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Leonardo Attuch

Leonardo Attuch es periodista y redactor jefe de 247.

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Guerra de fans

En circunstancias normales, una recesión económica impulsaría a los principales líderes del país a reunirse y debatir soluciones en busca de consenso. Sin embargo, lo que vemos es lo contrario: una guerra política interminable, como si las elecciones de 2014 ya se hubieran fusionado con las de 2018. Y peor aún: una disputa que recuerda a las antiguas agrupaciones de hinchas organizadas.

São Paulo, SP, Brasil, 17/02/2016. Manifestantes afiliados a la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) protestan frente al Foro Barra Funda, en la zona oeste de la ciudad. Foto: Roberto Parizotti/CUT (Foto: Leonardo Attuch).

La semana pasada, el Banco Central publicó un panorama de la economía brasileña en 2015: una reducción de la actividad superior al 4 %. Para este año, las previsiones indican otra caída, con estimaciones que oscilan entre el 3 % y el 4,5 %. Por lo tanto, lo que Brasil experimenta hoy ya no es una recesión, sino una depresión económica, lo que ha provocado una nueva rebaja de la calificación por parte de Standard & Poor's.

En circunstancias normales, una situación de esta gravedad obligaría a los principales líderes del país a reunirse para debatir y buscar consensos. Sin embargo, lo que vemos es lo contrario: una guerra política interminable, como si las elecciones de 2014 ya se hubieran fusionado con las de 2018. Y peor aún: una disputa al estilo de las antiguas agrupaciones de hinchas organizadas.

El fin de semana pasado, Gaviões da Fiel, una hinchada del Corinthians, alzó pancartas contra los "ladrones de almuerzos escolares", sin aclarar si se trataba de un mensaje para el diputado estatal Fernando Capez (PSDB-SP), presidente de la Asamblea Legislativa, famoso por prohibir la entrada de hinchas organizadas a los estadios, o para el gobernador Geraldo Alckmin. A mediados de semana, grupos pro y anti-Lula se enfrentaron frente al Foro Barra Funda en São Paulo, donde el expresidente fue citado a declarar sobre el caso Guarujá.

Este ambiente beligerante no ayuda a Brasil a encontrar soluciones a una crisis económica que sigue cobrándose víctimas. La industria de São Paulo, por ejemplo, comenzó 2016 recortando 15 empleos. Empresas que otrora fueron gigantes, como Usiminas, anuncian pérdidas de miles de millones. Y los líderes políticos parecen solo preocuparse por sus propios intereses.

Lo que Brasil necesita hoy es diálogo entre líderes responsables. Es hora de mitigar los efectos de la crisis en los sectores de la construcción y la infraestructura, los más afectados por la Operación Lava Jato, y también de apoyar reformas estructurales que garanticen la solvencia a largo plazo del Estado brasileño. Con un mínimo de paz política, la recuperación de Brasil será más rápida de lo que muchos imaginan.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.