En un mundo en llamas, el imperativo de la paz
Es urgente realizar esfuerzos por la paz y la cooperación internacional, lo que exige firmeza y amplitud en la lucha antiimperialista, escribe José Reinaldo
Por José Reinaldo Carvalho, 247 - Vivimos en tiempos turbulentos, un escenario global marcado por conflictos persistentes, como la guerra en Ucrania y el genocidio perpetrado por el Estado sionista de Israel contra el pueblo palestino con la aprobación del imperialismo estadounidense. Las crisis políticas, la inestabilidad económica, las contradicciones sociales irreconciliables y la amenaza de nuevas guerras ensombrecen el futuro de la humanidad, cuya supervivencia está amenazada. Ante esta realidad, es imperativo reflexionar sobre soluciones políticas eficaces y justas, aunando esfuerzos por la paz y el desarrollo.
Hace una semana, el 10 de diciembre, se celebró la VI Asamblea Nacional de Cebrapaz (Centro Brasileño de Solidaridad con los Pueblos y la Lucha por la Paz). Esta organización está comprometida con la lucha por los más altos ideales de la humanidad, en solidaridad con los pueblos amenazados y atacados por las potencias dominantes, y comprometida con la lucha antiimperialista. En mi intervención, honrado con el nombramiento como presidente de la organización, compartí con el grupo reunido una reflexión sobre la crisis multidimensional del sistema imperialista, cuya mayor expresión es el declive de Estados Unidos como potencia hegemónica, en su fase moribunda, una fase en la que las peores características del sistema capitalista se manifiestan agudamente: el ataque a los derechos de los trabajadores, los pueblos y las naciones que luchan por afirmar su independencia, los golpes de Estado, las intervenciones, el militarismo y las guerras.
Es un mundo en un estado de cambios sin precedentes, algunos ominosos, otros auspiciosos. Entre estos cambios ominosos se encuentra la amenaza de la destrucción de la humanidad, pues a esto es a lo que conduce la política belicista del imperialismo en su fase final.
Entre las buenas noticias, vemos el despertar de los pueblos y el surgimiento de nuevos fenómenos, el más notable de los cuales es el surgimiento de un mundo multipolar, en el que Estados Unidos, además de una profunda crisis económica, social, política, moral y geopolítica, sufre sucesivas derrotas en las guerras que ha librado en los últimos años.
Paralelamente al fracaso norteamericano, China emerge como potencia socialista, renace el poder nacional de Rusia, se afirma la lucha del Sur Global y se fortalecen nuevas agrupaciones de naciones que se convierten en polos relevantes en la lucha por un nuevo equilibrio global, como los BRICS ampliados y la Organización de Cooperación de Shanghai, por citar sólo dos ejemplos.
Obviamente, la multipolaridad no tiene el poder mágico de traer la paz. Objetivamente, puede generar nuevas contradicciones que generarán nuevos conflictos y nuevos desafíos.
La operación militar especial de Rusia en Ucrania y las heroicas acciones de la Resistencia Palestina en Gaza desde el 7 de octubre forman parte de estos cambios y de la lucha antiimperialista. Condenarlas es aliarse con los peores enemigos del pueblo. No es casualidad que quienes las condenan como acciones contrarias al derecho internacional o como terrorismo sean los mismos que niegan la existencia de la multipolaridad y exageran el liderazgo de Estados Unidos.
La lucha palestina actúa como catalizador del cambio en Oriente Medio, desafiando las posiciones estratégicas del imperialismo estadounidense y el sionismo israelí en la región, mientras que la Operación Militar Especial rusa en Ucrania desafía el militarismo de Estados Unidos y la OTAN. Estas acciones, por lo tanto, contribuyen a la multipolaridad y al surgimiento de un nuevo equilibrio de poder en el mundo.
En el epicentro de la búsqueda de la paz y de un nuevo equilibrio en el mundo se encuentra la inspiradora visión de Xi Jinping: construir una Comunidad con un Futuro Compartido para la Humanidad.
Mientras las llamas de la guerra arden en diferentes regiones, es crucial reconocer que la respuesta no reside en perpetuar los conflictos, sino en el compromiso firme, integral y amplio de las fuerzas progresistas dedicadas a la paz, la cooperación internacional y la lucha antiimperialista, aplicando una política de convergencia entre las fuerzas progresistas y los defensores de la paz. El papel de líderes destacados se hace evidente, y la propuesta de Xi Jinping de una comunidad de futuro compartido es un rayo de esperanza en medio de la adversidad.
La idea de una comunidad de futuro compartido resalta la interconexión inherente de la humanidad y subraya la importancia de un enfoque colaborativo para resolver los desafíos globales. Ante la guerra y el sufrimiento, la visión de Xi Jinping subraya la urgencia de abandonar las mentalidades hegemónicas en favor de un compromiso colectivo con la paz.
El compromiso con una comunidad de futuro compartido no es una abstracción ni una utopía, sino un llamado a la acción concreta. Promover la paz y el desarrollo requiere esfuerzos coordinados y cambios fundamentales en el injusto orden mundial actual.
La Comunidad de Futuro Compartido es la contribución de los comunistas chinos, bajo el liderazgo del Partido Comunista y su Secretario General, Xi Jinping, a la civilización y al progreso de la humanidad. Esta propuesta ofrece una visión de un futuro donde las naciones puedan prosperar juntas.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
