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Elvino Bohn Gass

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El desempleo es terrible, Bolsonaro.

El presidente electo Jair Bolsonaro dijo: «Quiero felicitar a quienes votaron por la reforma laboral. Debemos profundizar en esto. Es horrible ser empleador en Brasil». «No, Bolsonaro, lo horrible es ser empleado en un país con este tipo de clase patronal. Lo horrible es estar desempleado, Bolsonaro».

El desempleo es terrible, Bolsonaro (Foto: Rafael Neddermeyer/ Fotos Publicas)

En una reunión con la bancada del partido MDB, el presidente electo Jair Bolsonaro dijo: «Quiero felicitar a quienes votaron por la reforma laboral. Debemos profundizar en esto. Es horrible ser empleador en Brasil con esta legislación vigente». Obviamente, si se le dijera la frase a un trabajador asalariado común, la respuesta sería inmediata: «No, Bolsonaro, lo horrible es estar empleado en un país con este tipo de empleadores. Lo horrible es estar desempleado, Bolsonaro».

Pero quienes oyeron este disparate no eran trabajadores comunes; eran parlamentarios y senadores del partido MDB. No es casualidad que este fuera el partido que más se benefició del golpe de 2016 y que, una vez en el poder, presentara una propuesta de reforma que modificaba más de 100 artículos de la Consolidación de las Leyes Laborales, sin que ninguno beneficiara al trabajador.

En otras palabras, nadie en la reunión entre Bolsonaro y el MDB sintió vergüenza al ser llamado a aprobar la eliminación de derechos históricos de los trabajadores brasileños. Por lo tanto, ninguna oposición al anuncio que haría horas después el equipo de Bolsonaro —la extinción del Ministerio de Trabajo— habría surgido de una reunión con el partido de Temer. Por cierto, alguien ya lo dijo: Bolsonaro será Temer, solo que peor.

A modo de comparación, en Estados Unidos, país al que el nuevo presidente rinde homenaje repetidamente, existe una agencia dedicada exclusivamente a asuntos laborales —el Departamento de Trabajo—, que actualmente cuenta con unos 17 empleados públicos. Y ni siquiera el heterodoxo enfoque político y gerencial de Trump se atrevió a considerar siquiera su abolición. Por una sencilla razón: todo el mundo civilizado entiende que organizar, promover y supervisar el trabajo es una de las funciones fundamentales de cualquier gobierno.

En un país como Brasil, que entre otras vergüenzas civilizatorias aún registra casos de trabajo infantil y de trabajo análogo a la esclavitud, además de tener actualmente el equivalente a Bélgica (12 millones) de desempleados y a Australia (24 millones) de trabajadores desanimados, abolir el Ministerio de Trabajo es absurdo.

Más que eso, es una combinación de incompetencia gerencial, desconocimiento de la realidad y falta de respeto hacia la fuerza laboral asalariada del país. Aunque tener ideas absurdas, demostrar ineptitud, distorsionar los hechos, ofender a quienes trabajan, en resumen, ser "horrible", parece ser un elemento esencial en el currículum de todos aquellos que han aceptado formar parte del gobierno de Bolsonaro. O apoyarlo.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.