Entre las sanciones contra Venezuela y el ascenso de Brasil a aliado de la OTAN, resistimos.
"Mientras los pueblos de América Latina y el Caribe se movilizan en constante resistencia contra los avances autoritarios, reaccionarios e imperialistas en toda la región, se acumulan los obstáculos que debemos superar, pero también crece el ímpetu de los pueblos para luchar juntos", escribe el presidente del Consejo Mundial de la Paz.
Durante meses, debido a las medidas criminales promovidas por el imperialismo estadounidense y sus cómplices contra un gobierno legítimo, el valiente pueblo venezolano ha sufrido las duras consecuencias de severas sanciones. Entre ellas se encuentra la retención de cientos de millones de dólares venezolanos, lo que dificulta la compra de medicinas y alimentos, así como el pago de la deuda externa, de la cual el país es responsabilizado de manera hipócrita y cínica. Es necesario reiterar la denuncia de que la asfixia del pueblo como castigo por sus decisiones democráticas constituye un verdadero crimen contra la nación perpetrado por los imperialistas.
En la reunión ministerial del Movimiento de Países No Alineados celebrada en Caracas a finales de julio, las más de 120 delegaciones declararon su apoyo a una Venezuela soberana y resiliente; denunciaron enérgicamente las sanciones, mecanismos del imperio para interferir en el país hermano con el fin de desestabilizar un gobierno legítimamente elegido, pero que no agrada a Estados Unidos.
Se estima que el endurecimiento de las sanciones anunciado el lunes 5 de agosto por un Donald Trump jactancioso, beligerante y arrogante constituye la medida más agresiva de su tipo desde que reconoció ilegítimamente al líder golpista Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela a principios de este año. El endurecimiento de las sanciones consiste en la congelación de todos los activos del gobierno venezolano en Estados Unidos. Guaidó, indiferente al futuro de su pueblo, como ya lo ha demostrado, declaró a los medios conservadores estar satisfecho con la medida, otro ataque criminal contra la democracia y la dignidad del pueblo venezolano.
Al día siguiente del anuncio de Trump, el 6 de julio, unos 60 países se reunieron en la capital peruana, que da nombre al tristemente célebre Grupo de Lima, integrado por actores que interfieren en la política interna de Venezuela. Los medios internacionales especularon sobre si la escalada previa a la reunión era mera retórica o un paso más hacia la adopción del embargo criminal, el bloqueo, similar al impuesto a Cuba durante las últimas seis décadas. Ante la persistente y orgullosa resistencia del pueblo cubano y su liderazgo, como bien sabemos, las consecuencias de tal medida son devastadoras e imponen un sufrimiento incalculable, en diversas dimensiones, al pueblo al que los promotores de estas medidas, descaradamente, afirman proteger.
Cabe recordar que América Latina y el Caribe fueron proclamadas Zona de Paz no hace mucho tiempo en la gloriosa Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en La Habana en 2014. Pero entre los desafíos que enfrenta la región se encuentran el continuo bloqueo a Cuba, la proliferación de bases militares extranjeras, la desestabilización y los intentos de golpe de Estado en Nicaragua, los reveses en el crucial proceso de paz colombiano y el resurgimiento de fuerzas conservadoras de extrema derecha supeditadas a Estados Unidos.
Recientemente, Trump confirmó que el Brasil de Jair Bolsonaro se ha convertido en un importante aliado externo de Estados Unidos fuera de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), esa maquinaria bélica imperialista que amenaza a pueblos de todo el planeta y que, además, cuenta con sus propios programas de asociación extrabloque. Esto se produce tras la firma del acuerdo para la transferencia de la base espacial de Alcântara a Estados Unidos, con un acuerdo de salvaguardias tecnológicas que, en esencia, reproduce el que fue rechazado hace décadas por violar la soberanía brasileña.
En la región, el vergonzoso estatus de socio global de la OTAN solo lo ostenta Colombia, un país transformado por décadas de terrorismo de Estado y un liderazgo agresivo en una importante plataforma militar estadounidense para controlar su entorno. Al promover a Brasil como aliado fuera de la OTAN, tal como lo hizo con Argentina, Estados Unidos continúa intentando expandir su influencia, incluyendo a más países en la esfera de operaciones del bloque beligerante, compuesto ahora por 29 países de Europa, Estados Unidos y Canadá. El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, citado por... Reuters En abril, se sugirió que la nominación de Trump aún podría ser debatida por los miembros restantes, quienes dieron la bienvenida a Colombia en 2017 como el primer socio global en América Latina, para su inclusión en el mismo club.
En otras regiones, otros países gozan de este estatus en el marco de las «Asociaciones Globales»; también existen otros programas similares dentro de las estructuras del bloque militar. Aún más alarmante es el libre mercado de la guerra, fruto de la estrecha simbiosis que la OTAN mantiene con el complejo militar-industrial.
Sin duda, aunque el actual gobierno brasileño afirma que este acercamiento representa una gran oportunidad comercial y de seguridad, y no ideológica, según el vicepresidente Hamilton Mourão, su propósito es más que evidente, sobre todo considerando los acontecimientos en los que Trump y Bolsonaro impulsaron esta alianza. Como aliado, admite Mourão, Brasil tendrá un acceso más fácil a armamento y equipo militar estadounidenses. El acuerdo está cerrado. Obviamente, esto presupone otro nivel de relaciones en el ámbito militar que contribuirá aún más a la injerencia estadounidense en la región. Claramente, la soberanía brasileña vale poco ante una nueva oportunidad para servir al imperio.
Por lo tanto, el lema del Encuentro Antiimperialista de Solidaridad, por la Democracia y contra el Neoliberalismo, «Nosotros, los pueblos, continuamos la lucha», que tendrá lugar en noviembre en la capital revolucionaria, La Habana, resulta más que oportuno. Los pueblos en lucha se reúnen en cada oportunidad para fortalecer su unidad en la resistencia antiimperialista y en la reconquista del continente por las fuerzas democráticas y pacíficas.
En cada país y en cada organización, debe fortalecerse la movilización basada en esta solidaridad que nos une para enfrentar, juntos, los dictados del imperio, en defensa de la soberanía de nuestras naciones y de la amistad entre pueblos libres de agresión e injerencia imperialista.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.

