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José Reinaldo Carvalho

Periodista, editora internacional de Brasil 247 y de la página Resistência: http://www.resistencia.cc

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La “tripolaridad” nace en un mundo multipolar.

Las conversaciones de Xi con Putin y Trump son gestos típicos de la diplomacia entre jefes de grandes potencias, lo que implica también tareas importantes para el Brasil de Lula.

Xi, Trump y Putin (Foto: Reuters)

Por José Reinaldo Carvalho - Las relaciones internacionales están experimentando una profunda redefinición, en la que los gestos, las reuniones y las palabras de los principales líderes mundiales adquieren un peso estructural. La celebración simultánea de una reunión virtual entre el presidente chino, Xi Jinping, y el presidente ruso, Vladimir Putin, seguida de una conversación telefónica entre Xi y el presidente estadounidense, Donald Trump, es una señal elocuente de cómo China se está posicionando en el centro de la política global, en un mundo que se consolida como multipolar y en el que también emerge claramente una dinámica tripolar entre las grandes potencias.

China, Rusia y Estados Unidos comparten una característica decisiva: son potencias con importantes responsabilidades en el Consejo de Seguridad de la ONU y ejercen una influencia decisiva en el curso del orden internacional. Las conversaciones del 4 de febrero demuestran la determinación de China de promover la coordinación entre las principales potencias y actuar como factor de estabilidad estratégica global en un escenario marcado por graves turbulencias.

La reunión virtual entre Xi y Putin mantuvo una tradición ya establecida de diálogo estrecho en vísperas de la Fiesta de la Primavera, reforzando la dimensión política y simbólica de la relación chino-rusa. El encuentro reflejó la continuidad de una intensa comunicación estratégica, sustentada por una sólida relación personal entre ambos jefes de Estado.

La designación de las relaciones bilaterales entre estos dos gigantes como una "Asociación de Coordinación Estratégica Integral" y la asunción por parte de ambos del deber de unir esfuerzos globales para defender la equidad y la justicia internacionales, proteger los resultados victoriosos de la Segunda Guerra Mundial, salvaguardar el sistema internacional centrado en la ONU y las normas fundamentales del derecho internacional y mantener conjuntamente la estabilidad estratégica global no debe pasar desapercibida.

Por su parte, Putin fue enfático al afirmar que Rusia confía plenamente en la relación bilateral y que, ante un entorno internacional complejo e inestable, está dispuesta a intensificar la coordinación estratégica con China, contribuyendo positivamente a las relaciones internacionales. Esta alineación revela que, en un contexto de creciente volatilidad, Pekín y Moscú buscan respuestas más coordinadas y consistentes a los principales problemas globales, asumiendo un papel más activo y visible en la gestión de las tensiones internacionales.

Ese mismo día, Xi Jinping mantuvo una conversación telefónica con el presidente estadounidense, Donald Trump, que también reviste gran importancia política. Xi declaró: «En el nuevo año, espero trabajar con ustedes para dirigir con firmeza la gigantesca nave de las relaciones entre China y Estados Unidos, superando vientos y tormentas, y logrando logros aún mayores y más positivos». Reconociendo que China y Estados Unidos tienen importantes agendas para 2026, el líder chino abogó por que ambas partes cumplan con los entendimientos ya alcanzados, fortalezcan el diálogo, gestionen adecuadamente sus diferencias y amplíen la cooperación práctica.

Xi fue aún más directo, afirmando: “Siempre es correcto hacer algo bueno, por pequeño que sea, y siempre es incorrecto hacer algo malo, por pequeño que sea. Debemos avanzar paso a paso para construir confianza mutua, encontrar la manera correcta de coexistir y hacer de 2026 un año en el que nuestros dos principales países avancen hacia el respeto mutuo, la coexistencia pacífica y la cooperación mutuamente beneficiosa”. Pragmático, cediendo a la evidencia de los hechos que atestiguan la fuerza de quien considera su rival, en un intento de ganar impulso, respondió positivamente, declarando que Estados Unidos desea trabajar con China y avanzar en las relaciones bilaterales. El jefe de la Casa Blanca incluso calificó la conversación con Xi de “excelente”, una evaluación indisociable de cálculos estratégicos y pragmáticos.

Estos movimientos son parte de una diplomacia entre jefes de Estado de grandes potencias, que también presenta desafíos y tareas para el Brasil de Lula, dada la relevancia de nuestro país como potencia emergente en el Sur Global. 

Las interacciones casi simultáneas entre China, Rusia y Estados Unidos han elevado este impulso a un nuevo nivel. En segundo plano, el mundo se enfrenta a debates cruciales: unilateralismo versus multilateralismo, diálogo versus confrontación, cooperación versus conflicto. En medio de transformaciones sin precedentes en un siglo, la búsqueda de mayor certidumbre y estabilidad crece entre los países. Las sucesivas interacciones de los líderes mundiales con Xi Jinping reflejan este anhelo.

Es en este contexto que se puede hablar del nacimiento de una tripolaridad en un mundo multipolar. La rivalidad entre las grandes potencias no desaparece, pero en determinadas circunstancias puede y debe gestionarse. Incluso Donald Trump, presidente de Estados Unidos, demuestra comprender que una confrontación directa con China perjudicaría los intereses pragmáticos estadounidenses, optando en cambio por gestionar la relación con Pekín como una forma de ganar tiempo. 

El resultado es una afirmación y consolidación aún mayor de la multipolaridad, en la que el papel de las grandes potencias es relevante y, en este contexto, el papel de China resulta ineludible y cada vez más central. 

Como país constructor del socialismo con características únicas, bajo la dirección de un Partido Comunista lúcido y experimentado, este papel surge como un factor favorable en la lucha de los países y pueblos por la soberanía, el desarrollo, la prosperidad y la justicia, en un proceso que también es históricamente ineludible en la lucha por la emancipación nacional y social.   

Brasil tiene el desafío de insertarse en este proceso de forma que favorezca los intereses nacionales y promueva la contribución de nuestro pueblo a los esfuerzos por la paz mundial.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.

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