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Pedro Benedito Maciel Neto

Pedro Benedito Maciel Neto es abogado y autor de “Reflexiones sobre el estudio del derecho”, Ed. Komedi, 2007.

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El amor como escudo y ariete

Lo que buscamos los socialdemócratas es un camino que garantice oportunidades, que garantice el Estado de bienestar, no sólo las ganancias de los bancos y los fondos.

Dólar (Foto: Reuters)

Era el año 1998, después de Navidad fui a Madrid a hacer un curso, allí todavía se usaban las pesetas españolas y el presidente del gobierno era el liberal José María Aznar; aproveché un fin de semana y fui en tren, de la estación de Atocha a la de Austerlitz, en París; hacía tanto tiempo que la moneda era el franco, el presidente allí era Jacques René Chirac y el primer ministro Lionel Jospin, ambos de izquierdas, buenos tiempos aquellos, sin Trump, Bolsonaro, Milei, Erdogan y demás virus antidemocráticos. 

Durante el viaje pensé mucho en lo que estaba sucediendo en el mundo y en Brasil desde el llamado Consenso de Washington.  

En Francia gobernaba la izquierda, y allí el presidente era FHC, que renunció al socialismo y se lanzó de cabeza al neoliberalismo (que, al fin y al cabo, era el proyecto de Collor); en 1998 FHC había sido reelegido, tras mantener artificialmente la apreciación del real frente al dólar y enmascarar la inflación, y llevar al país a la quiebra de manera innegable.

Tengo buenos amigos apasionados por Fernando Henrique Cardoso. Deberían leer el libro del periodista Paul Blustein, de The Washington Post, que narra el fracaso del FMI en la crisis financiera de 1998, la que acabó destruyendo el populismo cambiario brasileño en enero de 1999. Entre la segunda quincena de agosto de 1998 y el 13 de enero de 1999, gastó casi 30 millones de dólares de nuestras reservas y otros 9 millones de dólares aportados por el FMI, en una política de pretensiones, todo para reelegir a Cardoso y que este continuara su vasallaje al mercado. 

La política incluso elevó las tasas de interés SELIC al 42% anual, recortando la inversión pública, interrumpiendo nuestro desarrollo, con un crecimiento cero y una contracción del 1,5% del ingreso per cápita en 1999. 

El mercado ama a FHC, ya que recibió hasta un 42% anual en remuneración, con una inflación promedio del 12% anual.

El hecho es que, con el apoyo del FMI, la administración de FHC logró crear la llamada "banda diagonal endógena" (que tampoco entiendo del todo), lo que llevó a los miembros del FMI a denunciar la falta de transparencia del plan de ayuda, pues creían que la devaluación era inevitable. Aun así, el gobierno estadounidense impuso el plan de ayuda para Brasil a los europeos, canadienses y japoneses, anunciando una red de seguridad de 41 000 millones de dólares.

El FMI aprovechó la crisis brasileña e incluyó las cláusulas 33 y 34, exigiendo que el gobierno de FHC envíe urgentemente al Congreso Nacional el proyecto de ley sobre la prevalencia de lo "negociado sobre lo legislado", agravando el dramático panorama de desempleo, imponiendo presiones salariales y precarizando las relaciones laborales, en respuesta a demandas externas.

Cuando la banda diagonal endógena estalló, hubo desesperación, por el temor de quedarse sin apoyo externo, en la segunda semana de enero de 1999, un sábado, Malan y el entonces presidente del Banco Central, Francisco Lopes, estaban en la oficina de Michel Camdessus, entonces director general del FMI, en Washington, “con las manos extendidas”.

El FMI pretendía que el equipo económico dolarizara la economía, lo que no fue aceptado, porque en Argentina ese camino ya había fracasado; por lo que el FMI propuso que la libre flotación del real fuera acompañada de un aumento de las tasas de interés, a algo entre 60% y 70% anual; lo que tampoco encontró apoyo, sobre todo del economista Chico Lopes.

El hecho es que el 29 de enero de 1999, el mercado financiero brasileño tuvo un viernes negro, con corridas bancarias y el dólar cotizado a R$ 2,07, además de presiones para que FHC siguiera el ejemplo argentino; Chico Lopes fue removido y destruido (en la lógica del mercado era necesario destruirlo para descalificar sus futuras críticas); el 3 de febrero, el gobierno comenzó a montar uno de los mayores programas de contención del gasto público y de la inversión de la historia nacional.

Una de las pocas voces críticas a la política de austeridad de FHC fue la del expresidente y entonces gobernador de Minas Gerais, Itamar Franco, pero pocos le prestaron atención. La lógica neoliberal ya se presentaba como "el camino, la verdad y la vida", y la prensa "libre", financiada por bancos y fondos, ya trataba las decisiones liberales y neoliberales como decisiones "técnicas", cuando, evidentemente, eran opciones ideológicas.

Vi todo esto desde el otro lado del Atlántico, leyendo noticias y opiniones en El País y usando el aún precario internet por discado. Que alguien les explique a los jóvenes de qué se trata todo esto.

Para los liberales lo que importa es servir al mercado, pero para nosotros, los socialdemócratas, hay otro elemento fundamental: la gente.

Al llegar a la estación de Austerlitz, fui a tomar un café y pensé en trazar un itinerario para el fin de semana, pero, extrañando a Celinha, terminé escribiendo el poema que sigue:

En un café de Austerlitz

Solo imágenes superpuestas
Reflejos en el espejo de un café de Austerlitz
París es así: superposición de imágenes
La vida también es así...

El camarero trae café y agua.
cobró diez francos
Pagué y él continuó atendiendo otras mesas.
no había sonrisa
Son solo negocios...

Lo que busco no es intercambio
Busco sorpresa
la efímera eternidad del amor juvenil
capaz de locura
pero, dicen, el tiempo convierte todo en intercambios
Intercambios sin sonrisa como el del camarero en la estación de Austerlitz
Preocupado por los diez francos...

Lo que buscamos los socialdemócratas es un camino que garantice oportunidades, que garantice el estado del bienestar, no solo las ganancias de los bancos y los fondos. Si vivimos en el mismo país, en el mismo continente y en el mismo planeta, debemos cuidar de "amar a la gente como si no hubiera un mañana", porque el amor, y solo el amor, puede ser nuestro escudo y nuestro ariete.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.