Envejeciendo, ¿qué es ese ruido?
Envejecemos el cuerpo biológico pero no el cuerpo erótico.
Podríamos sorprendernos al encontrarnos con el significante "viejo". Pero la recuperación dependerá de nuestra profundidad, de nuestra capacidad para entretenernos con la memoria: la trama que tejemos a lo largo de nuestra existencia, marcas indelebles que dan forma y significado a lo que experimentamos.
Disfruto de los recuerdos, de las cosas locas que no me perdí.
La vida no perdona la cobardía; exige valentía moral. No podemos desviarnos de nuestros deseos. Renunciar a los sueños es acelerar la vejez. Un joven que no se lanza de cabeza a las utopías ya nace viejo.
Más allá de las motivaciones subjetivas que ayudan a disfrazar, a teñir la vejez con un retorno a un pasado rojo, rastros mnemotécnicos que aún provocan sensaciones ardientes - malestares que nos remueven por dentro, una fuerza incendiaria que nos lanza a un tiempo vibrante, hay adversidades, frustraciones, pérdidas.
Aunque, ante circunstancias tan intensas, los dolores y las limitaciones del envejecimiento no son más que obligaciones cotidianas, el envejecimiento es un momento para llenar nuestra mente con los ingredientes que llevamos dentro.
Creo que el momento presente, la edad avanzada, no es más que una repetición de experiencias: pasajes de presagios y/o grandes emociones. Si tenemos un pasado aburrido, gris y tibio, perdido en una obediencia sin sentido, comprometidos con el modelo dominante, apegados a las reglas formales, la vejez seguirá el mismo camino. Una vida pobre y deshidratada. Lo que aporta calor y entusiasmo al alma son los desafíos, la forma en que nos lanzamos a la aventura humana. Al romper con el estilo de vida pequeñoburgués de mi familia y lanzarme de lleno a la lucha contra la dictadura militar en los años ochenta, descubro las contradicciones de la vida en el despertar de la dialéctica. Sin duda, establecí criterios de decisión que han hecho mi existencia bastante emocionante. Más ética, honesta y digna. Disfruto profundamente de estos recuerdos, una rebelión necesaria. Como dijo Drummond: «Anda, Carlos, sé un torpe en la vida».
Sin embargo, no guardes rencor ni arrepentimiento. Envejecemos con las neurosis que no abordamos. Por lo tanto, saber cómo superarlas es más que necesario. Aunque nunca es tarde para volver a un sofá.
Si bien tenemos que afrontar la edad, los cuidados que ella nos exige y que hoy se cantan, se recomiendan, se facilitan, la cuestión es mucho más de orden interno –la calidad de nuestras fantasías, la atmósfera onírica que veneramos– que de orden fisiológico.
Envejecemos el cuerpo biológico pero no el cuerpo erótico.
Rechacemos la pulsión de muerte.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
