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Alex Solnik

Alex Solnik, periodista, es autor de "El día que conocí a Brilhante Ustra" (Editorial Geração)

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Era inevitable.

Fue otro error del presidente del PT, Rui Falcão, quien presionó a los diputados para que confrontaran a Cunha, creyendo que su amenaza era un farol. Decidió entonces ponerlo a prueba.

São Paulo, 26 de octubre de 2014. ELECCIONES - Rui Falcão, Presidente Nacional del Partido de los Trabajadores (PT), durante una conferencia de prensa en el Hotel Braston de São Paulo. Foto: Paulo Pinto/Fotos Publicas (Foto: Alex Solnik)

Era obvio que Cunha desencadenaría un proceso de destitución si el PT lo abandonaba.

Y eso fue lo que pasó.

En cuanto los tres miembros del Partido de los Trabajadores anunciaron, siguiendo las instrucciones del partido, que votarían a favor de iniciar un proceso contra Cunha, este utilizó la espada de Damocles que había estado guardando para cuando no tuviera otra opción.

Fue otro intento desesperado por parte del presidente del PT, Rui Falcão, quien presionó a los diputados para que confrontaran a Cunha, creyendo que su amenaza era un farol. Decidió ponerlo a prueba.

La respuesta de Cunha no puede interpretarse simplemente como una venganza. Como dije ayer, esta sería su única forma de sobrevivir, pues al ofrecer este regalo navideño a la oposición apuesta por recuperar apoyo, lo que incluso podría llevar a su absolución en el pleno.

Era su única, aunque remota, oportunidad de reincorporarse a la contienda, ya que la oposición ahora tiene interés en fortalecerlo para que lidere el proceso de destitución contra Dilma. Este era, por lo tanto, el escenario en el que menos perdería y tendría alguna posibilidad de sobrevivir.

Por primera vez en la historia de Brasil, nos encontramos ante una situación en la que el Presidente de la República y el segundo en la línea de sucesión presidencial se enfrentan a un proceso de destitución.

La diferencia es que el proceso de destitución contra Cunha podría tardar tres meses en llegar a la sesión plenaria, mientras que el del presidente llegará allí si es aceptado por el comité de 66 diputados que se formará en los próximos días en aproximadamente 15 sesiones de comité.

El palacio presidencial tiene tres oportunidades para sobrevivir: primero, revocar el proceso mientras aún está en comisión; segundo, impedir que dos tercios de los diputados aprueben lo que decidió la comisión.

Si es derrotado en ambas etapas, el presidente será suspendido por seis meses, tiempo durante el cual el juicio político será juzgado por el Senado y también tendrá que ser aprobado por 2/3 de los senadores.

Si no se alcanza ese quórum, el presidente regresa a su cargo.

El palacio presidencial espera que durante este período el presidente del Partido de los Trabajadores permanezca obedientemente en silencio.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.