Macro y microjurisdiccional
Falta una planificación judicial de mediano y largo plazo; los aspectos micro deben ser borrados definitivamente, mientras que los aspectos macro se revitalizan con pluma fuente para perseguir un objetivo concreto.
Concluido el receso judicial tanto en los tribunales inferiores como en los superiores, y dado el volumen cada vez mayor de casos y los recursos electrónicos insuficientes, las preguntas prevalecientes se refieren tanto al tratamiento macro como al microjudicial.
Es evidente que los poderes públicos proyectan su falta de planificación sobre el Poder Judicial; basta ver las cifras de procedimientos de ejecución tributaria abiertos y la falta de preparación de gran parte de los municipios, que ni siquiera mantienen un registro actualizado de contribuyentes y no identifican los bienes susceptibles de embargo.
Y sin hablar siquiera del inocuo coste-beneficio de estos trámites, las diversas paralizaciones y presentaciones, atemperando el paso del tiempo con la llamada prescripción intercurrente, que puede reconocerse de oficio.
Por otro lado, los concesionarios de servicios públicos, sin interés en resolver los problemas con sus consumidores, trasladan sus conflictos al ámbito judicial, siempre con el incentivo de reclamar daños morales.
Si el acceso electrónico al servicio contara con otras herramientas, sería suficiente para frenar de una vez por todas la hemorragia, sobre todo de las compañías telefónicas, eléctricas y de suministro de agua.
En términos generales, el Poder Judicial necesita reflexionar sobre su verdadero papel y reconsiderar su posición como mero receptáculo de conflictos, aparentemente sin relevancia alguna.
La mera magnitud de las cifras es incapaz de transformar el Poder Judicial en una cadena de producción, pero puede acelerar su perfeccionamiento y su contribución a la discusión de cuestiones colectivas en el ámbito de los intereses difusos.
El tan promocionado proceso electrónico, lejos de cumplir con las expectativas, está sufriendo contratiempos, mantenimientos, problemas en el sistema de red y en la transmisión de datos, provocando expectativas negativas entre los profesionales del derecho, y con razón.
Falta una planificación judicial de mediano y largo plazo; los aspectos micro deben ser borrados definitivamente, mientras que los aspectos macro se revitalizan con pluma fuente para perseguir un objetivo concreto.
Los presupuestos ajustados, alejados de la realidad, no permiten saltos de calidad, pero nunca se han buscado recursos del BNDES, ni de bancos internacionales como el Banco Mundial y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), que están alineados con una agenda comprometida con las inversiones.
A medida que vayamos consiguiendo recursos financieros suficientes, los procesos arbitrales podrán volver en gran medida a la esfera judicial, con agilidad, conocimiento, discernimiento y decisiones en tiempo real.
A lo largo de 2014, surgieron muchas cuestiones poco claras en torno al Poder Judicial, entre ellas la sentencia definitiva de la AP 470, la cuestión del financiamiento de las campañas políticas, las elecciones y las posiciones relevantes del Superior Tribunal de Justicia (STJ).
Cada día estamos más agobiados por repercusiones generales y apelaciones repetitivas, hasta el punto de que las estructuras de los Tribunales Superiores no permiten mucho acceso a asuntos ya resueltos o abordados.
Somos una sociedad predominantemente litigiosa, y en las raíces del descubrimiento y la evolución de la historia, percibiremos la falta de educación popular, de soberanía y de participación en asuntos de su interés.
La Constitución proclama que todo poder emana del pueblo y se ejerce en nombre de éste, un mero aspecto literario que en la práctica no recibe ningún fortalecimiento ni ecuación justa.
En todas las circunstancias, ha llegado el momento de que el Poder Judicial separe el trigo de la paja, lo micro de lo macro, tenga administraciones consistentes y preocupadas por los temas sociales y, sobre todo, mantenga una infraestructura compatible con sus actividades.
La rigidez de la función judicial se observa con frecuencia en la plétora de casos que, a diario, reducen la resolución de los problemas y convierten al juez en un simple solucionador cuando estos deberían ser analizados por las empresas y sus consumidores. Además, sin sanciones contundentes, los problemas se repiten exponencialmente.
El rediseño del Poder Judicial nacional requiere concientizar a sus directivos, buscar la planeación y el equilibrio necesario en su relación con la abogacía y el Ministerio Público, para que todos comprendan los principios del servicio público y su importancia para una sociedad democrática emergente.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
