Moro no sorprende: condena a Lula en un juicio excepcional.
Moro persiguió a Lula de forma personal. El juez, que se convirtió en el máximo símbolo del sentimiento anti-PT, demostró repetidamente su sed de venganza en los casos que involucraban al expresidente.
Martin Luther King, en su famosa Carta desde la cárcel de Birmingham, escribió que la injusticia en cualquier lugar es una amenaza para la justicia en todas partes. El activista estadounidense no podría tener más razón. La imparcialidad empleada para condenar, sin pruebas, al político y líder más popular de Brasil en todas las encuestas electorales, representa una grave amenaza de injerencia judicial en nuestra ya deteriorada democracia. La decisión de Moro es alarmante, pero no sorprendente. Tras más de tres años de persecución implacable, Moro no tuvo más remedio que condenar a Lula. Ese era su papel.
Moro persiguió a Lula de forma personal. El juez, convertido en el máximo símbolo del sentimiento anti-PT, demostró repetidamente su sed de venganza en los casos que involucraban al expresidente. Divulgó arbitraria e ilegalmente grabaciones de audio de conversaciones entre su esposa e hijos, grabó conversaciones de Lula ajenas al caso, ordenó medidas coercitivas a pesar de que Lula no se había negado a cooperar con la justicia y se negó a exonerar a Doña Marisa, incluso después de su muerte. Estas acciones le granjearon la figura de un héroe ante la indignada clase media, que, manipulada, llegó a odiar a Lula y a su partido.
Sérgio Moro ya no podía traicionar a su pueblo. Todos esperaban una condena suya, sin importar las pruebas y sin ningún compromiso con la imparcialidad. Además, tenía prisa: aunque Lula era odiado por los manifestantes de clase media, seguía liderando las encuestas y era amado por su gente. Su condena también representaba un primer paso hacia una posible inhabilitación y una eventual orden de arresto, dependiendo del tribunal de apelaciones. A Moro no le quedaba otra función que desmantelar el PT (Partido de los Trabajadores). En más de tres años de la Operación Lava Jato, ningún miembro del PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña) fue arrestado, y la operación solo adquirió tanta visibilidad porque se convirtió en un símbolo de la lucha contra el PT. Si Aécio hubiera ganado en 2014, la mayoría de nosotros jamás habríamos oído hablar de Sérgio Moro.
Los juicios excepcionales, prohibidos por nuestra Constitución, son juicios instituidos de manera autoritaria, con un propósito específico, sin observar principios como el debido proceso o el derecho a un juez natural. Moro juzgó a Lula según sus propias reglas, condenándolo sin presentar pruebas, socavando fatalmente la imparcialidad necesaria para cualquier juicio constitucional. El representante de la "república de Curitiba" dio el primer paso hacia la inhabilitación del probable presidente del país y complació a su audiencia con su injusticia. Y es esta injusticia la que amenaza a todo el sistema político, electoral y judicial brasileño.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
