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Alex Saratt

Alex Saratt, profesor de Historia en las escuelas públicas municipales y estatales de Taquara/RS y dirigente sindical del Cpers/Sindicato.

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¿Qué hay de nuevo en la escuela secundaria?

Estrictamente hablando, ¡nada! O mejor dicho, algo nuevo que ya es viejo cuando nace, dado su contenido retrógrado en términos educativos, pedagógicos, sociales y democráticos.

¿Qué hay de nuevo en la escuela secundaria? (Foto: Reuters)

Estrictamente hablando, ¡nada! O mejor dicho, algo nuevo que ya es viejo cuando nace, dado su contenido retrógrado en términos educativos, pedagógicos, sociales y democráticos.

Desde la Reforma de la Educación Secundaria, que tuvo lugar bajo la atmósfera política del Golpe de Estado y la agenda regresiva del “Puente hacia el Futuro”, se anunció un modelo precario y excluyente que empobreció el currículo, negó el derecho a una educación universalista, humanista y cívica, guiado por la lógica empresarial y privatizadora y con un impacto directo y profundo en el mundo del trabajo educativo, ya sea en la introducción de conocimientos notorios, en la adquisición de plataformas educativas prefabricadas o en el despido estructural del personal docente.

Su aplicación concreta, tras algunos experimentos, puso de manifiesto la urgencia de afrontar esta anomalía y excrecencia con capacidad de replicación, tanto en términos conceptuales y teóricos como en la movilización y lucha unificada de los distintos sectores que conforman el movimiento educativo. Esta novedad, repito, arrastra a la educación a un retroceso histórico y social, solo posible en estos tiempos oscuros de convergencia entre neoliberalismo y fascismo.

En resumen, es necesario aunar esfuerzos y abordar cada elemento que representa un retroceso, uno por uno. Además, también es necesario presentar una contraargumentación constructiva, capaz de incomodar a los adversarios y convencer a la sociedad del carácter perjudicial de la política actual.

Los temas tratados deben analizarse mediante un debate sobre los proyectos nacionales y sociales, el papel de las escuelas públicas en la formación no solo para el trabajo sino también para la ciudadanía, el desarrollo profesional de los educadores, la financiación de la educación, la introducción positiva y cualificada de las tecnologías, y las garantías e incentivos para que los jóvenes se dediquen a la docencia y para que los profesores de mayor edad permanezcan en ella.

Al postular correctamente un formato progresivo, vinculado a las demandas sociales y no solo a las del mercado, con una orientación emancipadora, crítica y consciente, el movimiento educativo, sus organizaciones y activistas podrán afrontar la resistencia y la lucha por la Democracia, los Derechos y el Desarrollo en el ámbito particular y articulado de la Educación.

Para una escuela con vocación cívica, para su integridad como entidad pública, para la preservación de empleos, contra la mercantilización gerencial e ideológica, es hora de poner fin a la educación secundaria, aparentemente nueva pero esencialmente antigua.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.