Movilización popular contra el neoliberalismo: una receta para el desarrollo sostenible
Los parlamentarios, libres de presiones sindicales inexistentes, juegan con el capital financiero, no con los trabajadores
La lección de Argentina, expresada en la huelga general liderada por la CGT peronista, es clarísima: sólo llenando las calles de protestas populares, organizadas por los sindicatos, será posible derrotar al neoliberalismo que paraliza al país, tanto allí como aquí en Brasil.
En este sentido, la receta del desarrollo sostenible es la movilización social contra las reformas neoliberales y antidesarrollistas, como las que el bolsonarismo ha impuesto a la sociedad brasileña gracias a las mayorías conservadoras que dominan el Congreso.
Si la capacidad de movilización de la CUT –y otras que pudieran sumarse– fuera, por ejemplo, similar a la de su par argentina, la CGT, evidentemente no estarían vigentes las reformas que destruyen el poder adquisitivo de los salarios y los derechos de los trabajadores, creando inestabilidad económica y expectativas negativas respecto del futuro de la economía, etc.
Mucho menos estaría en vigor un marco fiscal que prohíba al gobierno gastar más del 70% de sus ingresos tributarios totales, con una penalidad que lo reduzca al 50% si no se cumple el ajuste fiscal recomendado por el Banco Central Independiente (BCI), servidor de Faria Lima.
Los argentinos, encabezados por los sindicatos peronistas, rechazaron radicalmente el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) y la Ley de Colectivos, un paquete aprobado por el gobierno de Javier Milei, con 664 medidas para reducir salarios, aumentar impuestos y tarifas públicas, privatizar más de 40 empresas estatales, etc., en nombre del ajuste fiscal, para combatir el déficit público, apuntando a un objetivo improbable de combatir la inflación.
El plan fracasó, porque la inflación no bajó, sino que por el contrario aumentó a alrededor del 30% mensual, mientras se extendían el desempleo, el hambre y la revuelta popular.
La sociedad se resistió a la generalización del argumento de que el déficit se produce por el gasto social y primario (ingresos menos gastos, excluidos los intereses), que representa menos del 2% del PIB, mientras no modificaron el déficit financiero nominal –intereses y amortización de la deuda pública, correspondiente al 5% del PIB–, para no afectar los intereses del mercado financiero especulativo.
La movilización popular de los argentinos, organizada en torno a fuertes sindicatos, presionó al Congreso, que, temeroso de reveses políticos, pospuso la discusión y aprobación del ajuste fiscal y monetario a los trabajadores.
Ciertamente, las medidas que Milei pretende imponer, para satisfacer a los acreedores y al Fondo Monetario Internacional, a fin de alcanzar la meta de déficit cero, como también se busca en Brasil, no serán aprobadas, sin ninguna posibilidad de éxito.
Líderes sindicales radicalizados
La retirada del gobierno argentino representa una victoria aplastante para los trabajadores que, con su movilización histórica, crearon un acontecimiento político significativo que obligó a los dirigentes sindicales a adoptar una postura radical contra el paquete radical antidesarrollo del presidente ultraneoliberal.
Si no están en sintonía con las masas, serán superados.
La receta de la movilización popular en Argentina, si hubiera sido puesta en práctica en Brasil por los sindicatos, en defensa del PAC desarrollista de Lula, llenando la Explanada de Ministerios con trabajadores, frenaría a la mayoría conservadora que domina el parlamento.
Los representantes del pueblo, en la Cámara, y de los Estados, en el Senado, actualmente empeñados en defender enmiendas parlamentarias, desconectadas del proyecto de desarrollo de Lula, aprobado en las urnas en 2022, deberían pensarlo dos veces, como mínimo, ante dos puntos en conflicto: 1 – o servir a los intereses del mercado financiero, que apoya el parlamentarismo neoliberal, a cambio de mayores gastos de la base política conservadora, que se opone al proyecto de Lula, o 2 – o discutir y aprobar medidas de desarrollo para aumentar el gasto público en inversiones sociales, empleo, renta, consumo, producción, recaudación fiscal e inversiones.
Los parlamentarios, libres de presiones sindicales inexistentes, juegan con el capital financiero, no con los trabajadores.
populismo parlamentario
El parlamento brasileño, a diferencia del argentino, está corrompido por políticas populistas y, por eso, se posiciona a la derecha de la legislatura porteña, donde los representantes del pueblo retroceden ante la propuesta neoliberal de Milei ante la reacción popular.
La receta política para el desarrollo, como acaba de demostrar la huelga general en Argentina, es simple: movilización popular contra las reformas neoliberales.
Lo aprobado en el parlamento brasileño –un apretón de salarios a los trabajadores, con la reforma laboral, y una masacre literal de los jubilados, con la reforma de las pensiones, imponiendo una drástica reducción de su poder adquisitivo, cuyas consecuencias son una reducción del consumo y un aumento proporcional de los precios debido a la menor oferta de producción, resultando en presiones inflacionarias– es responsable del estancamiento económico relativo, debido a la violenta contracción del gasto público.
Afectados, los capitalistas brasileños ahora quieren un alivio total de los impuestos sobre la nómina, para pagar menos impuestos y dejar más salarios en los bolsillos de los trabajadores para consumir los bienes que fabrican.
La movilización popular contra el neoliberalismo es la lección más importante de Argentina, una que probablemente se convertirá en una lección aprendida en toda América Latina a partir de ahora.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.

