Avatar de Reynaldo José Aragón Gonçalves

Reynaldo José Aragón Gonçalves

Reynaldo Aragón es periodista especializado en geopolítica de la información y la tecnología, con especial atención a las relaciones entre tecnología, cognición y comportamiento. Es investigador del Centro de Estudios Estratégicos en Comunicación, Cognición y Computación (NEECCC – INCT DSI) y miembro del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología en Disputas y Soberanía de la Información (INCT DSI), donde investiga los impactos de la tecnopolítica en los procesos cognitivos y las dinámicas sociales en el Sur Global. Es editor del sitio web codigoaberto.net.

165 Artículos

INICIO > blog

Lula y el discurso que podría cambiar la historia en la ONU

Brasil trae a Nueva York no sólo su independencia, sino la voz del Sur Global frente al declive del imperio, el genocidio en Gaza y la amenaza fascista.

Lula (Foto: Ricardo Stuckert / PR)

El mundo se encuentra en un punto de inflexión. En medio de guerras, sanciones y desinformación, el presidente Lula tiene la oportunidad de transformar el púlpito de la ONU en la plataforma más poderosa del siglo: un llamado a la democracia, la soberanía y a Palestina como la frontera civilizacional de la humanidad.

Independencia e interdependencia

Hoy es 7 de septiembre de 2025. En Brasil, celebramos la independencia alcanzada hace más de dos siglos, pero en este siglo, la verdadera independencia se mide por la capacidad de defender nuestra soberanía contra un imperio que pretende reducir a pueblos enteros a colonias digitales, financieras y militares. La independencia nacional es imposible sin la solidaridad interdependiente entre los pueblos del Sur Global. El grito de Ipiranga resuena ahora en Nueva York, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde Brasil abre la tribuna mundial y lleva consigo la voz de quienes se niegan a doblegarse ante el poder imperial.

La independencia actual no es una ruptura formal con una metrópoli, sino la negativa a aceptar que las sanciones, los aranceles, la coerción financiera y las narrativas de odio definan nuestro destino. Es la conciencia de que Brasil no camina solo: formamos parte de una comunidad de naciones que no acepta la barbarie como un destino inevitable. La ONU, en este momento, es el espacio donde se decide si la humanidad permanecerá rehén de un imperio decadente o se abrirá al horizonte de un mundo multipolar, justo y democrático.

Si el pasado nos dio la independencia, el presente exige valentía para afirmar nuestra interdependencia como pueblos libres. Y esta valentía no puede ser tímida: debe ser visceral, debe denunciar a los responsables del genocidio, la hambruna, la guerra y la captura de información como arma de dominación. Brasil tiene la oportunidad de proclamar su independencia de nuevo, pero ahora ante todo el planeta, junto a quienes luchan contra el fascismo y por la vida.

El mundo en colapso – La ruina del imperio neoliberal

El siglo XXI ya no puede interpretarse a través del prisma optimista del "fin de la historia" que el liberalismo pregonó en la década de 1990. Lo que tenemos ante nosotros es la descomposición acelerada de un sistema que transformó el hambre, las guerras y el genocidio en mecanismos de lucro y dominación. El neoliberalismo, erigido como dogma, no ha traído libertad ni prosperidad universal; ha producido el colapso ambiental, la precariedad laboral masiva, la financiarización de la vida y guerras permanentes para sostener un imperio en decadencia.

Hoy en día, las armas no son solo tanques o bombas. Son aranceles impuestos como castigo político, sanciones que condenan a poblaciones enteras a la pobreza, algoritmos que modulan las conciencias y propagan el odio a escala industrial. La ofensiva de Washington en los últimos meses y la escalada de Israel en los últimos años son dos caras de la misma máquina: la coerción imperial que busca doblegar a pueblos y continentes a la lógica de la sumisión.

Palestina es un punto de inflexión para la civilización. El genocidio en Gaza no es un episodio aislado; es el mayor acto de cobardía de la era contemporánea, transmitido en directo, con miles de civiles masacrados mientras el sistema internacional duda en actuar. Es ahí donde se revela el fracaso moral y legal del orden neoliberal: cuando las potencias vetan resoluciones humanitarias, cuando invocan el "derecho a la defensa" como la pura destrucción de un pueblo. Quienes ignoran esto legitiman la barbarie.

El colapso del imperio neoliberal no significa una victoria automática. Significa peligro. Significa que las élites imperialistas están dispuestas a incendiar el planeta para mantener sus privilegios. Significa que el fascismo encuentra terreno fértil para reclutar a personas descontentas y organizarse como una alternativa de fuerza bruta. El colapso de un modelo exige la audacia de construir otro. Y esta audacia reside hoy en el Sur Global, entre los pueblos que rechazan el estatus colonial y afirman su soberanía ante la crisis de civilización.

