Milei en decadencia: el colapso del ultraliberalismo argentino
La supuesta "victoria fiscal" de Milei es una ilusión
De la promesa libertaria a la ruina económica
Dos años después de su asunción como presidente de Argentina, Javier Milei enfrenta el agotamiento de un proyecto que nació rodeado de fanatismo y promesas de “refundar” el país.
El presidente ultraliberal, que llegó al poder bajo el lema de la motosierra, vio desmoronarse el discurso de pureza ética y eficiencia económica que lo había convertido en un fenómeno mediático.
La renuncia de José Luis Espert, su principal candidato a las elecciones legislativas de octubre, tras acusaciones de implicación con dinero del narcotráfico, marcó un momento simbólico: el gobierno que prometió “barrer la vieja política” terminó devorado por ella –y por escándalos de índole aún más grave.
El episodio expone el desajuste moral, político y económico de un gobierno que mezcló la ideología de mercado con el autoritarismo, la arrogancia y la improvisación. El colapso de Milei no se explica por un sabotaje externo, sino por un profundo error conceptual: creer que una nación puede gestionarse como si fuera un recorte presupuestario: por la fuerza, sin diálogo y sin empatía social.
El escándalo Espert y la desmoralización del discurso anticorrupción
La salida de Espert, quien fue la principal apuesta de Milei para asegurar la mayoría legislativa en la provincia de Buenos Aires, desmantela la narrativa moralista de que el "libertarismo" sería un antídoto contra el clientelismo. Las acusaciones de que recibió US$200 de un empresario investigado por narcotráfico —y la admisión del pago, bajo la apariencia de servicios de consultoría— socavan directamente la credibilidad del gobierno.
Milei, quien construyó su imagen sobre la base de la "moral de la honestidad", reaccionó con la misma táctica política de siempre: aceptó la renuncia sin dar explicaciones y buscó culpables externos. Lo cierto es que el presidente perdió el control de la agenda pública. La renuncia se produjo tras las derrotas en el Congreso, que anuló los vetos presidenciales y restableció la financiación de universidades y hospitales pediátricos. El ultraliberalismo argentino comienza a desmoronarse.
Un país asfixiante: el precio social de la “motosierra”
El autoproclamado "shock de gestión" de Milei se ha convertido en un shock de miseria. La inflación no ha disminuido como se prometió, el desempleo aumenta y la pobreza alcanza niveles comparables a los de la crisis de 2001. En las calles de Buenos Aires, las familias de clase media recurren a las filas de donaciones y a los bancos de alimentos.
Los drásticos recortes de subsidios, la privatización de sectores estratégicos y la congelación de la inversión pública han desmoronado la estructura de los servicios esenciales. El gobierno ha recortado la financiación de las comidas escolares, reducido las pensiones y restringido la financiación universitaria, al tiempo que preserva los beneficios fiscales para las agroindustrias orientadas a la exportación y los grupos financieros extranjeros.
La retórica de "no hay dinero" se ha convertido en un dogma cínico. Hay dinero, sí, pero solo para los rentistas y para sostener una política cambiaria orientada a complacer a los inversores. El Estado que Milei juró abolir se ha convertido en el garante de las ganancias privadas.
Autoritarismo y aislamiento político
Incapaz de negociar, Milei gobierna por decreto. El Congreso lo confronta, las provincias resisten y las calles se alzan. El país vive en un estado de conflicto permanente.
La represión policial contra las huelgas y manifestaciones estudiantiles se ha vuelto rutinaria. Maestros, sindicalistas y jubilados son tratados como enemigos internos. El presidente que decía defender la libertad ahora criminaliza la disidencia.
El deterioro moral también afecta al entorno presidencial. Karina Milei, hermana del presidente y jefa de gabinete, está siendo investigada por contratos irregulares. El discurso ético del gobierno ha sido reemplazado por una lógica opaca y centralizada de poder familiar.
El colapso económico y el fracaso del experimento ultraliberal
La supuesta "victoria fiscal" de Milei es una ilusión contable. El déficit se redujo a costa de la recesión: la economía se contrajo, los ingresos cayeron y el consumo interno se desplomó. Los recortes del gasto se convirtieron en una herramienta paralizante. La industria argentina opera con capacidad ociosa, y la producción agrícola sufre la caída de la demanda interna. El ajuste, lejos de estabilizar la moneda, expuso al país a la vulnerabilidad externa. El Fondo Monetario Internacional (FMI) y Estados Unidos, que inicialmente aplaudieron el "valiente experimento", ahora advierten del riesgo de colapso social.
