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Leandro Fortes

Jornalista

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No va a llevar a nada.

No llegará a nada (Foto: ADRIANO MACHADO - REUTERS)

Nuestra mayor tragedia es que, históricamente, cuando los escándalos afectan a las estructuras de la clase dominante, no pasa nada. 

Esta observación se refuerza periódicamente, y las raras excepciones, como la destitución de Fernando Collor de Mello, no hacen sino endurecer aún más la norma. Collor no cayó por robar, sino por ser sorprendido robando, quebrantando así la regla de oro de las clases dominantes brasileñas, vigente desde la época colonial.

Así, con cada filtración de archivos de The Intercept Brasil que contienen mensajes de Telegram entre fiscales de Curitiba y el ex juez Sérgio Moro, por más sórdido que sea el tema o la magnitud de la corrupción, las secciones de comentarios de internet se inundan inmediatamente con miles de lamentos instantáneos: "todo quedará en nada".

¿Acaso el exjuez recomendó el uso de pruebas contra Lula, un acusado al que él mismo juzgaría más tarde? No servirá de nada.

¿Acaso ordenó que incapacitaran a una fiscal para que no interfiriera en el proceso? No servirá de nada.

¿Estaba dando órdenes y liderando el grupo de trabajo Lava Jato, en flagrante desprecio por las leyes que rigen el poder judicial? No habrá consecuencias.

¿Acaso Deltan Dallagnol planeaba enriquecerse a costa de la desgracia de los seres humanos acusados ​​y encarcelados por Lava Jato, incluso si eran inocentes? Sus planes serán en vano.

¿Estaba pidiendo dinero público a un tribunal para hacer un vídeo para TV Globo y negociando sobornos en Beach Park con su familia? No saldrá nada de eso.

¿Los magistrados del Tribunal Supremo dictaban veredictos a favor de la fiscalía, hacían tratos turbios y tenían reuniones secretas con Moro y Dallagnol en plena noche? ¡Ajá, ajá, no pasará nada!

Esta sensación paralizante se convierte en una angustia aún mayor con el desfile diario de absurdos del gobierno de Bolsonaro, una destrucción programada no solo de los bienes y servicios nacionales, sino del alma del país, a través de la asfixia moral.

Con el apoyo, por supuesto, de aquellos que invariablemente esperan que nada llegue a concretarse. 

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.