— es siempre un acto político.
Y porque cada cumpleaños, especialmente en este día, es también un recordatorio de que, antes de cualquier diagnóstico o diferencia, somos seres deseantes, hablantes, capaces de producir sentido donde antes sólo había silencio.
¡Feliz cumpleaños para mí y feliz día de reflexión sobre nuestras (des)ficiencias!
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
