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Washington Araújo

Máster en cine, psicoanalista, periodista y conferenciante, es autor de 19 libros publicados en varios países. Profesor de comunicación, sociología, geopolítica y ética, cuenta con más de dos décadas de experiencia en la Secretaría General del Senado Federal. Especialista en inteligencia artificial, redes sociales y cultura global, desarrolla una reflexión crítica sobre políticas públicas y derechos humanos. Produce el podcast 1844 en Spotify y edita el sitio web palavrafilmada.com.

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Mirosmar, Mirosmar: ¡contrólate!

Nacido Mirosmar, Zezé Di Camargo usa su fama para legitimar la intolerancia, la misoginia y la desinformación.

Mirosmar, Mirosmar: ¡Contrólate! (Foto: Reproducción/Instagram)

El 15 de diciembre de 2025, un video publicado en redes sociales por Zezé Di Camargo resumió un fenómeno recurrente de nuestro tiempo: la corrosión ética causada por el fanatismo. El episodio no se limitó a un arrebato inoportuno de un artista reconocido, sino que reveló cómo la intolerancia política, el culto a la personalidad y el resentimiento ideológico pueden distorsionar el pensamiento crítico y empobrecer el debate público, incluso cuando provienen de figuras populares y adineradas.

El detonante se había producido el día anterior, el 14 de diciembre, durante el lanzamiento de SBT News, la nueva rama periodística de la cadena de televisión fundada por Silvio Santos. La ceremonia, celebrada en São Paulo, reunió a autoridades de diferentes ámbitos institucionales y espectros políticos: el presidente Lula da Silva, la primera dama Janja, magistrados del Tribunal Supremo como Alexandre de Moraes y Gilmar Mendes, el gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas, y el alcalde de la capital, Ricardo Nunes. El escenario era inequívoco: un evento institucional, republicano, deliberadamente al margen de partidismos, fiel a la tradición histórica de Silvio Santos. ¿No fue él quien, en pleno auge de la dictadura militar, creó el programa "Buenos días, Presidente"?

Zezé, cuyo nombre de nacimiento es Mirosmar José de Camargo, reaccionó de forma desmedida. Abiertamente alineado con la ideología de Bolsonaro, acusó a SBT de cambiar su orientación política tras la muerte de Silvio en 2024 y solicitó públicamente que la cadena no transmitiera su especial de Navidad, que ya había sido grabado. El gesto sonó menos a un desacuerdo legítimo que a un intento de imponer una interpretación ideológica personal a la gestión de una empresa privada.
La crisis se agravó cuando Mirosmar optó por un ataque moral. Al afirmar que las hijas de Silvio Santos se estaban "prostituyendo", cruzó la línea que separa la crítica política de la agresión simbólica. La metáfora, dirigida explícitamente a las mujeres que lideran el grupo —entre ellas Daniela Abravanel Beyruti, presidenta de SBT, y Patrícia Abravanel, directora y una de las figuras principales de la red— fue ampliamente interpretada como misógina y denigrante.

En las últimas horas, dadas las repercusiones negativas y la gravedad de las declaraciones, los herederos de Silvio Santos decidieron cancelar la emisión del especial de Mirosmar, que estaba previsto que continuara y que contaba con la participación de Paula Fernandes, artista clave de la música sertaneja contemporánea. La decisión tuvo un peso editorial y simbólico: no se trata de censura, sino de responsabilidad institucional ante un ataque público injustificable.

En redes sociales, el episodio cobró gran repercusión. Los usuarios señalaron que Mirosmar amasó parte de su fortuna con espectáculos financiados por ayuntamientos y contratos públicos, incluso durante las administraciones del Partido de los Trabajadores (PT). Esta inconsistencia alimentó la ironía, las exigencias de rendición de cuentas y las campañas de cancelación simbólica, incluyendo movilizaciones para retirar su música de plataformas digitales como Spotify.

El caso, sin embargo, trasciende el carácter individual. Revela crudamente la urgente necesidad de una cultura ética y cívica, capaz de enseñar límites, responsabilidad discursiva y convivencia democrática. Saber interpretar el mundo político no consiste en elegir un bando y demonizar al otro, sino en comprender las instituciones, distinguir la crítica de la ofensa y reconocer que la pluralidad no es traición. Sin este aprendizaje básico, la opinión se convierte en ruido y la convicción en pretexto para la agresión.

La ausencia de esta formación ética produce un tipo específico de ignorancia: ruidosa, presumida e insensible a los hechos. Es la ignorancia que confunde el desacuerdo con la enemistad, el poder con la dominación y la visibilidad con la autoridad moral. Proviene no solo de la falta de educación formal, sino también de una negativa deliberada a interactuar con la complejidad del mundo. Cuando se asocia con el fanatismo político o religioso, se vuelve particularmente tóxica.

En el caso de Mirosmar, este proceso es visible. El niño pobre de Pirenópolis, que cantaba en ferias y autobuses, se convirtió en un multimillonario incapaz de lidiar con la diversidad democrática y el ejercicio del poder de decisión por parte de las mujeres. La fama, lejos de ampliar horizontes, cristalizó frágiles certezas y redujo el debate al resentimiento.

Ante esto, no sería sorprendente que, en lugar del especial programado para el 17 de diciembre, los espectadores habituales de SBT terminaran viendo otro episodio del eterno Chaves. A veces, el humor involuntario de un clásico mexicano enseña más sobre el respeto, la convivencia y los límites que los discursos presentados como valentía moral, pero que no son más que intolerancia mal disimulada.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.