Meirelles y la canoa que hace agua: no hay espacio para seguir propagándose con golpes de Estado.
El ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, aprovechó el programa de televisión del PSD este jueves para elogiarse. En una asombrosa muestra de miopía e ilusión política, pretende ser el candidato presidencial del gobierno en 2018 y cree tener una oportunidad. Es como subirse voluntariamente a un barco que se hunde, evalúa la columnista de 247, Tereza Cruvinel, sobre la aventura electoral del ministro de Hacienda de Michel Temer. "Meirelles, rechazado por el 75% de los entrevistados en la reciente encuesta de Ipsos, al insistir en una candidatura sin futuro, se arriesga a perder su única baza: el respaldo del mercado como gestor de la agenda golpista", afirma.
El ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, aprovechó el programa de televisión del PSD este jueves para elogiarse. En una asombrosa muestra de miopía e ilusión política, aspira a ser el candidato presidencial del gobierno en 2018 y cree tener posibilidades. Es como subirse voluntariamente a un barco que se hunde. La realidad y las encuestas muestran que la señal está cerrada a cualquier forma de apoyo golpista o continuidad gubernamental, y este sentimiento prevalecerá incluso si se impide la candidatura del candidato favorito, el expresidente Lula. Prueba de ello es la ventaja de Lula en las encuestas, seguido de Bolsonaro, el rotundo rechazo a Michel Temer y la desaprobación generalizada de su gobierno y los partidos que lo apoyan. La opción por el cambio y la disposición a decir no al golpe solo no se confirmarán en las urnas si se impone alguna variante golpista.
A diferencia de Geraldo Alckmin, quien se distanció de Temer, aunque desea la presencia electoral del PMDB, Meirelles no mencionó a su jefe en el programa del PSD. Sin embargo, en una conversación con periodistas, afirmó que podría ser un buen recurso para la campaña. Si realmente lo cree, incluso el mercado, que lo halaga, señalará que carece de la perspicacia política mínima para aspirar a la presidencia. En el programa del PSD, sin declararse candidato, se presentó como el salvador del país, capitalizando la caída de la inflación y las tasas de interés, pero omitiendo la profundidad que ha alcanzado la recesión desde que asumió como ministro de Hacienda, así como el deterioro de la situación fiscal, reflejado en el déficit de 159 millones de reales proyectado para este año y 2018. Insistió en la idea de una tercera vía entre Lula y Bolsonaro, afirmando que desea la "reunión de los millones de brasileños que son mayoría y que no están en los extremos desde un punto de vista político e ideológico".
El problema, tanto para Meirelles como para Geraldo Alckmin, es que, matemáticamente, la mayoría de los votos disponibles ya han migrado a uno u otro lado, como lo demostró Marcos Coimbra, director del Instituto Vox Populi, en un análisis reciente en la revista Carta Capital. Coimbra recuerda que Lula y Bolsonaro juntos, según el instituto que realizó la encuesta, ya han captado entre el 50% y el 60% de los votos. Si a este contingente se suma al menos el 15% de votos nulos y en blanco, una estimación moderada dado el rechazo popular a los políticos y la desconfianza en el sistema, tenemos un total de entre el 65% y el 75% de los votos con un destino definido. Y como Lula y Bolsonaro aún pueden crecer, afirma Coimbra, esto significa que las posibilidades de terceras opciones serán cada vez menores. A 10 meses de las elecciones, los votos disponibles para esta "pesca" ya son muy reducidos, sin llegar ni al 50%. Por lo tanto, en las condiciones actuales, no hay la más mínima posibilidad de que un candidato del gobierno, vinculado a Temer, defensor del golpe y sus políticas, llegue a la segunda vuelta.
Por eso, las fuerzas gubernamentales están lanzando globos sonda y buscando en el caldero de la casuística alguna fórmula que favorezca la continuación del golpe. Entre ellas, esta, que parece un delirio, pero que ronda algunas mentes: la candidatura del propio Temer para gobernar bajo un nuevo sistema de gobierno, el semipresidencialismo, bajo el argumento de que es necesario evitar el peligro de los extremos y completar la transición hacia otro modelo político.
Justo hoy, en su conversación de fin de año con periodistas, volvió a mencionar el término semipresidencialismo, afirmando que gobernó informalmente bajo este sistema "sin perder autoridad". Al hablar de ello, intenta difundir el término, despertar interés en su significado y quizás conseguir apoyo para una variante golpista.
Meirelles, rechazado por el 75% de los encuestados en una reciente encuesta de Ipsos, corre el riesgo de perder su única carta de triunfo —el respaldo del mercado como gestor de la agenda del golpe— si insiste en una candidatura inútil.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
