La estrategia de Trump contra los BRICS
Si bien el ataque contra el general iraní Soleimani casi desestabilizó la región de Oriente Medio, las acciones posteriores de Donald Trump pasaron prácticamente desapercibidas. Una de ellas fue la exclusión de China, India, Brasil, Sudáfrica, Argentina y Colombia de la lista de países denominados «en desarrollo» del Departamento de Comercio de Estados Unidos.
Al comienzo de un año en el que las noticias internacionales se centraron en la preocupación por la propagación del virus en la provincia china de Hubei, se prestó poca o ninguna atención a las maniobras del gobierno estadounidense para reafirmar su hegemonía geopolítica internacional. Si bien el ataque contra el general iraní Soleimani a principios de enero casi desestabilizó la región de Oriente Medio, las acciones posteriores del presidente Donald Trump pasaron prácticamente desapercibidas.
Una de estas medidas fue la exclusión de China, India, Brasil, Sudáfrica, Argentina y Colombia de la lista de países denominados «en desarrollo» del Departamento de Comercio de Estados Unidos, lo que podría debilitar su poder comercial con las principales potencias occidentales y su competitividad en el mercado internacional. Inicialmente, esto parece ser un problema para estos países. Sin embargo, un análisis más profundo de las razones y consecuencias de la decisión estadounidense permite llegar a conclusiones más matizadas.
Esto se debe a que, en primer lugar, el concepto de país en desarrollo no está avalado por el Departamento de Comercio de Estados Unidos; se trata de una observación global. Dado que China ostenta el principal acuerdo de cooperación económica internacional en la actualidad, la Iniciativa de la Franja y la Ruta, el consenso occidental respecto a este país es que se trata de una nación desarrollada que, en diversos sectores, supera a las empresas de la que fuera la mayor potencia asiática. Hoy en día, Japón sigue liderando el mercado automovilístico con Honda y Toyota, pero el sector de la tecnología móvil está encabezado por la empresa coreana Samsung y las emergentes empresas chinas Huawei y Xiaomi, que ya lideran el mercado asiático en la industria informática.
Brasil, si bien enfrenta una crisis política y problemas ambientales, cuenta con la fortaleza de su mercado interno (no tan desmesurado como el de China, con sus 1.4 millones de consumidores, que, a diferencia de India, concentra población y mercado de consumo) de 200 millones de personas, además de su vasta extensión territorial, sin focos de inestabilidad o separatismo en sus más de 8 millones de kilómetros cuadrados, lo que le permite cultivar soja para exportación en una superficie equivalente a la de Francia y España juntas; lo mismo ocurre con Sudáfrica. India y Colombia, en cambio, tienen problemas económicos que resolver, y Argentina lleva casi 30 años oscilando entre crisis y recuperaciones.
Aun teniendo en cuenta todos los matices económicos y políticos de estos países denominados "en desarrollo", nada indica que estén estancados en lo que respecta al perfeccionamiento de sus sistemas democráticos y su eficiencia económica.
El factor predominante en esta decisión del Estado estadounidense reside tanto en el perfil del presidente como en la organización del país. El estilo de gobierno de Trump presupone conflictos constantes con la opinión pública, tanto a nivel nacional como internacional, para mantener una base de apoyo sólida en Estados Unidos. Esta es la misma estrategia que empleó cuando atacó a Huawei, intentando imponerle un embargo comercial en mayo del año pasado. Países como China, Rusia y Brasil, que en conjunto proponen una nueva división de la economía global con iniciativas como la Franja y la Ruta o los BRICS, son objetivos prioritarios de la política estatal estadounidense para mantener su hegemonía.
En segundo lugar, el modelo occidental de democracia solo exige la participación política de los ciudadanos cada cuatro años, cuando se convocan a elecciones generales. Por lo tanto, las acciones inapropiadas de los funcionarios gubernamentales suelen ocurrir durante los años electorales. Trump, para mantenerse en el poder, necesita los votos de las personas que se han alejado de la vida política del país durante los últimos tres años, y por lo tanto necesita reactivar su espectáculo político para movilizar a su base. Así, las decisiones precipitadas de este comienzo de año en Estados Unidos provienen de las heridas de la guerra comercial iniciada por Estados Unidos y de las imperfecciones del sistema democrático estadounidense. En este contexto de mejora, todos somos «países en desarrollo».
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.

