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Reynaldo José Aragón Gonçalves

Reynaldo Aragón es periodista especializado en geopolítica de la información y la tecnología, con especial atención a las relaciones entre tecnología, cognición y comportamiento. Es investigador del Centro de Estudios Estratégicos en Comunicación, Cognición y Computación (NEECCC – INCT DSI) y miembro del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología en Disputas y Soberanía de la Información (INCT DSI), donde investiga los impactos de la tecnopolítica en los procesos cognitivos y las dinámicas sociales en el Sur Global. Es editor del sitio web codigoaberto.net.

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Negacionismo científico, crisis climática y genocidio de responsabilidades

Del mismo modo que se producen tácticas de distracción y relativización de la ciencia, como en el caso del "Kit Covid" en Brasil, las ciencias naturales y de la tierra han sufrido el mismo proceso de negación y relativización de sus métodos y resultados por parte de sectores negacionistas del cambio climático.

En septiembre de 2020, en plena pandemia de Covid-19, grandes incendios forestales e inundaciones azotaron Australia casi simultáneamente. Durante este período de múltiples tragedias naturales y sanitarias, el científico australiano Tim Flannery concedió una entrevista a The Guardian titulada “Los megaincendios y la pandemia ponen de manifiesto las lecciones que dificultan la acción contra el cambio climático.«...poniendo al descubierto las consecuencias del negacionismo del cambio climático. Tim destacó la evidencia que se estaba acumulando en torno al calentamiento global y las consecuencias de eventos naturales potencialmente catastróficos, incluida la propia pandemia del coronavirus. Para el científico, estos eventos evidencian de forma concreta el resultado de la negación, por parte de algunos sectores sociales, políticos y económicos, de los problemas relacionados con el clima del planeta: la promoción de fenómenos naturales que afectan a amplios sectores de la sociedad y que tienen un impacto significativo en la economía y la vida cotidiana de las personas.» 

Así, sufrimos tragedias como las ocurridas esta semana en Alemania, donde más de cien personas fallecieron y cientos más se encuentran desaparecidas durante fuertes tormentas. Eventos como estos ocurren con mayor frecuencia cada día, muchos de ellos invisibles porque no se producen en el eje geográfico occidental. En enero de 2011, el municipio de Nova Friburgo, en el estado de Río de Janeiro, fue escenario de la peor tragedia climática en la historia del país, con un saldo de 917 muertos y miles de familias sin hogar. Sucesos como estos confirman la magnitud del problema, evidenciando los efectos de las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, intensificando el efecto invernadero y calentando la atmósfera terrestre. En una entrevista con DW Brasil, el científico alemán Bernhard Pospichal afirma que «existen numerosos indicios de que los fenómenos extremos se están intensificando, tanto los periodos de sequía como los episodios de fuertes precipitaciones».

El debate sobre el calentamiento global lleva décadas en marcha, involucrando, por un lado, a grupos conservacionistas, científicos y activistas ambientales, y por otro, a sectores vinculados a la industria, principalmente la petrolera y la agroindustria, ofreciendo una perspectiva diferente al problema que plantea la crisis ambiental que sufre el planeta. Desde que se planteó el debate sobre el calentamiento global, se ha desarrollado una disputa que trasciende los intereses económicos, situando a la ciencia y el conocimiento que genera en el centro del conflicto. Así como la ciencia se desvía y se relativiza, como en el caso del "kit de COVID" en Brasil, las ciencias naturales y de la Tierra sufren el mismo proceso de negación y relativización de sus métodos y resultados por parte de sectores negacionistas del cambio climático. Estos grupos buscan defender sus intereses desacreditando, entre otras cosas, el conocimiento adquirido en la investigación sobre el cambio climático.

Contaminación por nitrógeno
Veinte empresas son responsables de un tercio de todas las emisiones de CO² a la atmósfera terrestre.