El FMI, que elogió a Milei a principios de 2024 por implementar un ajuste “audaz”, cambia de tono y comienza a advertir sobre los riesgos sociales y políticos por la caída de los ingresos y la explosión de la pobreza (como consta en los comunicados del FMI tras la octava revisión del programa argentino a mediados de 2025).
Estados Unidos, que ha apoyado a Milei como un “aliado estratégico” desde el principio, ha expresado en recientes discursos del Departamento de Estado su preocupación por la inestabilidad social y el impacto de las políticas de austeridad en la gobernanza.
La desorganización de las cadenas productivas, el desempleo y la pérdida de poder adquisitivo han deteriorado el tejido social. La «refundación de la nación» se ha convertido en un proyecto de destrucción del Estado y la ciudadanía.
La diplomacia de la sumisión y el aislamiento de Argentina
En el ámbito internacional, Milei optó por el servilismo ideológico. Se enemistó con socios estratégicos como Brasil y China, se distanció del Mercosur y se alineó con Donald Trump y la extrema derecha global.
La situación empeoró cuando, en medio de una crisis social y con una inflación superior al 200%, Milei aceptó sumisamente el paquete de "ayuda" de 20 millones de dólares ofrecido por Donald Trump, un acuerdo sellado al margen de la Asamblea General de la ONU y visto por muchos analistas como un gesto electoral disfrazado de solidaridad. En la práctica, la ayuda financiera, condicionada a la compra de equipo militar y la apertura de sectores estratégicos a empresas estadounidenses, simboliza la pérdida de soberanía y el regreso de la tutela de Washington sobre Buenos Aires. Trump, en busca de prominencia internacional y victorias fáciles para su campaña nacional, encontró en Milei al discípulo ideal: un líder dispuesto a entregar el país a cambio de la supervivencia política.
El resultado es el aislamiento diplomático más severo desde la redemocratización. Mientras Lula proyecta a Brasil como articulador de un nuevo multilateralismo, con diálogo dentro de los BRICS y liderazgo climático hacia la COP-30, Argentina se hunde en un solipsismo reaccionario que la excluye de los principales debates del siglo XXI.
Se acercan las elecciones: el juicio popular de fracaso
Las elecciones legislativas de octubre serán el primer veredicto popular sobre el gobierno de Milei. Las señales son inequívocas: el aumento de las protestas, la caída de los índices de aprobación, la pérdida de aliados y las acusaciones de corrupción están erosionando los cimientos del poder. El libertarismo, presentado como una revolución moral, se ha revelado como un populismo financiero sin rumbo ni compasión. Milei prometió liberar el mercado y terminó esclavizando al pueblo argentino al dogma del capital.
Su eventual reelección encontrará a un país devastado, exhausto e incrédulo. Ningún gobierno sobrevive cuando confunde destrucción con reforma, sufrimiento con eficiencia y austeridad con virtud. Argentina ya ha pagado caro esta ilusión.
Lula y Milei: dos caminos, dos historias
Mientras Milei corta, Lula reconstruye.
El contraste es marcado: Brasil está retomando el crecimiento con la redistribución del ingreso, un salario mínimo más alto y políticas sociales más amplias. El Estado brasileño vuelve a ser un instrumento de inclusión y planificación, no un enemigo de la sociedad.
En Argentina, la motosierra se convirtió en símbolo de ruina; en Brasil, el diálogo y la reconstrucción consolidan un modelo de desarrollo social y soberano.
La experiencia argentina sirve de advertencia a todo el Sur Global: el ultraliberalismo no es una alternativa, es un abismo. Milei prometió el futuro y entregó el pasado: un pasado de autoritarismo, hambre y sumisión.
La lección argentina
El gobierno de Milei puede pasar a la historia no como una revolución libertaria, sino como un experimento fallido de deshumanización económica.
La renuncia de Espert, el colapso fiscal, la fuga de capitales y la desesperación en las calles pintan el retrato de un país que creyó que destruir era suficiente para reconstruir.
Pero la sociedad argentina, orgullosa y politizada, sabrá cómo reaccionar. En octubre, empezará a escribir el siguiente capítulo y quizás pondrá fin a la pesadilla de un liberalismo desalmado y sin pueblo.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.



