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jefferson miola

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¿Qué se necesita para el impeachment de Gilmar?

"La decisión de Gilmar Mendes de liberar a los empresarios de la mafia del transporte de Río de Janeiro escandalizó incluso a los grandes medios de comunicación, los mismos que, como es habitual, encubren los errores, las desviaciones funcionales y las ilegalidades de este magistrado del Supremo Tribunal Federal, cuyo papel esencial fue en la maquinaria del golpe y en el sostenimiento de la cleptocracia de Michel Temer", observa el columnista Jeferson Miola, quien también señala que el ministro no se consideraba parcial, a pesar de tener relación con la parte investigada. "En países civilizados y naciones donde impera el Estado de derecho, tal desviación sería causa suficiente no solo para la recusación de cualquier juez y su consiguiente destitución del caso específico, sino que justificaría su destitución".

Gilmar Mendes (Foto: Jeferson Miola)

La decisión de Gilmar Mendes de liberar de la prisión a los empresarios de la mafia del transporte de Río de Janeiro escandalizó incluso a los grandes medios de comunicación, los mismos que tienen como procedimiento habitual encubrir los errores, desvíos funcionales e ilegalidades de este juez de la Corte Suprema, cuyo papel esencial fue orquestar el golpe y sostener la cleptocracia de Michel Temer.

Al concederle el habeas corpus al empresario mafioso Jacob Barata Filho, Gilmar excedió todos los límites del decoro requeridos para el ejercicio de su cargo y rebuscó en el fondo de la alcantarilla para salvar –perdón por el juego de palabras– a Barata.

La parcialidad de Gilmar en el manejo del caso del empresario es clarísima e indiscutible. Los vínculos familiares, sociales y corporativos entre este empresario, detenido en una fase de la Operación Lava Jato, y Gilmar, su esposa Guiomar y su sobrino son bien conocidos.

Gilmar fue el padrino de la boda de la hija de Barata en 2013, cuando ella se casó con el sobrino de su esposa, el abogado Guiomar Feitosa Mendes;

- Chiquinho Feitosa, hermano de Guiomar, que, como Barata, también opera servicios de transporte intermunicipal e interestatal, está asociado con Barata en una empresa de gestión de tarjetas de crédito para vales de transporte en Fortaleza;

La esposa de Gilmar forma parte del despacho de abogados que defiende los intereses de las empresas de Barata;

- La CNT, cuando Barata era vicepresidente, patrocinó un acto promovido por el Instituto de Derecho Público, del que Gilmar es fundador y socio.

A pesar de estas razones tan contundentes, Gilmar no se consideró parcial: juzgó y concedió el habeas corpus a Barata, aun cuando el Código de Ética, la Ley del Poder Judicial y el Código de Procedimiento Civil establecen explícitamente que se le impediría hacerlo.

En países civilizados y naciones donde prevalece el estado de derecho, tal desviación sería causa suficiente no sólo para la recusación de cualquier juez y su consecuente destitución del caso específico, sino que también justificaría la destitución de un juez de cualquier Corte Suprema.

Pero aún más grave que la falta de sospecha fue la concesión del hábeas corpus a acusados ​​contra quienes hay pruebas irrefutables de delitos graves y de desacato al tribunal.

Además de Barata, detenido en el aeropuerto de Río de Janeiro cuando abordaba un avión para huir del país, Gilmar también liberó a Rogério Onofre, expresidente del Departamento de Transporte por Carretera de Río de Janeiro, quien fue grabado profiriendo amenazas de muerte contra otros miembros de la mafia para recibir su botín.

Gilmar Mendes se burla del país. Ya ha hecho todo lo posible para justificar su destitución del cargo, para el que nunca tuvo las cualificaciones necesarias, pues carece de la "imparcialidad, cortesía, diligencia, integridad, dignidad, honor, prudencia y decoro" que se exige a un juez [Código de Ética del Poder Judicial].

A lo largo de su carrera como militante del PSDB en la Corte Suprema –y especialmente en el último período, actuando como arquitecto del golpe y asesor político del bloque golpista y del usurpador Michel Temer– Gilmar violó prácticamente todas las reglas y leyes que un magistrado debe obedecer.

Durante el golpe de Estado de 2016, el expresidente Lula advirtió con razón que el Tribunal Supremo se había acobardado ante las acciones arbitrarias de los fiscales, la policía federal y los jueces de la Operación Lava Jato. Si los diez jueces que conforman el Tribunal Supremo no actúan para sancionar a su colega Gilmar Mendes, confirmarán una vez más la declaración de Lula.

Al igual que el Supremo Tribunal Federal (STF), el Senado no tiene alternativa: o ejecuta el inciso II del artículo 52 de la Constitución Federal, que le da la facultad de procesar y juzgar a Gilmar Mendes por el delito de prevaricación, o mostrará su cobardía delante de una de las figuras más nefastas y repugnantes del Brasil contemporáneo.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.