La guerra es la guerra.
La administración Trump puede estar llevando a Estados Unidos a un atolladero del que no será fácil salir.
La estrategia del gobierno de Donald Trump es clara, pero necesita adaptarse en función de los objetivos que persigue.
El objetivo del ataque contra Irán era lograr los mismos resultados que los obtenidos en Venezuela. Esta acción se convirtió en un punto de referencia central en la estrategia de la administración Trump.
Pero, como dicen, un país es un país, y otro país es otro país. La propia capacidad de respuesta del gobierno iraní, al atacar a importantes aliados de Estados Unidos en la región, repercute en su propia política petrolera.
El objetivo de la administración Trump era lograr una capitulación similar a la que logró en el caso de Venezuela. Este objetivo aún no se ha logrado, a pesar del grave daño ya infligido a Irán.
No será una guerra corta con una victoria aplastante para Estados Unidos. La sorprendente capacidad de reacción de Irán y su decisión de no retomar las negociaciones con Estados Unidos ya demuestran que la guerra no será corta y que no habrá capitulación, como ocurrió con Venezuela, que sirve de referencia exitosa para la administración Trump.
La estrategia actual de Estados Unidos consiste en el uso de la fuerza, combinado con amenazas constantes. De esta manera, la administración Trump se reserva el derecho de diversificar sus acciones en todo el mundo, actuando como una fuerza policial global.
Pero su política tiene límites. En primer lugar, están las reacciones de la opinión pública estadounidense, que tiende a reaccionar positivamente al gobierno siempre que se trate de una acción puntual y limitada en el tiempo. Cuando el conflicto se extiende y comienzan a morir soldados estadounidenses, la situación se complica para Donald Trump, quien tiene la mirada puesta en el conflicto armado, pero también en la perspectiva de las próximas elecciones en Estados Unidos. Las reacciones internas, incluso de sectores del Partido Republicano, son negativas para el gobierno. La población estadounidense, en su mayoría, no quiere que Estados Unidos entre en una nueva guerra.
Derrocar al régimen iraní es mucho más complicado que capitular al régimen chavista. El gobierno de Estados Unidos, como en todos los intentos de intervención militar en diversos países, espera un levantamiento popular contra el gobierno. Este fue el caso de la fallida intervención en Cuba y otros países.
Hasta el momento, no hay perspectivas de ninguna movilización interna contra el gobierno. Por el contrario, las movilizaciones, hasta el momento, tienden a fortalecer el apoyo al gobierno frente a los ataques de Estados Unidos e Israel.
El daño infligido fue grave, mayor que el simple secuestro del presidente venezolano, pero insuficiente para derrocar al régimen e instalar a quien Estados Unidos proponga para dirigir el país.
Se ha descartado la idea de una intervención rápida que llevaría a la caída del régimen. La administración Trump podría estar llevando a Estados Unidos a un atolladero del que no será fácil salir.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.



