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César Fonseca

Reportero político y económico, editor del sitio web Independência Sul Americana

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El FMI empuja a Argentina hacia el fascismo.

Todo está jugando a favor de Milei tras la brutal devaluación del 22% de la moneda nacional.

El candidato presidencial argentino Javier Milei (Foto: REUTERS/Mariana Nedelcu)

El fuerte repunte del dólar en Argentina, del 22%, tras la victoria del fascista Javier Milei en las elecciones primarias amplias, simultáneas y obligatorias (PASO), es una exigencia del FMI para liberar 7,5 millones de dólares y estabilizar mínimamente el peso. Las consecuencias previsibles serán una inflación descontrolada, que ya ronda el 100% en 12 meses, situación que garantizaría el triunfo del fascismo en las elecciones presidenciales de octubre.

El gobierno peronista de Fernández carecía de los recursos necesarios para resistir el deterioro de la situación financiera heredada de la administración de Macri, después de que esta última contrajera préstamos por valor de 44 millones de dólares del FMI en duras condiciones.

Los ajustes fiscales y monetarios exigidos por el Fondo Monetario Internacional agravaron la crisis porque, al no contar con el apoyo de la población, provocaron un aumento repentino de los precios de los productos básicos en Buenos Aires.

Los salarios se han desplomado drásticamente, y la necesidad de recuperarse del declive interno mediante las exportaciones, a través de ajustes del tipo de cambio, ha llevado a la devaluación total de la moneda nacional, convirtiéndola en una mera figura retórica.

El gobierno de Fernández y su ministro de Hacienda, Sergio Massa, el candidato que quedó en tercer lugar en las elecciones del PASO, perdieron el control de la situación, lo que lo llevó al intento desesperado de una alianza infructuosa con China.

COLAPSO IMPRESIONANTE

Según un acuerdo especulativo, el gobierno recapitalizaría Argentina para pagar un préstamo con el FMI, con el fin de contar con reservas capaces de evitar el colapso del peso.

La transacción no se materializó a tiempo para que Fernández pudiera ganar margen de maniobra y evitar el colapso financiero de la moneda nacional, como una alternativa precaria para revertir la espiral inflacionaria.

El FMI, en una maniobra maquiavélica, retrasó la entrega de la suma acordada al gobierno todo lo posible, comprometiéndose a hacerlo solo el lunes, un día después del triunfo del fascista Milei.

Este retraso, que suscita sospechas de que el FMI manipuló a esta oposición ultrarradical para derrotar al candidato del gobierno en las elecciones del PASO, convierte al gobierno estadounidense en el principal sospechoso de acelerar una posible victoria del fascismo en las elecciones de octubre.

Tras la brutal devaluación del 22% de la moneda nacional, todo parece favorecer a Milei; de golpe, los precios generales se reajustarán en esa proporción, acelerando la consiguiente e inmediata pérdida de poder adquisitivo de los salarios. Por lo tanto, la drástica medida del FMI para supuestamente reactivar la economía genera serias dudas sobre esta posibilidad.

Es más probable que el descontento popular hacia el gobierno de Fernández, ya derrotado en los votos contados este domingo, se agudice, lo que debería traducirse en un fortalecimiento del candidato fascista en la carrera presidencial de octubre.

ARMA DE DESTRUCCIÓN DEL PERONISMO

El poder político del FMI actuó como un arma de destrucción contra el peronismo, obstaculizando enormemente las posibilidades del candidato peronista, Sergio Massa, quien quedó en tercer lugar en las elecciones del PASO, de superar las dificultades.

En última instancia, la mayor devaluación del peso actuará como un elemento aún mayor de desintegración económica y social.

El impacto de una posible victoria de Milei en el gobierno de Lula será evidente.

Para escapar de los efectos negativos de la bancarrota peronista, será necesario evitar el retroceso económico debido a la falta de inversión, algo impredecible dado que las medidas económicas y monetarias que se están debatiendo en el Congreso son insuficientes para garantizar un apalancamiento inmediato y sostenible para el Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC).

Cuatro de cada cinco analistas prevén dificultades para Lula dado el marco fiscal neoliberal que se debate en la Cámara de Diputados, ya que se enfrenta a la espada de Damocles del regreso al tope de gasto si, ante los obstáculos fiscales y monetarios, no logra aumentar la recaudación tributaria para garantizar el objetivo de eliminar el déficit fiscal en 2024.

El programa PAC (Programa de Aceleración del Crecimiento) lanzado por Lula depende de una flexibilización monetaria, que es impredecible dado que la tasa de interés Selic se sitúa en torno al 13,5% frente a una inflación a la baja, lo que, a muy corto plazo, ahuyenta a los inversores.

Para evitar esta sombría posibilidad, Lula, en el lanzamiento del PAC (Programa de Aceleración del Crecimiento), destacó que estos recursos se buscarán en el extranjero a través de incentivos que proporcionará el BNDES (Banco Brasileño de Desarrollo), mediante asociaciones público-privadas (APP), ciertamente con empresas multinacionales.

El capital internacional, a su vez, para ser atraído a la velocidad que exigen las prioridades de Lula, sin duda estará disponible a través de los fondos de inversión que actualmente impulsan el capitalismo imperialista.

Ya se conoce el precio que exigirán las multinacionales: una profundización de la privatización de los activos nacionales, en un escenario donde los capitalistas brasileños se ven perjudicados por un modelo de desarrollo que concentra la renta y fomenta la desigualdad social, lo que socava el mercado de consumo interno.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.