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César Fonseca

Reportero político y económico, editor del sitio web Independência Sul Americana

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Nuevo líder latinoamericano

Es una vergüenza que el gobierno golpista de 2016 considere un golpe de Estado una victoria absolutamente democrática. Una basura. El chavismo se ha presentado a 21 elecciones desde 1999. Ganó 19 y perdió 2. El país vive actualmente su segunda Asamblea Nacional Constituyente. El pueblo está escribiendo sus derechos en el parlamento. Un movimiento político vibrante.

Nicolás Maduro (Foto: César Fonseca)

Petardeo

Frustración generalizada en los medios conservadores.

Los lectores de Globo, El Nacional, El Mercurio, La Nacion, Estadão, Folha de São Paulo, El País, Rede Globo, los oligopolizados y serviles medios sudamericanos, en sintonía con Washington, repiten como loros, al unísono, lo que manda el Tío Sam: el dictador se robó las elecciones, escondiendo 4 millones de votos, ja, ja, ja.

Dos mil observadores internacionales atestiguaron la contundente victoria de Maduro a través de un sistema electoral transparente, seguro, honesto, etc.

Todo transcurrió pacíficamente, con la oposición repitiendo su eterno error: evitar las contiendas electorales por falta de propuestas políticas populares.

Los grandes medios de comunicación, los grandes perdedores, expresan estúpidamente el mismo punto de vista, el del imperio, mecanicista, positivista, que no quiere una Sudamérica coordinada por la Unasur, el Mercosur, la Celac, política, económica y socialmente, integrada para sí, en sí, por sí, en un movimiento de transformación dialéctica, sino dirigida por la OEA, la Casa Blanca, Wall Street, atado con correa.

Es una vergüenza que el gobierno golpista de 2016 considere que un golpe de Estado es una victoria completamente democrática.

Basura.

El chavismo ha disputado 21 elecciones desde 1999.

Ganó 19, perdió 2.

El país está viviendo actualmente su segunda Asamblea Nacional Constituyente.

El pueblo está escribiendo sus derechos en el parlamento.

Un movimiento político vibrante.

Sí, gracias al boicot económico impuesto por Washington y sus lacayos de mierda latinoamericanos, dispuestos a dar golpes mercenarios por centavos, los venezolanos hasta sufren la falta de papel higiénico, pero están orgullosos, conscientes de que están escribiendo su propia historia en este momento mágico a lo Gabriel García Márquez.

El otoño del patriarca en Caracas.

Se forma una espectacular alianza cívico-militar como forma de resistencia contra el imperio, impidiendo el asalto del Tío Sam a la vasta riqueza petrolera, con la formación de comités populares de defensa nacional.

Simón Bolívar y Hugo Chávez son los grandes líderes espirituales de este movimiento de afirmación continental.

Es insoportable para el poderoso ESTADO MILITAR-INDUSTRIAL ESTADOUNIDENSE, tal como lo concibió Eisenhower en 1960, perpetuar su reinado imperial por siempre, como la nueva Roma, después de que el imperio británico y su orgullosa libra fueran derrocados por el dólar, en la era post Bretton Woods, 1944, etc.

El tío Sam ahora quería doblar las rodillas de Maduro, tal como doblegó las de Temer y sus compinches neoliberales, ordenando la destrucción de derechos garantizados constitucionalmente desde 1940, bajo el gobierno de Getúlio Vargas.

También condujo a la destrucción de las bases estructurales del desarrollo nacional, devastando empresas y bancos, pilares del poder nacionalista para enfrentar las crisis contracíclicas de un capitalismo global cada vez más inestable.

El nacionalismo vive
Maduro resistió, no huyó de las caras feas de los halcones del Pentágono, de los exabruptos de Trump.

Citó a Perón en su discurso de victoria ayer en Caracas.

Elogió al gran líder nacionalista argentino que, en 1955 en Bandung, Indonesia, sentó las bases ideológicas sudamericanas de lo que llamó la TERCERA POSICIÓN, en medio de la Guerra Fría: ni capitalismo ni socialismo, sino nacionalismo sudamericano.

Insoportable para la Casa Blanca.

Perón y Vargas son enemigos del imperio.

Washington no tolera el honor ni el patriotismo de otros.

Maduro ha ensayado un nuevo poder monetario –el Bolívar– anclado en reservas de petróleo, oro, diamantes y minerales, para escapar de la dictadura del dólar, que impone un deterioro forzado de los términos de intercambio con la periferia capitalista global.

El líder venezolano negoció un acuerdo militar con Putin y Xi Jinping para convertirse en miembro del BRICS, abandonando el conglomerado sindical de Bretton Woods y teniendo como capital las mayores reservas de petróleo del mundo, junto con el presal.

Demostró que tiene agallas para enfrentarse al dictador imperialista de la Casa Blanca, considerado irónicamente por los perros falderos sudamericanos como un demócrata, con derecho a lanzar bombas sobre Siria, mientras los medios brasileños consideran a la víctima Bashar Al Assad como un dictador.

El Tío Sam lava con jabón perfumado de Hollywood las cabezas podridas de la élite sumisa y esclavista de la periferia, como ya decía Glauber Rocha, para que no perciban el curso de la historia real, concreta, en un movimiento de contradicción dialéctica, opuesto al pensamiento ingenuo, infantil, singular, dictado por Wall Street y difundido por Globo.

Maduro lanzó un grito de guerra: ¡Ya basta de ser el perrito faldero del Tío Sam, muchachos!

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.