Preguntas sobre el futuro papel de liderazgo de los Estados Unidos.
¿Por qué esperar a que Estados Unidos se recupere antes de reinvertir en el multilateralismo?
La situación de la política internacional ya parecía compleja, y actualmente, con la pandemia, es indescifrable. Los gobernantes del Norte y del Sur ahora solo tienen la mirada puesta en Estados Unidos, como si la derrota de Trump pudiera modificar el escenario internacional que él mismo desestabilizó durante cuatro años. La administración Trump supuso una ruptura radical con el principio rector de la política exterior estadounidense posterior a la Guerra Fría, según el cual sus rivales se integrarían en el sistema internacional como supuestos «socios responsables». Sin embargo, al cuestionar el multilateralismo y sus instituciones, el Estados Unidos de Donald Trump se transformó en un «aliado irresponsable», como bien lo describe la historiadora Maya Kandel (1), rechazando el orden internacional construido bajo el firme liderazgo estadounidense. Donald Trump buscó eliminar las estructuras multilaterales que, en su opinión, debilitaban la soberanía estadounidense y atentaban contra los intereses vitales de Estados Unidos.
Sin duda, al actuar para debilitar las organizaciones multilaterales y el «transnacionalismo», Trump tenía objetivos claros: impulsar el nacionalismo económico estadounidense y reducir el papel geopolítico de China en la cooperación internacional. En realidad, Trump no aplicó una política proteccionista ni soberanista que respondiera a las demandas de una población que buscaba mayor protección social y económica; el empresario Trump tenía una estrategia mercantilista en defensa de sus propios intereses. Su forma de actuar demostró que era más un hombre de negocios que un representante del pueblo que lo eligió. Esta forma de actuar no buscaba regular, sino obtener concesiones específicas en beneficio de sus empresarios.
Otro punto a destacar es que no podemos ignorar la inteligencia de Donald Trump para comprender la sociedad estadounidense. Durante la última campaña, percibió el rechazo a la globalización por parte de ciertos grupos sociales, especialmente aquellos afectados por la crisis financiera de 2007/2008. Por ello, adoptó una postura proteccionista ficticia. Su discurso electoral y su mandato presidencial se orientaron a satisfacer una demanda interna: primero, la de un sector de la élite conservadora blanca de extrema derecha que defendía el lema "Estados Unidos Primero" y rechazaba rotundamente cualquier política migratoria o la defensa de las minorías; y segundo, la de su electorado de clase media baja y clase trabajadora, que se sentía abandonado y desprotegido por el Estado estadounidense. Durante este periodo, surgieron diversas críticas respecto al presupuesto estadounidense destinado a las guerras y los costos que representaba el papel de Estados Unidos como garante del mundo a expensas de la protección de sus ciudadanos. El presidente Obama ya se había comprometido a retirar tropas de algunos países o a reducir su presencia.
Debemos reconocer que Donald Trump fue elegido por primera vez y casi logró un segundo mandato porque comprendía las inquietudes de parte de la población y prometió protegerla de un mundo exterior considerado hostil. El Estados Unidos «trumpista» quería revolucionar la política exterior estadounidense, y este deseo de redefinir la relación de Estados Unidos con el mundo fue la base de sus promesas de campaña.
La presidencia de Trump comenzó con una serie de decretos que, en una semana, sentaron las bases para una presidencia dedicada al lema "Estados Unidos Primero" e impulsada por el deseo de desmantelar los logros de su predecesor, Barack Obama. Satisfizo a su base electoral, al tiempo que reforzaba los cimientos de la extrema derecha estadounidense y su desconocimiento de un "anticomunismo fundamental", con ciertas ideas delirantes sobre los demócratas, a quienes tacha de socialistas, preparándose así para el regreso del comunismo. Donde hay ignorancia, es muy fácil confundir el mal con el bien y la verdad con la mentira. Al actuar de esta manera, el gobierno de Trump debilitó la democracia estadounidense, alimentando la mentira y exacerbando el odio durante cuatro años, además de profundizar las divisiones sociales, económicas, de género y raciales. Hoy, los estadounidenses se enfrentan entre sí mientras la pandemia se propaga y el número de muertos supera los 240.000.
Lo que revela esta elección, por lo tanto, no es una victoria para la democracia estadounidense, sino, por el contrario, la fragilidad y vulnerabilidad de sus instituciones en una sociedad fragmentada por la polarización ideológica y identitaria.
¿Y si Europa pudiera asumir un papel de liderazgo en la gobernanza global...?