En la década de 1980, investigadores de Exxon, utilizando los métodos informáticos más avanzados de la época, descubrieron que el uso masivo de combustibles fósiles estaba calentando la atmósfera y que los datos eran alarmantes. A partir de ese momento, la política de la compañía fue sembrar dudas sobre los resultados de las investigaciones universitarias posteriores acerca del calentamiento global. Necesitaban minimizar el daño ambiental causado por su producto, contradiciendo la evidencia científica y, de este modo, impidiendo que el público, temeroso de las consecuencias, se opusiera y, por ende, promoviera cambios en nuestros hábitos de consumo energético. Al enfatizar las incertidumbres sobre el cambio climático y, por consiguiente, desacreditar los estudios que señalaban el problema, lograron ganarse la confianza de una sociedad inmersa en el consumo y que, en aquel entonces, no deseaba modificar su estilo de vida. Los investigadores sostienen que este proceso fue responsable, durante las décadas siguientes, de moldear la opinión pública, sembrando dudas sobre los orígenes del problema y, por ende, presentando a la ciencia como la villana. El negacionismo científico que observamos hoy es el resultado de procesos que buscaban no fomentar un sentido crítico en la sociedad respecto a los valores epistémicos, sino crear un método para negar sistemáticamente todo aquello que no se ajusta a su sistema de creencias e intereses, contradichos por la evidencia científica. Además de negar los efectos del efecto invernadero, las compañías petroleras, las minas de carbón y otros sectores que utilizan combustibles fósiles comenzaron a cooptar a científicos para realizar estudios no con el fin de buscar evidencia, sino para falsificar investigaciones que contradecían los descubrimientos de sus colegas. Una hipótesis que explica el claro crecimiento de las redes negacionistas en las últimas décadas es la desconexión geográfica, cultural y psicológica que separa la vida cotidiana de las personas de los eventos con el potencial de sacudir las estructuras y su día a día, y que podrían tener consecuencias materiales. Muchos de los valores compartidos por amplios sectores de la sociedad, sus espacios de convivencia y sus perspectivas sobre el mundo y la realidad en la que se desenvuelven suelen estar muy alejados del impacto de la ciencia en ciertos temas. Nuestra comprensión de los valores que rigen nuestras vidas y la cultura en la que estamos inmersos son factores que pesan mucho a la hora de aceptar o rechazar nueva información, especialmente sobre temas científicos que están tan alejados de la realidad de la mayoría de la gente. 

Eventos como las lluvias en Alemania o en Nueva Friburgo ocurren con una distribución geográfica y temporal que hace que la sociedad los perciba como fenómenos aleatorios, no necesariamente motivados por la crisis climática. Más allá de la complejidad del calentamiento global para la mayoría, se necesitan políticas de concientización para fortalecer la comprensión de que las actitudes individuales y nuestra interacción diaria con la naturaleza pueden modificar los patrones sociales en beneficio del medio ambiente. Este aspecto de la lucha contra los problemas ambientales choca con los intereses de los sectores negacionistas que, mediante la negación sistemática de los principios científicos, promueven redes con influencia política en la sociedad, fomentando la incertidumbre en temas que se alinean con sus ambiciones. Estas redes negacionistas, formadas a través de perspectivas oscurantistas que buscan marginar y relativizar la ciencia, actúan de manera político-ideológica en la formación de grupos que, al cuestionar el conocimiento adquirido, se oponen a medidas que podrían perjudicar sus intereses. Esta situación, donde tanto los fenómenos naturales como la propia crisis sanitaria exponen de forma clara y efectiva las consecuencias del desprecio con el que la civilización del siglo XXI ha tratado al medio ambiente, pone de manifiesto la indiferencia con la que la civilización del siglo XXI ha tratado al medio ambiente.

Referencias:

https://www.theguardian.com/commentisfree/2020/may/07/michael-moore-far-right-climate-crisis-deniers-film-environment-falsehoods
https://www.bbc.com/portuguese/internacional-54284565
https://www.dw.com/pt-br/como-lidar-com-o-negacionismo-clim%C3%A1tico/a-46489147

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.