Moro quiere revelaciones de "Garganta Profunda", pero la Constitución garantiza la seguridad de Glenn Greenwald.
"Moro o bien no sabe o pretende no saber que la confidencialidad de las fuentes periodísticas es una garantía constitucional claramente establecida en el apartado XIV del artículo 5 de la Constitución de la República", escribe la columnista Denise Assis, de Periodistas por la Democracia.
Por Denise Assis, de Periodistas por la democracia - En el marco del debate sobre los documentos publicados por The Intercept Brasil, la diputada Margarida Salomão (PT-MG) mencionó el escándalo de "Garganta Profunda" durante la comparecencia de Glenn Greenwald ante la Comisión de Derechos Humanos en la Cámara de Diputados de Brasilia. La diputada recordó que, a pesar de la presión ejercida por el exjuez Sergio Moro para revelar la fuente del periodista, bajo pena de comprometer la validez de las acusaciones, en el escándalo Watergate el informante fue protegido hasta 2005, poco antes de su fallecimiento en diciembre de 2008, a los 95 años.
Otro punto que Moro ignora o pretende desconocer es que la confidencialidad de las fuentes periodísticas es una garantía constitucional claramente establecida en el inciso XIV del artículo 5.oDe la Constitución de la República, que dice: “XIV – El acceso a la información está garantizado para todos, y la confidencialidad de las fuentes está protegida cuando sea necesario para el ejercicio de una profesión”. No sorprende que lo desconozca. Al fin y al cabo, para alguien que obtuvo una maestría y un doctorado en tres años, es posible que haya pasado por alto esta lección. Para refrescar la memoria de quienes hayan olvidado a esta figura clave de la historia reciente de Estados Unidos, William Mark Felt fue director del FBI durante el escándalo Watergate. Sus filtraciones llevaron a la renuncia del presidente Richard Nixon en 1974. Oculto bajo el alias de “Garganta Profunda”, su verdadera identidad, Felt reveló que fue la fuente que ayudó a Bob Woodward y Carl Bernstein, los dos periodistas del Washington Post, a redactar la serie de reportajes que derrocaron a Nixon y provocaron el encarcelamiento de varios de sus colaboradores. Hasta entonces, el informante solo era conocido por su apodo.
Ayer, en una entrevista con el canal de televisión que cree en el hacker, el magistrado de la Corte Suprema, Gilmar Mendes, tras ser presionado por el comentarista principal sobre la "validez" de incriminar a Moro mediante documentos "filtrados", tuvo que escuchar al magistrado afirmar, sin rodeos, que durante la Operación Lava Jato, ampliamente financiada por el canal, lo que más hicieron fue difundir "filtraciones" provenientes de Curitiba. Sin réplica, el grupo de entrevistadores fue interrumpido en su interrogatorio por una "inserción" del presentador. Visiblemente "por órdenes del canal", explicó al aire que los "reportajes" transmitidos en ese momento eran resultado de una investigación. Gilmar no vaciló. Continuó hablando con naturalidad sobre el contenido, para total perplejidad de los periodistas presentes. Siguió adelante, defendiendo lo que considera "constitucional", a pesar de que ya lo hemos visto en momentos poco afines al texto de la Carta Magna, a la cual ofreció efusivos elogios. “Nos garantizó treinta años de paz y tranquilidad”, comentó. El ministro salió ileso del aluvión de críticas. Los entrevistadores, en cambio, quedaron muy criticados, sobre todo aquellos que buscaban pruebas de la teoría del “hacker”.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.

