Vivienda y saneamiento como derechos universales.
Según la Ley de Saneamiento (n.º 11445/2007), todas las ciudades deben contar con un plan municipal de servicios de agua, alcantarillado, residuos y drenaje pluvial, elaborado con la participación de la población. El ayuntamiento elabora el plan y el Gobierno Federal lo aprueba, lo que permite al municipio recibir fondos para proyectos de infraestructura.
La vivienda es un elemento de la producción y reproducción social, y está relacionada con otros derechos: educación, salud, transporte, ocio, empleo e ingresos, saneamiento básico, todos fundamentales para la dignidad humana.
Datos del Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA) muestran que el déficit habitacional disminuyó un 8,04% entre 2009 y 2012 –durante los gobiernos Lula/Dilma– e indican que las políticas gubernamentales han tenido cierto éxito en esa área.
Sin embargo, aún queda un gran esfuerzo por hacer para eliminar el déficit lo antes posible. Actualmente, el déficit asciende a cinco millones de viviendas, y se estima que la demanda de vivienda social alcanzará los 20 millones de unidades en 2024.
La creación de la Política Nacional de Vivienda en 2005 promovió las condiciones para el acceso a la vivienda, otorgando crédito y subsidios estatales e incrementando la aplicación de recursos públicos. Además de establecer un nuevo marco institucional, impulsó la creación de planes estatales y municipales de vivienda, con amplia participación social.
La estabilidad económica, la disminución gradual de las tasas de interés y el aumento de los ingresos familiares constituyeron el contexto en el que se produjo este progreso, impulsando el crecimiento económico y los niveles de empleo. En 2009, se creó el Programa Minha Casa Minha Vida, que estableció una amplia gama de estrategias para facilitar la adquisición de vivienda, con recursos proporcionados por el FGTS (Fondo de Indemnización por Tiempo de Servicio del Trabajador), el FAT (Fondo de Asistencia al Trabajador), la Caixa Econômica Federal y el Gobierno Federal.
Según datos de Caixa Econômica Federal, hasta julio de 2014, se habían contratado 3.553.314 viviendas a través del programa Minha Casa, Minha Vida (MCMV), con inversiones superiores a los 223 millones de reales. El programa generó más de un millón de empleos. Desde su creación hasta 2015, el FGTS (Fondo de Garantía de Tiempo de Servicio) financió 3,2 millones de viviendas, generando más de 10 millones de empleos directos e indirectos.
Según la profesora de la FGV, Ana Maria Castelo, programas como «Minha Casa, Minha Vida» (Banda 1) deben transformarse en políticas estatales y abordar problemas como el precio del suelo, la asignación de áreas para vivienda social y la cualificación de la mano de obra del sector. Para que el programa sea viable, estas tareas son responsabilidad de los municipios.
El saneamiento básico es esencial para una vivienda adecuada. Según información del Ministerio de las Ciudades, el 82,7% de los brasileños tiene acceso a agua potable, el 48,3% de la población tiene acceso a alcantarillado y solo el 38,7% de las aguas residuales del país reciben tratamiento. Además, 34 millones de brasileños carecen de acceso a agua potable y 103 millones de personas no están conectadas a sistemas de alcantarillado.
Estas estadísticas tienen innumerables consecuencias directas. En 2013, según el Ministerio de Salud, se registraron más de 340 hospitalizaciones por infecciones gastrointestinales, con un costo promedio de aproximadamente R$ 355,71 por paciente. En 2012, cerca de 300 trabajadores se ausentaron del trabajo por diarrea, lo que supuso la pérdida de 900 días de trabajo.
Más allá de los innegables beneficios para la calidad de vida y la salud, y el impacto económico en el país por la reducción de enfermedades asociadas a la falta de saneamiento, su universalización tiene el potencial de generar enormes oportunidades de empleo e ingresos. Crearía casi 500 puestos de trabajo.
La Federación Nacional de Trabajadores Urbanos – FNU/CUT – recomienda un amplio programa de recuperación y revitalización de los operadores públicos de saneamiento, oponiéndose a la privatización de esos servicios; la asignación de un porcentaje del PIB anual como forma de alcanzar las inversiones necesarias para que en 20 años el país alcance el acceso universal; y la implementación de instrumentos de control social para el seguimiento y fiscalización de las acciones.
Según la Ley de Saneamiento (n.º 11445/2007), todas las ciudades deben contar con un plan municipal de servicios de agua, alcantarillado, residuos y drenaje pluvial, elaborado con la participación de la población. El ayuntamiento elabora el plan y el Gobierno Federal lo aprueba, lo que permite al municipio recibir fondos para las obras.
Las comunidades pueden tomar iniciativas importantes para garantizar el cumplimiento de la legislación, como organizar reuniones de estudio para evaluar los problemas causados por la falta de tratamiento de aguas residuales y proponer mejoras, formar grupos para abordar problemas de saneamiento local e invitar al gobierno de la ciudad a participar.
Empoderar a los jóvenes de la comunidad y a los funcionarios públicos para realizar investigaciones sobre la necesidad de saneamiento y las consecuencias de su falta, presentando los resultados a la comunidad y al ayuntamiento, es una tarea participativa que involucra a los residentes con los problemas sociales.
El acceso a los servicios básicos de saneamiento debe considerarse un derecho ciudadano, fundamental para mejorar su calidad de vida y la salud pública. Para ello, es fundamental promover el acceso universal a estos servicios, con precios y tarifas justas, cumpliendo con los requisitos de calidad y regularidad, y con supervisión social.
¡Cambia el mundo empezando por la aldea! ¡La ciudad pertenece a sus ciudadanos!
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
