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Jorge Folena

Abogado, jurista y doctor en ciencias políticas.

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Inteligencia para combatir el crimen organizado

Los representantes del crimen organizado han tenido mucho éxito en difundir el terror y el pánico en toda la sociedad.

Helicóptero sobrevuela comunidad durante operativo policial (Foto: Fernando Frazão/Agência Brasil)

Del 22 al 25 de octubre de 2025, estuve en São Luís, capital del Estado de Maranhão, y allí me encontré con una grave situación de seguridad pública, a menudo vista en Río de Janeiro, donde el crimen organizado viene aterrorizando a la población desde hace décadas, realizando amenazas e imponiendo toques de queda.

En Maranhão, el crimen organizado hizo circular una nota por toda la capital maranhense con las palabras: “Venimos a través de RL para comunicar a todas las favelas, hermanos y moradores que a partir de hoy no salgan de casa, no se queden en la puerta, no se queden en la calle (...) vamos a devolver la paz a todas las favelas de São Luís-MA, pedimos comprensión y que todos los moradores y buenos trabajadores respondan a nuestra petición para no sufrir la posible consecuencia de muerte...”(sic).

El Secretario de Seguridad Pública del Estado de Maranhão, Maurício Ribeiro Martins, afirmó que: “No toleraremos ningún intento de intimidación ni desorden. Contamos con todas las fuerzas policiales en las calles para garantizar la paz y la seguridad de la población..

Sin embargo, los representantes del crimen organizado tuvieron mucho éxito en sembrar el terror y el pánico en la sociedad local, pues incluso los autobuses dejaron de circular y las escuelas y universidades fueron cerradas.

Este escenario de inseguridad socava la democracia y fomenta el discurso moralista de la extrema derecha, cuyos miembros se niegan a abordar el problema, que, dicho sea de paso, involucra a muchas figuras de la misma élite que los apoya. La extrema derecha simplemente explota el caos social para elegir gobiernos y parlamentarios sin ningún compromiso con la solución de los dilemas de la población.

Casualidad o no, los hechos antes mencionados ocurrieron en la misma semana en que Flávio Bolsonaro pidió a Donald Trump que atacara a Brasil (¡y a nuestra soberanía!), al pedir textualmente a Estados Unidos que lanzara bombas sobre buques en la Bahía de Guanabara, bajo el argumento de que estaban “transportando drogas”.

En su último ataque contra Brasil, el senador Flávio deja clara la desesperación política de su familia; para reavivar el interés de sus partidarios, retoma subliminalmente lemas fascistas, que proclaman: "en la cabecita", "un buen criminal es un criminal muerto" y "pena de muerte para los criminales". Esta es la retórica que le queda a la extrema derecha para las elecciones de 2026. 

Como decía el gran Mino Carta, hasta las piedras saben que mucha “gente de bien” consume el producto cuya comercialización enriquece (sin ningún control fiscal) a los “nobles narcotraficantes” (título del libro del periodista Bruno Abbud, editorial Zahar), que operan un sistema dirigido por gente de la clase alta, que abastece a “un ecosistema hambriento” de consumidores de drogas, que frecuentaron las mejores universidades del país, a diferencia de los consumidores y traficantes de drogas de las periferias y favelas de las ciudades. 

El tema de la seguridad pública y el combate al crimen organizado deben ser debatidos a profundidad para que podamos lograr la paz social y el desarrollo del país, sobre todo porque el peso de la inseguridad recae sobre la clase media y los más pobres, cuyas madres pierden a sus hijos, generalmente negros, antes de los veinte años.

El Presidente Lula aclaró el compromiso de su gobierno con el combate al crimen organizado, y fue iniciativa suya proponer una enmienda constitucional que aborde la seguridad pública, a través de la cual pretende atribuir esa responsabilidad a la Unión, ya que, en realidad, el Presidente de la República tiene la responsabilidad política por todos los problemas de seguridad pública del país, aunque sean responsabilidad primordial de los gobiernos estatales. 

Sin embargo, estos gobiernos carecen de un control efectivo sobre sus fuerzas policiales, que actúan como cuerpos independientes e impenetrables. No es raro que sus agentes en muchos estados federados estén vinculados a organizaciones criminales que operan paralelamente al poder oficial, cobrando por seguridad privada y controlando territorios urbanos, además del narcotráfico.

La seguridad ciudadana es uno de los problemas sociales más graves del país, que repercute en el orden democrático e influye en el ejercicio de la ciudadanía y el derecho al voto, pues el crimen organizado ejerce una gran presión sobre los electores, imponiendo a sus representantes en el parlamento o los gobiernos. 

El proyecto de enmienda constitucional presentado por el gobierno federal tuvo su constitucionalidad aprobada por la Comisión de Constitución y Justicia de la Cámara de Diputados (el 15 de julio de este año), pero lamentablemente se encuentra estancado, por decisión del presidente de esa casa legislativa, quien boicotea temas urgentes para la sociedad y defiende los intereses de los muchos ricos.

De acuerdo con la propuesta presentada, la Policía Federal, además de sus responsabilidades actuales, tendrá la responsabilidad de actuar contra los delitos ambientales y combatir las organizaciones criminales (mafias, milicias, cárteles de la droga), que controlan las estructuras de poder político local, influenciadas por el narcotráfico y las "milicias privadas", principalmente porque, hasta ahora, las policías estatales no han demostrado eficiencia, incluso por su proximidad a estas organizaciones.

La reforma propuesta en materia de seguridad pública mantiene las competencias y responsabilidades de los Estados y del Distrito Federal, pero gana refuerzo de la Unión, que actuará en la coordinación del sistema unificado de seguridad pública, principalmente en las investigaciones sobre delincuencia organizada y “milicias privadas”; y de los Municipios, en la “policía ostensiva y comunitaria”, bajo el control externo del Ministerio Público; respetando las competencias de las demás agencias de seguridad de la Unión, de los Estados y del Distrito Federal. 

Además, la semana pasada, el Ministerio de Justicia y Seguridad Pública presentó un paquete legislativo de refuerzo para aumentar las penas por delitos cometidos por organizaciones criminales. Este estudio propone intensificar el uso de inteligencia en las operaciones policiales e implementar acciones sociales conjuntas en comunidades abandonadas por el gobierno estatal, que durante décadas ha sido incapaz de actuar y brindar servicios eficientes en esas zonas.

Es necesario que el parlamento apruebe con urgencia las iniciativas legislativas planteadas por el gobierno federal, para que se pueda implementar la seguridad pública, incluso mediante el uso de herramientas de inteligencia, con el objetivo de reprimir a las grandes organizaciones criminales y milicias privadas en el país, que incluso realizan actividades empresariales y financieras, como se demostró en el operativo policial “carbono oculto”, realizado contra el PCC, en agosto pasado.

Es importante destacar que, durante los años en que gobernó Brasil, la extrema derecha, además de no haber presentado ningún proyecto eficiente para combatir el crimen organizado, estableció las facilidades para su propagación, pues redujo la presencia del Poder Público en la fiscalización federal y se limitó a presentar propuestas de medidas represivas para eliminar sumariamente a la población pobre.

Para implementar una verdadera seguridad pública, es necesario ampliar el uso de las medidas de inteligencia; también es necesario abolir la pena de muerte, que, a pesar de estar prohibida por la Constitución, es una realidad constante en las afueras de las grandes ciudades y en el campo. Sin embargo, lo más importante es llegar a los verdaderos narcotraficantes, los ricos y poderosos, que se encuentran cómodamente instalados en sus lujosas mansiones. 

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.

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