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César Fonseca

Reportero político y económico, editor del sitio web Independência Sul Americana

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¿Podría el Estado chino contener un desplome del mercado inmobiliario?

“¿Una sacudida generalizada en la economía mundial debido a una avalancha especulativa contra el mercado inmobiliario en la China de Xi Jinping, que haga bajar los precios, representaría un impacto que tendería a favorecer o no a favorecer la economía brasileña?”, pregunta el periodista César Fonseca.

¿Podría el Estado chino contener un desplome del mercado inmobiliario? (Foto: REUTERS/Aly Song)

Por César Fonseca 

¡Ta-da! 

Temblores en el mercado inmobiliario: una avalancha de caídas en las acciones del gigante chino Evergrande tras anunciar la suspensión de pagos a sus acreedores. Estos son los efectos nocivos de la desaceleración económica global, que se extienden desde la mayor economía del mundo por capitalización bursátil, en el contexto de una pandemia que se está convirtiendo en endémica. Cuidado. 

¿Qué pasará con el mineral de hierro y los cereales si la economía china sufre una fuerte recesión, con el sector inmobiliario colapsando y la oferta superando la demanda? Habrá un excedente de bienes y los precios caerán. ¿Se repetirá la situación de 1929, cuando hubo una sobreoferta de automóviles ante el desplome del consumo? Los bienes inmuebles se venderían a precios bajísimos en el mercado interno. Se necesitarían salarios para que se consumieran; de lo contrario, se deteriorarían. ¿Acaso el Partido Comunista Chino, controlando la economía, emitiría moneda para impulsar el poder adquisitivo, redoblando la apuesta? 

CAOS NEOLIBERAL

Lo cierto es que, desde una perspectiva global, la presión salarial intensificada por las reformas neoliberales de Bolsonaro, dictadas por el FMI y Wall Street para promover la extracción de plusvalía en la periferia capitalista brasileña y latinoamericana en general, dejaría de ser beneficiosa. Surgiría un escenario diferente. Los capitalistas necesitarían consumidores. ¿Cómo aumentar el consumo sin salarios, como ocurre actualmente en Brasil, azotado por el subconsumo y el desempleo que afecta a 14 millones de trabajadores y a más de 60 millones de personas socialmente excluidas del mercado de consumo, atrapadas en la lista negra del crédito? 

¿No fue eso lo que ocurrió en 2008 con el colapso de Lehman Brothers, que desató el terror económico a escala mundial? Había un excedente de bienes. La deflación era el diagnóstico que prácticamente todos los economistas del mundo pronosticaban. 

¿Otra pequeña ola?

Lula, como presidente, no dudó en aquel momento; aumentó los salarios y mejoró la distribución del ingreso nacional. Salió de la crisis afirmando que solo había sido una pequeña ola. La derecha liberal, enemiga del PT (Partido de los Trabajadores), que se aliaría con los fascistas en su contra en 2018 para elegir a Bolsonaro, despreció al presidente del PT. Demostraron entender mucho menos sobre capitalismo que el presidente de la clase trabajadora, quien conoce el valor de los salarios para impulsar la demanda global. Posteriormente, la derecha, en su ingenuidad, tuvo que reconocer su error. De no haber sido por la decisión de Lula de aumentar el gasto público e incluir a los pobres en el presupuesto federal, la crisis habría destruido los activos del capitalismo industrial, comercial y de servicios en Brasil. ¿Se repetiría la historia? ¿Representaría una sacudida general en la economía mundial, debido a una fiebre especulativa contra el mercado inmobiliario en la China de Xi Jinping, que provocaría una caída de los precios, un golpe que tendería a favorecer o perjudicar a la economía brasileña, sumida en una recesión y un desempleo récord? 

BURSATILE COUP

El desplome de la bolsa mundial comenzó este lunes. ¿Es solo un susto o la punta del iceberg en un escenario global sacudido por la pandemia de COVID-21, que ha puesto de rodillas al sistema capitalista y ha obligado a los gobiernos a abandonar el neoliberalismo ortodoxo? La especulación y la locura se han apoderado de los mercados financieros mundiales. ¿Se tomaría un respiro el capitalismo productivo —comercial e industrial— asfixiado por el capitalismo financiero especulativo, si el banco central se viera repentinamente obligado a modificar las restrictivas normas monetarias para respaldar las ganancias especulativas del mercado financiero, que ha sido el más beneficiado durante la pandemia? ¿Se produciría una recesión económica en plena campaña electoral de 2022? ¿O acaso el gobierno chino evitaría el colapso del mercado, lo que lo llevaría a una intervención estatal masiva? ¿Estaría a la altura de las circunstancias? Cabe destacar que, desde 2008, la Reserva Federal ha estado inyectando dinero en circulación y, sin embargo, no ha logrado reactivar la economía estadounidense, lo que ha provocado que Estados Unidos pierda su hegemonía global y que el dólar sufra repetidos golpes. ¿Está Estados Unidos, en este preciso momento, iniciando una guerra monetaria con China para minar la confianza mundial en este país, que se está consolidando como la mayor economía del siglo XXI? Si Pekín recurriera a la misma estrategia, ¿existiría una diferencia cualitativa en el comportamiento del capitalismo/socialismo chino en comparación con el capitalismo occidental, interviniendo realmente el Partido Comunista Chino para contener las crisis que tradicionalmente se producen en las llamadas economías de mercado, caracterizadas por la anarquía productiva propia del libre mercado?

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.