Lo obvio y oscuro
Es difícil, en mi opinión, no entender que, así como la insatisfacción de 800 personas no legitima el impeachment, la insatisfacción eventual de, digamos, 20, 40 o 100 millones tampoco lo legitima.
¿Qué tiempos son estos, en que tenemos que defender lo obvio? (Bertolt Brecht)
Hace tres días publiqué un texto relativamente sencillo en el que afirmaba algo que, salvo error, es clarísimo. Sin embargo, resulta que lo obvio no parece tan obvio para el público.
En el texto, afirmé, en resumen, que por mucho que haya insatisfacción con el gobierno federal (y la hay, eso es incuestionable); por mucho que esta insatisfacción se traduzca en manifestaciones, marchas y actos contra el gobierno (un derecho inalienable, y también lo dejé claro en el texto); por mucho que el universo de los descontentos supere con creces el número de manifestantes que salieron a las calles; por mucho que las encuestas indiquen que la popularidad del presidente es baja, nada de esto otorga legitimidad constitucional a la hipótesis de un juicio político. Aclaré además que todo este descontento puede canalizarse hacia la victoria de algún candidato de la oposición en 2018, y que esta es la vía democrática a la luz de nuestra Constitución. Cualquier juicio político sería legítimo si surgieran pruebas (y siempre es bueno recordar: indicios, pasiones, deseos y rumores no son pruebas) sobre la hipotética comisión de un delito de responsabilidad por parte del presidente. Pero, a pesar de los valientes esfuerzos de los líderes de la oposición y de nuestros medios de comunicación "tradicionales", no hay nada contra Dilma excepto estos rumores e ilusiones.
El artículo apareció en la página principal de Brasil 247, para la cual tuve el honor de ser invitado a escribir algunas palabras periódicamente. Esta exposición privilegiada, que duró unas horas, provocó una explosión en el número de comentarios sobre el texto. Fue en estos comentarios que noté que, por un lado, reitero, lo obvio resulta nebuloso para muchos ciudadanos y, por otro, que existe un déficit extremadamente preocupante, que permea a una parte considerable de nuestra población, en cuanto a la interpretación de los textos. Dejando de lado los insultos y las groserías, tan intensos como pueriles, lo que noté con mucha frecuencia es que los ciudadanos, al comentar el artículo, presentaban argumentos que se desmoronaban con la simple relectura del mismo texto que comentaban. Así, por ejemplo, escribí que el descontento popular no legitima los procesos de impeachment, y varios comentaristas, ante estas palabras, argumentaron que las 800 personas que salieron a las calles el domingo representan solo una pequeña fracción de los insatisfechos con el gobierno federal. Es difícil, en mi opinión, no entender que, así como la insatisfacción de 800 personas no legitima un impeachment, la insatisfacción eventual de, digamos, 20, 40 o 100 millones tampoco lo legitima. Pero mucha gente realmente no lo ha entendido.
El resumen de mi experiencia es este: muchas personas son intolerantes, agresivas y carecen de las herramientas cognitivas necesarias para el debate. Sin embargo, y a pesar de las ofensas recibidas, pretendo seguir expresando mis ideas mientras se me conceda amablemente este espacio, incluso por respeto y gratitud a los pocos que, aun discrepando de mis opiniones, lo han hecho de forma civilizada y racional.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
