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Guillermo Coutinho

Periodista, publicista y especialista en derecho público. Autora del blog Nitroglicerina Política.

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El parlamentarismo al estilo brasileño bajo el presidente golpista

El parlamentarismo vendría a ser una legitimación tardía del discurso golpista de Michel Temer, Aécio Neves y sus aliados y simpatizantes. Además, es bien sabido que una reforma estructural completa de la Cámara de Diputados y el Senado es prácticamente imposible.

El parlamentarismo vendría a ser una legitimación tardía del discurso golpista de Michel Temer, Aécio Neves y sus aliados y simpatizantes. Además, es bien sabido que una reforma estructural completa de la Cámara y el Senado es prácticamente imposible (Foto: Guilherme Coutinho).

"Si quieren llamar al gobierno semiparlamentario, está bien". Esta frase la pronunció Temer a principios de año, intentando destacar su buena relación con el Poder Legislativo. De hecho, Temer no tuvo problemas en las Cámaras para tomar el poder ilegítimamente, aprobar reformas impopulares y eludir graves acusaciones de corrupción. Impopular en las calles, pero popular entre sus cómplices de bandidaje. Es aprovechando esta ola antidemocrática y complaciente que el presidente pretende implementar el parlamentarismo en Brasil en las próximas elecciones. Temer quiere institucionalizar y legitimar el golpe de Estado del que fue protagonista.

En un sistema parlamentario, la mayoría de las funciones ejecutivas las ejerce un representante de la legislatura elegido por sus pares (el Primer Ministro). En este sistema de gobierno, el Presidente de la República, elegido por el pueblo, tiene menos poder que en el sistema actual, el presidencialismo, y depende aún más de la Legislatura para ejercer su mandato. En la práctica, ningún presidente que se oponga a las ideas del cada vez más conservador y corrupto Congreso Nacional será destituido prontamente. Tampoco será necesaria la tragicómica figura de Janaína Pascoal, pues no será necesario inventar excusas.

Un cambio estructural de este tipo solo beneficiaría el discurso golpista, que afirmaba que el gobierno anterior carecía de mayoría en el Congreso y, por lo tanto, merecía ser destituido. El parlamentarismo serviría como una legitimación tardía del discurso golpista de Michel Temer, Aécio Neves y sus aliados y simpatizantes. Además, es bien sabido que una reforma estructural completa de la Cámara y el Senado es prácticamente imposible, mientras que la elección de Lula (o quien reciba su apoyo) como presidente es totalmente factible. Al quitarle poderes al presidente, las reformas y agendas plutocráticas se mantendrían indefinidamente.

Dilma no poseía la misma "habilidad" de Temer para negociar con diputados y senadores, especialmente con aquellos evidentemente involucrados en casos de corrupción multimillonarios, como Aécio Neves y Romero Jucá. Ya conocemos el resultado: Dilma sufrió un golpe de Estado debido a irregularidades fiscales, mientras que Temer salió ileso, incluso con acusaciones de corrupción extremadamente contundentes en su contra. En ese momento, cambiar el sistema de gobierno solo beneficiaría a quienes se beneficiaron del golpe, y la agenda neoliberal se mantendría indefinidamente.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.