Fascismo contemporáneo: ratas al acecho

El fascismo nunca desapareció. Simplemente se reinventó. Hoy, se viste de traje, sonríe en las transmisiones en vivo y predica moralismo vacío mientras propaga odio, racismo y misoginia. Se alimenta de desinformación, mentiras fabricadas mediante algoritmos, fanatismo religioso y miseria generada por un sistema que necesita gente desesperada para sostener el orden del capital. Las ratas fascistas han emergido de las cloacas de la historia para intentar una vez más corroer la democracia desde dentro.

Donald Trump es la expresión más visible de este proceso: un multimillonario convertido en mesías político, que manipula el resentimiento, desdeña las instituciones y llama a la violencia como medio de poder. No está solo. El fascismo contemporáneo opera en redes, conectando con neonazis en Europa, extremistas en Brasil y gobiernos de extrema derecha en diversas partes del mundo. El objetivo es siempre el mismo: destruir cualquier forma de solidaridad y reemplazar la política por el culto a la fuerza.

En Brasil, conocemos el precio de esta ofensiva. El bolsonarismo ha transformado el país en un laboratorio de guerra híbrida, orquestando noticias falsas, guerra legal, manipulación religiosa y violencia política. El intento de golpe de Estado del 8 de enero fue solo la cara más explícita de un proyecto que sigue vivo, alimentado por intereses externos y la complicidad de sectores internos, desde el Congreso sobornado hasta el mercado financiero cómplice, pasando por una parte de los medios de comunicación que coquetea con el caos para proteger sus privilegios.

El fascismo no es un accidente. Es la respuesta desesperada del capital en crisis. Es el intento de usar la barbarie como dique contra la revuelta popular. Y por eso debe ser enfrentado sin ilusiones, sin retroceso, sin perdón. Quienes llaman a la conciliación con los golpistas, en la práctica, piden la legitimación de la destrucción de la democracia. La historia lo ha demostrado: donde el fascismo no es derrotado decisivamente, se fortalece. Y hoy, más que nunca, debe ser denunciado, desenmascarado y combatido como enemigo de la humanidad.

Lula y la oportunidad histórica en la ONU

Hay momentos en la historia en que una sola voz puede cambiar el rumbo del mundo. Brasil asume esta responsabilidad al inaugurar una vez más la Asamblea General de las Naciones Unidas. No se trata de una simple formalidad diplomática: es un acto de gran peso histórico, un legado de Oswaldo Aranha en 1947 y una reafirmación del lugar del país como mediador y protagonista en el escenario global.

En 2025, el momento es incomparable. Las guerras se multiplican, el genocidio en Gaza expone la bancarrota moral del sistema internacional, y el imperio neoliberal reacciona con aranceles, sanciones y guerra legal global para contener el avance de un mundo multipolar. La ONU se enfrenta a su propia prueba de fuego: o se convierte en un verdadero espacio para la gobernanza democrática, o se hunde en la irrelevancia ante la fuerza bruta.

Es desde esta plataforma que Lula puede alzarse no solo como presidente de un país, sino como la voz que articula las aspiraciones del Sur Global, de los pueblos explotados, de la clase trabajadora y de la juventud que ya no acepta vivir bajo el yugo del fascismo y la guerra permanente. No se trata de retórica, sino de la valentía de identificar al enemigo, exigir responsabilidades y presentar alternativas concretas: el hambre, el clima, la soberanía digital, una gobernanza reformada y una paz verdadera.

El discurso de Lula podría ser el más importante en la ONU en un siglo, porque no se limita a repetir diagnósticos, sino porque tiene la oportunidad de encarnar la resistencia de un pueblo y una época contra la barbarie. Si habla con la fuerza que el momento exige —por Palestina, por la soberanía, contra el fascismo—, este 7 de septiembre será recordado como el día en que Brasil no solo reafirmó su independencia, sino que también ofreció al mundo un camino hacia la dignidad.

El Sur Global como vanguardia

El colapso del imperio neoliberal abre la puerta para que el Sur Global se posicione como la vanguardia de la historia. Durante décadas, fuimos tratados como una periferia, una colonia exportadora, una reserva de mano de obra barata, un caldo de cultivo para el saqueo de nuestros recursos naturales y un laboratorio para experimentos de dominación. Pero los tiempos han cambiado. Hoy, América Latina, África y Asia ya no aceptan su subordinación. No se trata de resentimiento, sino de conciencia histórica: somos la mayoría de la humanidad, dueños de territorios vitales, reservas ambientales estratégicas, energía limpia, biodiversidad y una juventud creativa.

