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Alex Solnik

Alex Solnik, periodista, es autor de "El día que conocí a Brilhante Ustra" (Editorial Geração)

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El nuevo Estado de Bolsonaro

"Lo que más me preocupó del discurso inaugural de Jair Bolsonaro fue su mención de que 'el poder popular ya no necesita intermediarios': 'Las nuevas tecnologías han permitido una relación directa entre votantes y representantes'. Getúlio Vargas no tenía WhatsApp, pero usó el mismo argumento para proclamar el Estado Novo", afirma el columnista de 247, Alex Solnik. "No será muy difícil convencer a la población, vía WhatsApp, de que cerrar el Congreso y los partidos políticos podría suponer un ahorro inmenso, ya que, además de no producir nada útil, están sumidos en la corrupción y las prebendas", enfatiza.

El nuevo Estado de Bolsonaro (Foto: REUTERS/Adriano Machado)

Lo que más me preocupó del discurso de toma de posesión de Jair Bolsonaro fue su afirmación de que "el poder popular ya no necesita intermediarios": "Las nuevas tecnologías han permitido una relación directa entre votantes y representantes".

Getúlio Vargas no tenía WhatsApp, pero utilizó el mismo argumento para proclamar el Estado Novo.

Los partidos políticos y los políticos, es decir, el Poder Legislativo, eran costosos, solo se preocupaban por las elecciones y «no servían a los intereses de la nación». Además, causaban mucha inestabilidad, argumentó Getúlio, citando el Levantamiento Comunista de 1935. La población detestaba a los políticos y no le interesaban las elecciones.

Alegando problemas como éstos, que le impedían gobernar bien y hacer crecer la nación, promulgó una nueva Constitución el 10 de noviembre de 1937, rompiendo la que había prometido mantener en 1934, en la que incluía el cierre del Congreso Nacional y el fin de los partidos políticos.

En otras palabras, convirtió la dictadura en ley e incluso la llamó democracia.

Bolsonaro nunca ha sido especialmente partidario de los partidos políticos. Ha estado en varios. No fue un partido el que lo eligió, él eligió a un partido. No les presta la menor atención a los partidos a la hora de formar su gabinete. Si mantener el control de la Cámara de Diputados y el Senado era muy costoso en 1937, ahora, con la financiación pública de las campañas, es aún más costoso. Al igual que Getúlio Vargas, cuenta con un amplio apoyo militar. Al igual que Getúlio Vargas, utiliza con frecuencia el argumento de la amenaza comunista.

No será muy difícil convencer a la población, vía WhatsApp, de que cerrar el Congreso y los partidos políticos podría suponer un ahorro inmenso, ya que, además de no producir nada útil, están sumidos en la corrupción y los privilegios.

Para dar el golpe de Estado Novo, bastaron unas pocas tropas a caballo para rodear la Cámara de Diputados y el Senado en la madrugada del 10 de noviembre de 1937. Nadie pudo entrar. En procesión, los parlamentarios se dirigieron al Palacio de Catete. Y apoyaron el golpe en lugar de repudiarlo.

Los periódicos del día siguiente publicaron el discurso de Getúlio. Quienes se opusieron a él fueron arrestados o deportados. Libros, periódicos y películas fueron quemados o censurados. La tortura formó parte de la política de Estado bajo el liderazgo del nazi Filinto Müller. Getúlio admiraba a Hitler. El DIP (Departamento de Prensa y Propaganda) se creó a imagen y semejanza del Ministerio de Propaganda alemán.

Durante los nueve años siguientes, reinó en Brasil un estado de terror que sólo terminó porque Estados Unidos ganó la Segunda Guerra Mundial –en su versión, pues en la soviética la URSS ganó la guerra– y la definió como “la victoria de la democracia”, exigiendo, en 1946, la deposición de Getúlio Vargas, misión cumplida por los mismos generales que garantizaron su ascenso al poder absoluto en 1937.

Si los alemanes hubieran ganado la guerra, el Estado Novo habría tenido una vida más larga.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.