Dado el caos social generado en Estados Unidos, es improbable que la administración del Sr. Biden pueda priorizar la reconstrucción de la política exterior destrozada por Trump. La posición internacional de Estados Unidos, si bien debilitada ante sus socios comerciales y la opinión pública internacional, no se abordará de inmediato debido a la urgente situación interna de casi caos social. Esta urgencia interna no solo está vinculada a la pandemia de la COVID-19, sino también a la grave enfermedad que afecta a la sociedad estadounidense, como ya hemos descrito: una sociedad contaminada por la esencia del odio, alimentada por una red de mentiras que exacerba los conflictos y las divisiones. Parece evidente que el principal desafío para la administración Biden es intentar reconstruir la cohesión social en una sociedad estadounidense sumida en una profunda crisis. Esta crisis social estadounidense también ha puesto de manifiesto las desigualdades económicas que enfrenta el país. Priorizar el ámbito internacional sería peligroso. El proteccionismo de Trump no solo debilitó el multilateralismo económico y político, sino también la hegemonía estadounidense.
Ante esta situación, lo ideal sería que Europa asumiera un papel de liderazgo en la escena internacional. Sin embargo, para ello necesita alcanzar mayor eficiencia institucional y cohesión política. La Unión no se percibe como un actor eficaz en la gobernanza global debido a las persistentes discrepancias internas y a sus debilidades institucionales en ciertas áreas. Es vital que la Unión Europea encuentre aliados fuera de Estados Unidos para defender el multilateralismo, con el fin de evitar la construcción de un mundo depredador donde la doctrina neoliberal impere suprema. No le queda más remedio que reaccionar junto a sus aliados para redefinir el papel de las instituciones multilaterales en un contexto de crisis planetaria. Esta iniciativa requerirá una reflexión colectiva y deberá involucrar a representantes de la sociedad civil presentes en diversas plataformas internacionales en la lucha contra el calentamiento global, la pobreza y por un mundo mejor. Hoy, la ansiedad por el futuro se ve alimentada por problemas reales en Estados Unidos, Europa, América Latina y otros continentes. Las epidemias proliferan y el calentamiento global es una amenaza real para el planeta Tierra. Es sabido que la gobernanza global bajo el dominio neoliberal ha destruido el estado de bienestar. Esta pandemia revela la necesidad de restaurar el estado de bienestar ante la crisis humanitaria que vivimos actualmente, con el desmantelamiento de servicios públicos esenciales (salud, saneamiento, educación, cultura, entre otros). El neoliberalismo ha generado desempleo masivo, mayor precariedad, menor poder adquisitivo, el colapso de la movilidad social y las jubilaciones, falta de vivienda para los sectores más pobres de la población y todos los demás problemas derivados de la globalización excluyente. La confluencia de estos problemas de degradación de las condiciones de vida favorece a la extrema derecha. ¡El mejor ejemplo hoy en día es lo que ocurre en Estados Unidos! En este sentido, es imperativo reformar las instituciones multilaterales para buscar respuestas a estas inquietudes, ahora también globalizadas.
Al asumir su papel de liderazgo frente al desorden mundial, la Unión Europea no debe perder de vista los valores de la democracia, los derechos humanos y su compromiso con el acuerdo climático, que ahora están en el corazón de su identidad.
Sin duda, Estados Unidos, tras la era Trump, necesitará mucho más tiempo para recuperar su capacidad de liderazgo. En el contexto actual, la Unión Europea y sus aliados no pueden esperar que Estados Unidos, por iniciativa propia, restablezca su liderazgo en la redefinición del rumbo de las relaciones de cooperación internacional.
¿Por qué esperar a que Estados Unidos se recupere antes de reinvertir en el multilateralismo? Es probable que se retome el apoyo a las principales organizaciones y tratados internacionales de los que Donald Trump decidió retirarse, entre ellos: el Acuerdo de París sobre el Clima, la financiación de la Organización Mundial de la Salud, el JCPOA sobre la energía nuclear iraní y el tratado de Cielos Abiertos con Rusia. La Unión Europea no puede excluir a Rusia y China como socios; lo que queda por definir reglas claras sobre el papel de cada uno como superviviente del naufragio del orden mundial actual.
Nota: El multilateralismo se basa en instituciones multilaterales (internacionales y regionales) que se definen por principios como la no injerencia, la no discriminación y el respeto de los derechos humanos. Los países que se adhieren a este sistema internacional están vinculados por el interés mutuo o la reciprocidad para lograr el orden en lugar del caos, bajo un enfoque ternario: paz y seguridad, prosperidad y bienestar.
Artículos y libros consultados:
Joseph Stiglitz «Peuple, pouvoir &profits» aux ediciones Les Liens qui Libèrent- 2019.
Una cierta idea de l'Europe Collectif/Negri Flammarion
(1) La política exterior de Trump, según la historiadora Maya Kandel https://www.vie-publique.fr/parole-dexpert/273699-la-politique-etrangere-de-ladministration-trump-par-maya-kandel
Trump y el futuro de la política comercial europea - John Solal-Arouet, Denis Tersen-CairnInfo Politique Etrangère
États-Unis: un liderazgo à réaffirmer - Stefan Fröhlich Traducido por Silvia Feranec_ Editor: Presses universitaires du Septentrion
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.