Es en este escenario donde los BRICS, la CELAC, la Unión Africana y las alianzas regionales buscan romper la camisa de fuerza del unilateralismo. El Sur Global tiene la capacidad de formular una nueva agenda internacional basada en la soberanía, la cooperación y la justicia social. Es la vanguardia porque parte de la vida real, del hambre que necesita ser erradicada, de los bosques que necesita ser protegidos, de la educación y la ciencia que necesita ser democratizada.

En este escenario, Lula no solo habla como líder de Brasil. Habla como portavoz de un bloque histórico en formación. Habla como un líder que sabe que la lucha por la democracia no puede limitarse a las fronteras nacionales. La democracia necesita globalizarse como práctica de solidaridad y principio de gobernanza. Y el Sur Global es la entidad capaz de liderar esta revolución.

Cuando el presidente brasileño sube al podio de la ONU, no solo porta los colores verde y amarillo: lleva consigo el rojo de la resistencia latinoamericana, el verde de los bosques africanos, el azul del océano que baña a los pueblos asiáticos, la sangre derramada en Gaza. El Sur Global no pide permiso. Se afirma a través de la vida que late, la dignidad que resiste y la esperanza que se niega a ser capturada.

El llamado a la lucha – Esperanza combativa

No hay lugar para ilusiones: el fascismo no se derrota con la conciliación, sino con la confrontación. Los golpistas que atacaron la democracia brasileña, los fundamentalistas que usan la fe como arma política, el mercado financiero que actúa como correa de transmisión para el imperio, los medios corporativos que distorsionan la realidad para servir a sus amos, todos siguen activos, conspirando contra el pueblo. Brasil es el blanco de una guerra híbrida permanente, donde las noticias falsas, el sabotaje económico y el chantaje legislativo son munición diaria.

Por lo tanto, el discurso de Lula en la ONU debe resonar no solo en el extranjero, sino también dentro del país. Debe ser un mensaje directo a quienes aún creen que pueden vender la soberanía nacional como mercancía, que pueden convertir el país en el patio trasero de Washington o en una plataforma para las grandes tecnológicas. Debe dejar claro que no habrá perdón para quienes han intentado, o se atreven a intentarlo de nuevo, destrozar la Constitución, destruir la democracia y traicionar a Brasil.

Pero este llamado no es solo a la denuncia. Es también a la esperanza combativa. Una esperanza que nace de la conciencia de que la lucha es dura, pero la victoria es posible. Una esperanza que no es pasiva, sino activa, una que moviliza a trabajadores, jóvenes, mujeres, indígenas, hombres y mujeres negros; todos los que saben que sin lucha no hay victoria.

Brasil no está condenado al atraso ni a la dependencia. Al contrario: tenemos la oportunidad histórica de ser la vanguardia de una nueva era, de un mundo multipolar que se alza contra el imperialismo y el fascismo. Esta esperanza es la sangre en los ojos de un pueblo que sabe que su independencia solo es verdadera cuando sirve de faro para la humanidad.

Conclusión – Brasil a la vanguardia de la historia

El mundo se encuentra en una encrucijada de civilizaciones. Por un lado, la barbarie: el fascismo, el neonazismo, las guerras interminables, el genocidio transmitido en directo, los mercados que se lucran del hambre y los algoritmos que destruyen la democracia. Por otro, la posibilidad de una nueva era: un mundo multipolar, fundado en la soberanía de los pueblos, una democracia viva, la cooperación entre las naciones y el derecho a la vida como principio universal.

En este escenario, Brasil tiene una oportunidad única de situarse a la vanguardia de la historia. No por arrogancia, sino porque posee una historia de lucha que abarca siglos: desde la independencia hasta las luchas contra la dictadura, desde las recientes conquistas sociales hasta la resistencia contra el golpe de Estado y el fascismo. Lula, como líder forjado en la lucha obrera, personifica esta trayectoria y tiene la legitimidad para hablar al mundo en nombre de millones de personas que ya no aceptan vivir bajo la tiranía del imperio.

El discurso en la ONU podría marcar un antes y un después en nuestra época. Si es duro, directo, visceral, sin concesiones al genocidio ni a la barbarie, si anuncia una agenda concreta de democracia, clima, soberanía y justicia global, tendrá la fuerza para resonar como el discurso más significativo en la historia de las Naciones Unidas. Un llamado a la vida contra la muerte, a la esperanza contra la desesperación, a la dignidad contra la sumisión.

Brasil no puede retroceder. El pueblo brasileño no retrocederá. Lula no retrocederá. La vanguardia está aquí, y la historia ya ha comenzado a escribirse.

Artículo publicado originalmente en

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.