El genocidio del pueblo yanomami exige justicia transicional.
"Es esencial que los agentes de Bolsonaro sean juzgados por crímenes de lesa humanidad y genocidio en tribunales brasileños e internacionales", afirma Miola.
Por Jeferson Miola, para 247
El genocidio del pueblo yanomami vincula a Brasil con las experiencias más bárbaras y atroces de exterminio humano en la historia de la humanidad.
Es imposible no asociar esos cuerpos esqueléticos, de niños y adultos con los huesos al descubierto y la vida pendiendo de un hilo, con las víctimas del horror nazi exterminadas en los campos de concentración.
Hemos descubierto, trágicamente, que Auschwitz nos resulta familiar.
El genocidio yanomami no se debió a negligencia ni a incompetencia gubernamental, lo cual, de por sí, ya sería extremadamente grave. Fue un proceso deliberado y metódico, llevado a cabo como política de Estado por el gobierno militar fascista.
La invasión de tierras indígenas formó parte de un modelo económico ilegal, criminal y destructivo inducido por el propio Estado.
El ministro de Justicia, Flávio Dino, considera que "las reiteradas solicitudes de ayuda contra la violencia derivada de la minería ilegal, así como la falta de acciones efectivas y de servicios de salud disponibles para los yanomami, ponen de manifiesto una posible intención de causar un daño grave a la integridad o incluso provocar la extinción de este grupo indígena".
Al igual que el pueblo yanomami, el indigenista brasileño Bruno Pereira y el periodista inglés Dom Philips fueron asesinados por este sistema criminal apoyado por el Estado.
No se trató simplemente de negligencia, sino de facilitación estatal que permitió que la tragedia continuara hasta el exterminio total del pueblo yanomami.
Un ejemplo sorprendente de esto es la negativa del Ejército a facilitar el transporte aéreo de una delegación de parlamentarios a la zona de Yanomami en mayo de 2022.
En aquel momento, el general Francisco Humberto Montenegro Júnior, entonces jefe de Estado Mayor del Comandante del Ejército, justificó la deliberada reticencia debido a los "limitados recursos aéreos disponibles en la región amazónica".
Se trata de una justificación cínica por parte de una institución que incluso ha utilizado un helicóptero del Ejército para entregar una revista Playboy al conspiranoico Villas Bôas en la selva amazónica.
El reciente descubrimiento de esta catástrofe humanitaria sorprende por su gravedad, pero también es alarmante porque pone de manifiesto que todavía no comprendemos realmente el horror, la devastación y la tragedia causados por el gobierno militar fascista.
Es esencial que los partidarios de Bolsonaro sean juzgados y castigados por crímenes de lesa humanidad y genocidio en tribunales brasileños e internacionales.
El Estado debe reparar el daño causado al pueblo yanomami y restituirles sus tierras, libres de minería ilegal, agricultura ilegal, actividades extractivas y otras prácticas económicas delictivas.
El exterminio del pueblo yanomami coloca a Brasil ante el deber ineludible de promover la justicia transicional. La restauración de la democracia posfascista no estará completa hasta que el país redescubra la verdad, la justicia y la reparación.
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*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.

