Los medios de comunicación hacen el ridículo al comparar a los partidarios de Bolsonaro con la izquierda.
Ciertos análisis que circulan en los medios de comunicación sobre el oscuro período que atravesamos en Brasil, si bien parecen criticar el creciente autoritarismo y la propagación del odio, adolecen de un defecto intrínseco: la mentira. Equiparar el fascismo con la izquierda resulta una forma vergonzosa de apoyar los aspectos más perversos y nefastos de la política.
Ciertos análisis que circulan en los medios de comunicación sobre el oscuro período que atravesamos en Brasil, aunque aparentemente críticos con el creciente autoritarismo y la propagación del odio, adolecen de un defecto intrínseco: la mentira. Agrupar fascismo e izquierda resulta una forma vergonzosa de apoyar los aspectos más perversos y nefastos de la política. Reflexionemos sobre esto:
1- El clima de "Fla-Flu", con una sociedad polarizada y radicalizada en ambos lados, está matando la democracia y erosionando la coexistencia entre las personas.
MentirLo que vemos es, por un lado, una jauría de perros rabiosos que escupen odio por cada poro, atacando las instituciones, predicando la violencia y el exterminio de los adversarios. Por otro lado, está la resistencia democrática que, aun con sus errores y debilidades, combate el fascismo y lucha por salvar lo que queda del régimen democrático y del estado de derecho.
2- Los dos polos del espectro político, la derecha y la izquierda, son extremistas y ponen en riesgo la democracia.
MentirEn Brasil, tanto en el gobierno como en la oposición, nadie valora más los principios republicanos y democráticos que las fuerzas del campo progresista y de izquierda. El PT gobernó el país durante 13 años sin que sus adversarios pudieran señalar una sola acción política o administrativa que violara las leyes vigentes y el texto constitucional. Al contrario, incluso pecó de excesivo republicanismo, especialmente en los nombramientos de ministros para los tribunales superiores y para la dirección del Ministerio Público y la Policía Federal.
3- Al igual que Bolsonaro, los gobiernos del PT también fueron enemigos de la prensa, poniendo en peligro la libertad de expresión.
Mentir Comparar a un presidente que ataca constantemente a la prensa simplemente porque no tolera las críticas a las barbaridades que profiere (en una escala mucho menor de la que merece, cabe decir) con el periodismo de guerra ejercido contra los gobiernos de Lula y Dilma es una muestra de mala fe. En ese bombardeo, la verdad objetiva era lo que menos importaba. Dilma fue destituida sin haber cometido delito alguno, y Lula fue perseguido y encarcelado a raíz de acusaciones fraudulentas y maquinaciones mafiosas orquestadas por el consorcio formado por los medios de comunicación y el sistema judicial del país.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.

