Mallu Magalhães y la juventud
Quizás la samba, junto con el fútbol, sean las influencias culturales más unificadoras y movilizadoras que vemos en nuestro país. Por eso suena tan extraño cuando alguien las acusa de segregación.
Algunas cosas son francamente cómicas, desde cierto punto de vista.
El vídeo de Malu Magalhães, que circula viralmente por internet, me impactó no solo una, sino varias veces.
Durante su aparición en el programa de Fátima Bernardes en TV Globo, la cantante afirmó que la canción que iba a interpretar era "...para aquellos que tienen prejuicios y dicen que los blancos no pueden tocar samba".
Pensé: —al menos, es su opinión. No es común ver a críticos clamando a los cuatro vientos que iconos como Noel Rosa, Vinícius de Moraes, Caetano Veloso, Edu Lobo y Chico Buarque son unos charlatanes o que sus composiciones son inapropiadas por ser blancos.
Sí, existe una crítica distorsionada y errónea que cataloga la bossa nova como música propia de la clase media y de quienes viven en apartamentos. A pesar de que se sabe que figuras como Nara Leão fueron responsables de revivir a grandes músicos de samba de la época dorada de este género, como Cartola y Nelson Cavaquinho.
Quizás la samba, junto con el fútbol, sean los elementos culturales más unificadores y movilizadores que vemos en nuestro país. Por eso suena tan extraño cuando alguien los acusa de segregación.
¿Siempre fue así? No. El fútbol llegó a Brasil como un deporte elitista. La samba, en cambio, se consideraba vulgar. En algún momento, ambas culturas se entrelazaron e incluso se fusionaron.
Pero todo esto no deja de ser la opinión de una cantante que, personalmente, nunca la había escuchado.
Pero me impresionó el texto de Adriana de Barros, columnista de UOL, titulado: "¿Criticas a Mallu, pero qué has logrado tú a los 24 años?".
Reconozcámoslo, es un título sugerente.
Adriana retrata a Mallu como alguien que ha sido tratada injustamente por la crítica, dado su, digamos, comportamiento y estilo de vida alternativos.
La columnista continúa, preguntándose si sería injusto desestimar toda una trayectoria profesional por una frase así. Finalmente, reitera el desafío planteado en el título.
El texto de Adriana presenta a Mallu como una mártir meritocrática. Por lo tanto, cualquier error queda excusado: lo consiguió todo a los 24 años.
Y para Mallu, que tiene veinticuatro años, le dejo un consejo que Nelson Rodrigues dio a los jóvenes: envejece.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
